Según el informe The state of food security and nutrition in the world (SOFI) de 2025, 673 millones de personas sufren el hambre en el mundo. Casi 300 millones podrían ser menores de edad.

Hoy en día sabemos a ciencia cierta que se puede erradicar el hambre en el mundo. No es un deseo inalcanzable: los medios y recursos para alimentar a toda la humanidad existen. Entonces, ¿cuál es el problema? No es la escasez, sino la desigualdad en el acceso.

En este artículo explicamos por qué sigue existiendo el hambre y qué podemos hacer para erradicarla.



¿Por qué sigue existiendo el hambre en el mundo?


El hambre no es fruto de la casualidad. Sus causas principales son:




  • Desigualdad estructural: el sistema alimentario global está diseñado para el mercado, no para alimentar a las personas.

  • Conflictos armados: son el principal obstáculo para la seguridad alimentaria, según el Global Hunger Index 2025. Y es que, los desplazamientos de personas a causa de los conflictos producen el abandono de la producción agrícola, la confiscación de tierras, la destrucción de los almacenes o la contaminación de los pozos. Además, se bloquean las redes de comunicación y se utiliza el hambre como arma de guerra.

  • Cambio climático: destruye cosechas, agrava sequías y reduce la capacidad productiva de las comunidades rurales. el cambio climático expulsa cada año de sus hogares a millones de personas que no tienen acceso a tierras fértiles ni tampoco al mercado. Además, grandes cantidades de tierras se destinan a monocultivos de biocombustibles o madera, y no a producir alimentos.

  • Pobreza extrema: el 80% de las personas en riesgo de hambre vive en entornos rurales donde la pobreza es protagonista. Para los más de 800 millones de personas que viven con menos de tres dólares al día, no sufrir hambre es casi imposible: los precios quedan fuera de su alcance y la alimentación deficiente les impide acceder a otros derechos (educación y salud, principalmente).

  • Falta de acceso a tierra y recursos: especialmente en comunidades indígenas y campesinas.


¿Es posible acabar con el hambre en el mundo?


Sí. La respuesta es tan fácil como esa. Pero falta justicia y sistemas equitativos para acabar con el hambre, uno de los objetivos de desarrollo sostenible que, hoy por hoy, no se cumplirá en 2030: el ODS2 (hambre cero). 


Según nuestro informe GHI 2025, si no se ponen en marcha los mecanismos adecuados, tardaremos más de 130 años en dar carpetazo al asunto del hambre en el mundo. Es una cuestión de decisión y voluntad política, que implica también a otros actores: las empresas y los consumidores, entre ellos (y ahí, por supuesto estás tú).


Para acabar con el hambre en el mundo, especialistas en el tema señalan tres palancas esenciales:




  1. Financiación adecuada y flexible, que combine recursos humanitarios, de desarrollo y climáticos.

  2. Voluntad política y rendición de cuentas: los gobiernos deben asumir un rol activo y designar responsables concretos.

  3. Romper el vínculo entre conflicto y hambre aplicando el derecho internacional y protegiendo los sistemas alimentarios.


Soluciones reales para acabar con el hambre en el mundo


La ciencia, la tecnología y los avances sociales de muchas de nuestras sociedades en las últimas décadas nos han permitido empezar a mirar hacia un mundo mejor. En lo que se refiere al hambre, hoy, contamos con conocimientos y estrategias que no hubiésemos imaginado hace unos pocos años. Algunas de ellas son:

Superalimentos para cambiar el mundo


Es necesario aprovechar el potencial nutritivo y económico de las legumbres (que incluyen micronutrientes, vitamina A, yodo, hierro), pero también fomentar el cultivo local y el consumo de alimentos tradicionales entre los consumidores. Todo ello hasta sacar partido al consumo de bayas, semillas, algas y superalimentos como el jengibre, la granada, la moringa, el aguaymanto o la acerola. Parte del trabajo de salud alimentaria de las ONG y las instituciones es integrar aquellos productos que mejor crecen y más aceptación tienen en las poblaciones, así como priorizar su consumo para algunos segmentos de esta: embarazadas, mujeres que amamantan, bebés hasta los tres años…

Enseñar el camino hacia el éxito


A menudo, la tecnología no tiene sentido si no se da una necesaria curva de aprendizaje. Para acabar con el hambre en el mundo hay que crear una cultura de autoabastecimiento y mejorar la eficiencia del sector primario en los países en vías de desarrollo.

Reducir los residuos alimentarios


Más allá de una buena cosecha, las técnicas de almacenamiento y conserva son prioritarias en zonas como el sur de África. La implantación de fruta deshidratada en estos países mediante secadores puede ser la diferencia entre comida para varios años o comida para un mes.

Mejorar la fertilidad del suelo agrícola


Incluso en espacios tan fértiles como en buena parte de África es necesario generalizar el uso de abonos y cultivos de cobertura para poder seguir produciendo alimentos. En la actualidad, se empieza a temer por un descenso notable en la producción.

Empoderamiento de la mujer


Feminismo y lucha contra el hambre van de la mano cuando el problema sucede en sociedades patriarcales. Nuestro apoyo por empoderar a las mujeres en sus comunidades permite que haya más manos para trabajar en agricultura o aumentar la capacidad productiva del país. Un mundo que, en estas comunidades, ha sido vetado tradicionalmente para todas ellas.

Comprar productos de comercio justo


Aportar a estas comunidades es tan sencillo, a veces, como cambiar de marca de café o comprar textiles en espacios que no contribuyen a la explotación laboral. Luchar contra la erradicación de medidas arancelarias para productos de países en desarrollo también es una vía para la solidaridad mientras la pobreza no permita la igualdad de oportunidades entre los distintos países.

Donar a una ONG o hacer un voluntariado


La posibilidad de unir el trabajo propio al de miles de manos para combatir un problema global es, probablemente, una de las mejores formas de invertir nuestro tiempo o la contribución económica que deseemos hacer. En este caso, desde Ayuda en Acción te recomendamos siempre que analices en qué proyecto y cómo se destina tu aportación.

Concentrar nuestros mayores esfuerzos en zonas rurales


Aunque las ciudades son una vía de entrada de ayudas, la realidad es que las personas pobres y en riesgo de hambre viven, en un 80 % de los casos, en entornos rurales. Por eso es tan importante que seguir luchando por los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados por la comunidad internacional para impulsar el desarrollo rural, mitigar la migración y reforzar las inversiones en seguridad alimentaria.

El papel de Ayuda en Acción en la lucha contra el hambre


Por eso, en Ayuda en Acción trabajamos desde hace más de 40 años para acabar con el origen del problema: la desigualdad de oportunidades. Por eso gran parte de nuestro trabajo se centra en dar oportunidades en cada etapa de la vida, desde la infancia hasta la edad adulta. Trabajamos en múltiples contextos:

🌍 Sahel: acompañamos a comunidades rurales y personas desplazadas. Aseguramos la alimentación de infancia y mujeres embarazadas o lactantes con harinas fortificadas, combatiendo la malnutrición aguda y mejorando el acceso a alimentos y a producción sostenible, dando oportunidades especialmente a mujeres.

🌍 Honduras: apoyamos la autonomía de mujeres campesinas que recuperan parcelas abandonadas cultivando vegetales nutritivos con técnicas agroecológicas.

🌍 Mozambique: puede que no lo sepas pero en este país del sur de África hace años que se vive una de las crisis humanitarias más urgentes. El país enfrenta una situación crítica de inseguridad alimentaria agravada por conflictos, desastres naturales (como el ciclón Chido) o el impacto del cambio climático. Allí apoyamos a la población con iniciativas que impulsan la agricultura y permite a la población disponer de alimentos así como acceder a los mercados gracias a diversas acciones de impulso productivo.

Qué puedes hacer tú para contribuir a acabar con el hambre


Todas estas cifras pueden parecer desorbitadas y nos puede dar la sensación de que poco podemos hacer para combatirlas. En efecto, si lo hacemos solos, nada podremos hacer para frenar el hambre en el mundo. Sin embargo, si cada vez más personas cambiamos algunas de nuestras prácticas podremos caminar hacia un futuro en el que nadie pase hambre en el mundo. Te damos ideas:

  • 👉 Informándote: síguenos en nuestras redes y comparte información que creas relevante para contribuir al objetivo de hambre cero.

  • 👉 Consume responsablemente: apoya a productores locales comprando, por ejemplo, productos de comercio justo.

  • 👉 Exige: frente a los conflictos y desplazamientos, exige a los gobiernos que acojan y regulen los flujos de personas desplazadas.

  • 👉 Colabora: en Ayuda en Acción puedes apadrinar o hacerte socio/a y apoyar proyectos de seguridad alimentaria o bien donar a nuestro Fondo de Emergencias para que podamos responder rápido cuando más se necesita.