El hambre en África es uno de los grandes problemas no solo del continente, sino del mundo. Los niveles extremos de pobreza son alarmantes, lo que, unido a la inestabilidad, las consecuencias del cambio climático y otros factores, hacen del continente, especialmente de África Subsahariana, uno de los lugares con mayor tasa de vulnerabilidad del mundo.

Los esfuerzos por contener los graves problemas alimentarios en el continente no son suficientes. El tiempo juega en nuestra contra para alcanzar el reto de hambre cero del ODS 2 de la Agenda 2030. Quédate a leer para conocer cuáles son las causas y las consecuencias del hambre, pero sobre todo, qué puedes hacer para dar una solución.

El hambre en África hoy: una emergencia que no se detiene


Por más que intentamos luchar contra ello, 1 de cada 5 personas continúa pasando hambre en África. En 2024 (según el informe SOFI) se estima que unos 307 millones de personas de África (una de cada cinco) pasa hambre. Según el GHI 2025, el continente concentra los niveles de hambre más elevados del mundo. Los niveles de subalimentación y de mortalidad infantil como consecuencia del hambre son muy preocupantes.

A ello no ayudan los conflictos armados, que supusieron que 140 millones adicionales de personas en todo el continente estuvieran afectadas directamente por el hambre en 20 crisis alimentarias derivadas.

Las expectativas no son halagüeñas: según la FAO, se estima que para 2030 aproximadamente el 60 % de las personas con hambre crónica del mundo estarán en África.

Principales causas del hambre en África


Son muchos los factores que causan las crisis alimentarias y provocan el hambre en África. Además, todos ellos interactúan entre sí y se retroalimentan agravando una situación ya de por sí dramática en el continente. A continuación exponemos algunas de las más relevantes:

La pobreza y la desigualdad


La mayoría de las personas que sufren hambre viven en situación de pobreza o pobreza extrema con ingresos de menos de tres dólares al día, lo que les limita el acceso a una alimentación adecuada.

El cambio climático


Los fenómenos meteorológicos extremos están poniendo en peligro la producción de alimentos y la seguridad alimentaria de millones de personas que dependen de sus cosechas para sobrevivir.

Los conflictos bélicos


Las guerras provocan que millones de personas se vean obligadas a desplazarse y migrar. Durante los conflictos se abandonan los campos y se pierden las tierras de cultivo.

El bajo rendimiento de la agricultura y la especulación de los mercados


La producción agrícola disminuye y esto provoca un aumento de precios en los mercados, lo que complica su acceso a las familias con escasos recursos.

Consecuencias del hambre en África


Cuando hablamos de hambre en África no lo hacemos simplemente pensando en la falta de alimentos. El hambre implica también consecuencias para otros aspectos de la vida que resumimos a continuación, y que impiden que exista un verdadero desarrollo integral para las personas y las comunidades en las que viven.

Impacto en la salud física


La FAO estima que aproximadamente el 30% de menores de cinco años en África presentan algún tipo de retraso en el crecimiento. Y es que el hambre, cuando se convierte en un problema crónico, puede provocar desnutrición, anemia y retraso en el crecimiento. A todo ello se le suma que la falta de una dieta adecuada con los nutrientes necesarios para un desarrollo adecuado, hace que los sistemas inmunológicos se resientan y que, por lo tanto, sean más y mayores los efectos de enfermedades infecciosas potencialmente mortales para los niños, como la diarrea o la neumonía, entre otras.

Efectos sobre el desarrollo cognitivo y educativo


No tener una alimentación suficiente, además de a lo físico, también afecta a lo intelectual. La desnutrición en la primera infancia afecta a la capacidad de concentrarse, así como a la memoria y consecuentemente, al rendimiento escolar. Cuando existe hambre, muchos niños y niñas ni siquiera pueden permitirse caminar durante una hora para ir a la escuela, lo que genera que finalmente acaben abandonando uno de sus derechos más preciados: el derecho a la educación.

Consecuencias socioeconómicas


Cuando el hambre se da en poblaciones adultas, también tiene consecuencias como el bajo rendimiento laboral y, por ende, una menor productividad. La desnutrición en las personas adultas provoca economías más frágiles e inestables, aumentando de este modo la inseguridad alimentaria. Se calcula que dicha inseguridad puede reducir hasta un 5% del PIB nacional de los países más afectados por el hambre.

La salud mental


El hambre también tiene graves consecuencias más allá de lo físico. Cuando se da de forma prolongada, es frecuente encontrar casos de estrés, ansiedad y depresión. El hecho de vivir en una situación de inseguridad alimentaria enfrenta al ser humano a una incertidumbre permanente, un estad de alerta que afecta a la estabilidad emocional en cualquier persona (más, si cabe, en quienes aún no tienen herramientas suficientes para hacerle frente, como el caso de la infancia).

El desarrollo integral de personas y comunidades


Cuando una de las piezas de una cadena falla, el funcionamiento de la máquina no va como tiene que ir. Cuando existe hambre, se frena la capacidad de emprendimiento de las personas, así como de liderazgo e incluso de relacionamiento y participación social. Por ello, podríamos decir que aquellas comunidades o regiones que sufren de hambre crónica, están condenadas a sociedades menos desarrolladas.

Como trabaja Ayuda en Acción para combatir el hambre en África


Ayuda en Acción trabaja en África desde 1983. Desde entonces, empezando por Kenia, ha ampliado su trabajo a través de diferentes proyectos. Actualmente trabajamos en cinco países de África: Mali, Níger, Etiopía, Uganda y Mozambique. Erradicar el hambre está dentro de nuestros objetivos: queremos contribuir al cumplimiento del ODS 2 en África, y por eso llevamos a cabo diferentes acciones:

Trabajamos la resiliencia


Fomentamos sistemas agrícolas adaptados al cambio climático y desarrollamos proyectos de innovación e investigación para mejorar la seguridad alimentaria y prevenir la desnutrición.

Agua limpia y segura


Proporcionamos acceso a fuentes de agua segura y mejoramos las condiciones sanitarias en centros educativos. En Mozambique, a través del proyecto Codieduca, financiado por AEXCID, hemos mejorado las infraestructuras de colegios en Mahelane y Naamacha, en la provincia de Maputo, permitiendo que los niños y niñas en sus centros educativos tengan acceso a agua para beber, lavarse y asearse con dignidad.

Apoyo a familias agricultoras


La agricultura es el principal sustento económico para la mayoría de las familias con las que trabajamos en África. Las apoyamos con semillas y granos resistentes al cambio climático, permitiendo así asegurar sus cosechas, al tiempo que pueden contar con excedentes tanto para su uso familiar como para venta en mercados locales.

A través del apadrinamiento, no solo apoyas a los niños y niñas que son parte del grupo apadrinado, sino también a sus familias. Apadrina sabiendo que cambiarás su futuro acabando con el hambre.

Juventud y mujeres


Promovemos proyectos de empleo juvenil y para mujeres y fomentamos el trabajo que se realiza a través de cooperativas, fundamentalmente de microcrédito, que permite generar redes que benefician a las comunidades y mejoran las economías locales.

Respuesta ante emergencias


Sabemos que en situaciones de emergencia el hambre se resiente. Por eso diseñamos sistemas de prevención y respuesta ante posibles emergencias y crisis alimentarias derivadas de fenómenos meteorológicos extremos. Si quieres colaborar adelantándote a cualquier situación extrema que pueda suceder, puedes hacerlo apoyando nuestro Fondo de Emergencias.