Acuerdo de paz en Colombia I: Una nueva vida en El Salado

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19-9-2017

Autor : Inma D. Alonso, equipo de Comunicación y Contenidos

Hay pocas personas que conozcan mejor la historia de El Salado que Luis Alfredo Torres. ‘Don Lucho’, como lo llaman sus vecinos, recorre las calles de su pueblo como quien pasa el dedo sobre un rosario de cicatrices. En la plaza pública, en cada calle empolvada y tras la puerta de cada casa. No hay prácticamente lugar en El Salado donde no se haya sufrido la violencia, nadie que no haya sido víctima del desplazamiento o de cualquier otra crueldad causada por un conflicto que ha golpeado Colombia durante demasiado tiempo.

En febrero del año 2000, El Salado vivió una de las masacres más crueles registradas en los más de 50 años de conflicto armado colombiano. A lo largo de tres días, las fuerzas paramilitares –con el apoyo del Ejército colombiano– asediaron el pueblo. Asesinaron a 66 personas y cometieron todo tipo de torturas y violencia sexual. Todos los habitantes, 7.000 personas, huyeron.

“Todo esto se convirtió por dos años en un pueblo fantasma”, recuerda ‘Don Lucho’. Pero pasó el tiempo y dos años después de la masacre, los salaeros regresaron a sus casas decididos a reconstruir El Salado y sus veredas. Ayuda en Acción trabaja en El Salado desde 2013 en colaboración con Fundación Semana, nuestro socio local. Fortalecemos así el proceso de paz en Colombia y mejoramos las condiciones de vida de la población retornada, poniendo especial atención en la infancia, los jóvenes y las mujeres.

Jóvenes como Leiner, María José, Carlos o Lorei, que forman parte de nuestro equipo en El Salado. Ellos transmiten valores de paz y convivencia a los más pequeños de las veredas a través de la música, la danza, el deporte o las nuevas tecnologías. “Lo más importante no es poner al adolescente a jugar al fútbol, es cómo le ayudas a transformarse a través del fútbol o la cultura para que sea una persona de bien”, apunta Leiner Ramos, coordinador de Fútbol con Valores.

Y mujeres valientes como Yirley Velasco, que no dudó en alzar la voz para denunciar la violencia sexual de la que fue víctima durante la masacre –según medicina legal fue violada por cuatro paramilitares– y para reivindicar los derechos de las mujeres en un contexto tan machista como el de la Colombia rural. Fundó una asociación, Mujer y Vida, –a la que apoyamos desde Ayuda en Acción– y de la que también forman parte otras mujeres que, como ella, luchan por “cumplir sus sueños” en un nuevo contexto.

Todos ellos son un ejemplo de que la paz en Colombia es posible si se trabaja día a día para construirla, desde el perdón y reconciliación.