Vivir bajo la amenaza de desastres naturales

Rodrigo Piedra rodeado por sus cultivos de maíz arrasados por la tormenta tropical Agatha en 2010. Ocós, Guatemala. (Ana Lucía Mijangos/ActionAid)

Sololá es uno de los departamentos con más riqueza natural de Guatemala y al mismo tiempo uno de los cuatro más pobres del país. Sus habitantes son principalmente indígenas organizados en pequeñas comunidades que salpican un paisaje muy montañoso. Con ellos trabaja desde 1992 Vivamos Mejor, una organización guatemalteca que centra su trabajo en las áreas rurales donde las condiciones son peores. “Son zonas donde hay poca presencia del Gobierno y casi nada de la Cooperación”, asegura Eduardo Secaira, miembro de la entidad que estos días está de visita en España.

La región se ha visto en los últimos años castigada por fenómenos meteorológicos extremos. “En 1998, tuvimos el huracán Mitch. En 2005, fue la tormenta tropical Stan, Agatha en 2010 y Alex en 2011. Ha habido un incremento en la intensidad de estas tormentas que luego derivan en periodos de sequía bastante largos. Las lluvias provocan deslizamientos y movimientos de laderas que ocasionan pérdidas de cultivos e incomunicación de las comunidades, cuyos caminos quedan intransitables; los pobladores no tienen acceso a los alimentos durante días y no pueden vender los productos que cultivan. Aparte de efectos mayores, como las pérdidas humanas que se producen cuando las casas quedan soterradas”.

Mujeres de Sololá

El crecimiento de la población y la escasez de tierras obligan a las comunidades rurales a talar los bosques y a cultivar suelos cada vez más frágiles, lo que disminuye aún más la productividad de la tierra y la capacidad de recuperarse ante los desastres naturales. “Son regiones agrícolas con un manejo de los suelos no apropiados. Hay zonas donde la deforestación ha ido avanzando mucho, porque lo necesitan para los cultivos, pero hacerlo sin prácticas adecuadas genera erosión en los suelos, por lo que se pierde la capa fértil. Eso se vuelve susceptible también a los deslizamientos”.

El escenario es especialmente complicado para las mujeres. “No todas las comunidades tienen sistemas de suministro de agua y muchas de las que tenían lo han perdido por este tipo de desastres. Eso les afecta mucho, ya que son ellas las que se ven obligadas a ir al río y caminar minutos, e incluso horas, para luego volver cargadas a casa”, apunta Eduardo. La organización trabaja especialmente la mejora de sus condiciones de vida, no solo desde la perspectiva de sus derechos, realizando talleres de autoestima, nutrición, salud o salud reproductiva, también a través de un diagnóstico del hogar. “Les apoyamos a través de pequeños proyectos. Por ejemplo, hay algunas que cocinan con un fogón abierto, se tragan el humo y sufren conjuntivitis. Se les apoya con estufas mejoradas, que consumen la mitad de leña y saca el humo fuera de sus casas. También ponemos en marcha programas para facilitar la cosecha del agua de lluvia, para crear huertos urbanos, realizamos capacitaciones, etc.”.

Sololá

Nuestro objetivo

El proyecto que comenzamos con Vivamos Mejor apuesta por la protección y el mejoramiento de la gestión de los recursos naturales. También promueve medidas de recuperación ante los desastres naturales, cuya intensidad ha aumentado con el cambio climático. Tiene dos fases. Por un lado, la formación y elaboración de planes de emergencia, junto a las comunidades y autoridades locales, para que la población esté preparada cuando sucedan este tipo de eventos. Y por otro, actuar desde el punto de vista de los riesgos. “Se trata de actuar, en la medida de lo posible, para evitar los desastres. Ahí entran temas como la reforestación de los árboles, el trabajo en la conservación de los suelos para no aumentar la erosión, la implementación de sistemas agroforestales, el mejoramiento de la vida de las mujeres, el buen el manejo de los bosques y el monitoreo ambiental”. En definitiva, poner herramientas en manos de las comunidades que le permitan salir adelante y afrontar lo más preparadas posibles los fenómenos meteorológicos que condicionan su día a día.