Rosa Panta: “Anteriormente nuestros derechos no eran respetados”

La cooperativa de mujeres emprendedoras que preside desde 2010 en la provincia de Santa Elena, Ecuador ha facilitado el emprendimiento de una red de más de 200 mujeres a las que ha ofrecido un mundo más allá del cuidado de la casa y la familia: “Anteriormente nuestros derechos no eran respetados, estábamos dedicadas exclusivamente a las tareas del hogar”. Ahora colaboran en los ingresos económicos de sus hogares y tiene bien marcados sus deseos para el futuro: “nuestra visión es ser una futuras empresarias, tener nuestra propia empresa y dar trabajo a las compañeras que vienen por detrás”.

Rosa es la propietaria de la hospedería Karina cuyo  lema tiene bien claro: “Alojamiento con calidad y calidez comunera”. Comenzó con su marido a pequeña escala y su oferta de servicios ha ido creciendo debido a los numerosos turistas extranjeros que visitan la región, a cuyo centro de acuacultura acuden profesionales de todos los rincones del mundo. Y como no podía ser de otra manera, quedaron prendados de la especialidad de Rosa, su ceviche de pinchagua (sardina), un producto económico muy conocido en la provincia de Marabí, de donde provenía ella, que apenas era trabajado en la zona peninsular del país y que disparó la promoción de los servicios de Rosa y del resto de mujeres comuneras.

Porque la visión emprendedora de Rosa la llevó a ver cómo la gran cantidad de este pescado en la provincia apenas era comercializado durante la temporada de invierno y que ahora está a disposición de los turistas que acuden a sus playas durante los 365 días del año: “Iniciamos con el ceviche pero se ha ampliado a toda la comunidad, a la provincia y al resto de provincias con el resto de compañeras de la cooperativa”.

Rosa trabaja mano a mano con Ayuda en Acción en el fortalecimiento y la capacitación de mujeres rurales desde el momento que empieza a participar en los talleres que se realizaban con el CPR (Centro de Promoción Rural) y que la ayudaron en la promoción y comercialización de su incipiente emprendimiento. Es ahí donde  empieza a integrarse en un grupo de mujeres trabajadoras  que ahora abarcan 12 especialidades y que ahora preside.

El emprendimiento de Rosa hace que se sienta orgullosa de las oportunidades que ha podido brindar a su hija Karina, como la hospedería: “Mi hija es una doctora. Es lo más lindo que puedo decir”. Porque en la región es frecuente que las niñas abandonen sus estudios para contraer matrimonio y “procrear más pobreza”. Para eso quiere que su hija estudie una especialidad, para que como ella se sienta “orgullosa de alcanzar metas y ser más útil a la sociedad como mujeres, madres y responsables de un hogar”.