Chaparrí: una historia de desarrollo sostenible

El cerro Chaparrí o Apus, como fueron llamados los cerros en la antigüedad, siempre fueron considerados dioses o seres mágicos que podían castigar a todo aquel que poblara o se aproximara a sus faldas. Esta montaña fue considerada sagrada por la cultura Mochica y lo sigue siendo para los chamanes de todo Perú, pues en él se encuentra sepultado el cadáver de Chaparioc, un antiguo cacique, cuyo nombre significa “de corazón noble”.

Miles de años mediante, la zona se ha convertido en un ejemplo de protección de la flora y la fauna con una reserva natural que toma el nombre del cerro que sigue dominando y vigilando el paisaje. La Comunidad Campesina Muchik Santa Catalina cedió gran parte de las 42.000  hectáreas que le pertenecen para la creación, conservación y disfrute de este espacio de sana convivencia con la naturaleza, enclavado en medio del bosque seco lambayecano (los bosques secos estacionales del Pacífico Ecuatorial han sido considerados una de las tres prioridades mundiales de conservación junto con las Filipinas y los bosques atlánticos del Brasil) y con el que Ayuda en Acción colabora desde 2009.

El famoso oso de anteojos de Chaparrí.

La Reserva Ecológica Chaparrí acoge ecoturistas de todos los lugares del planeta en horario de día, y que también pueden pasar la noche en el Chaparrí EcoLodge, que cuenta con 12 habitaciones. Allí pueden compartir sueño bajo las estrellas con alguno de los 30 osos de anteojos que pueblan la reserva junto con 250 especies de aves, 22 de reptiles, 4 de anfibios y 23 de mamíferos.

La reserva natural emplea a 30 comuneros de Santa Catalina, entre guardaparques, cocineros, personal de limpieza y guías. O las madres artesanas, que al ver que los turistas que acudían reclamaban recuerdos que llevarse a sus casas se pusieron a confeccionar llaveros, bolsos, cojines, osos de peluche y otros regalos. Trabajadoras como Berta recibieron formación de Ayuda en Acción y su socio local Cipdes en 2009, que desde ese año se sumaron al proyecto de la reserva con el objetivo de potenciar las capacidades de los comuneros.

Madres bordadoras de Chaparrí tejiendo los recuerdo de la Reserva.

El cambio para muchas de las madres artesanas fue radical, muchas eran víctimas de maltrato y como dice su presidenta Berta Rúfalo y recoge el diario La República de Perú: “Antes estábamos todas tristes, con problemas. Ahora estamos más alegres, conversamos y nos ayudamos entre  nosotras”.