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El hambre en el mundo actual y sus causas

05-09-2019 Lectura 5 Minutos
Alberto Casado
Equipo directivo

Al escribir sobre el hambre en el mundo me viene a la cabeza el famoso microrrelato del escritor centroamericano Augusto Monterroso. Seguro que ustedes lo recuerdan, ese que dice: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Esto le pasa exactamente a casi 800 millones de personas con el hambre en el mundo, que todos los días se acuestan con él y, cuando despiertan, el hambre sigue allí, a su lado. Entre estos 800 millones de personas, hay 300 que son menores de edad.

No creo que haya ninguna persona que esté a favor del hambre en el mundo. Si preguntásemos uno a uno a todos los habitantes del planeta sobre cuáles son las cosas que eliminarían de la faz de la tierra, el hambre en el mundo sería, sin lugar a dudas, una de ellas. Sin embargo, disponiendo de la capacidad tecnológica para producir y distribuir el doble de la comida necesaria para alimentar a toda la población mundial, 1 de cada 8 personas siguen padeciendo hambre y enfermedades relacionadas con la mala o escasa alimentación.

¿Cuáles son las razones del hambre en el mundo?

No es fácil enumerar todas las causas del hambre en el mundo porque, además, todas ellas están conectadas y se retroalimentan unas a otras. En este post señalaremos algunas de las razones que más afectan a las personas con las que trabajamos en Ayuda en Acción.

  • Pobreza y exclusión. No es difícil entender que para los casi 1.000 millones de personas que viven (o mejor dicho, intentan sobrevivir) con menos de 1,25 dólares al día, el hecho de conseguir alimentos suficientes para alimentarse sea muy complicado. No tienen acceso a los alimentos porque les es imposible adquirirlos en unos mercados agrícolas. Estos, cada vez están más diseñados para la exportación de alimentos que para el consumo local (y a precios locales). La deficiente alimentación en estos colectivos se convierte en una carga que, poco a poco, les va lastrando a la hora de acceder a otros derechos. Con una mala alimentación la salud es peor: se rinde menos en la escuela, se trabaja menos, las embarazadas tienen mayores riesgos… La infancia y las personas con mayor edad son quienes sufren las peores consecuencias.
  • El cambio climático. Cada vez un mayor número de personas deben desplazarse de sus lugares de origen porque la tierra en donde siempre han vivido se ha convertido en estéril. La escasez de agua es cada vez más acuciante y la desertificación avanza expulsando a las poblaciones. Naciones Unidas señala que hay ya alrededor de 250 millones de personas afectadas por este fenómeno y habla ya de la existencia de refugiados climáticos. La escasez de tierra fértil también hace que exista mucha mayor competencia por ella, siendo las grandes empresas agroalimentarias las que tienen mayores opciones de acaparar la tierra y producir alimentos orientados al mercado internacional. Por otro lado, existen grandes extensiones de tierra dedicadas a monocultivos que no van a parar al mercado de los alimentos, sino al de los combustibles o al de la madera. El uso inadecuado de la tierra, la sobreexplotación, la deforestación, el pastoreo intensivo y el desperdicio del agua son malas prácticas que afectan directamente al clima y que inciden directamente en el hambre en el mundo.
  • Los conflictos y los desplazamientos. Las guerras y los conflictos armados producen enormes desplazamientos de población. A diario vemos y oímos en las noticias que miles de personas huyen de estas situaciones: viven su particular #OperaciónSalida. Las ONG y las agencias internacionales de desarrollo trabajamos para asegurar la alimentación de estos colectivos. En las guerras se produce el abandono de la producción agrícola, la confiscación de tierras, la destrucción de los almacenes, la contaminación de los pozos, se bloquean las redes de comunicación y se utiliza el hambre como arma de guerra.

¡Emergencia! Hay 70 millones de personas desplazadas de forma forzosa en el mundo a causa de sequías, desastres, hambre...

      Agricultura y desperdicio, claves para acabar con el hambre en el mundo

      Continuando con las causas del hambre en el mundo, hablamos de la agricultura y del desperdicio alimentario, una de las mayores preocupaciones en la actualidad en los países más desarrollados.

      • El olvido de la agricultura. La mayoría de las personas que padecen hambre en el mundo son, paradójicamente, pequeños agricultores, ganaderos, pescadores… personas que viven de la explotación de los recursos naturales para su subsistencia. Sin embargo, la escasa inversión que hacen los gobiernos para apoyar a este tipo de agricultura local que debe de pensar primero en producir alimentos para el consumo local y, después, orientarse a la comercialización en los mercados nacionales e internacionales. Es una de las causas de la escasez de alimentos en las zonas rurales. Los mercados internacionales de alimentos dirigen toda la producción mundial, y sucede, en demasiadas ocasiones, que los propios consumidores locales no pueden adquirir los alimentos que se producen en su región porque son exportados y, por tanto, sus precios son inasumibles por los colectivos más vulnerables. La falta de infraestructuras y la dificultad de adquirir semillas, aperos de labranza, tierras o agua son el resto de factores de esta ecuación que hace que el olvido de la agricultura local sea otra de las razones del hambre en el mundo.
      • La especulación con los alimentos. Las materias primas y los alimentos son también activos financieros internacionales. La crisis financiera de los últimos años desvió gran parte de los flujos de capital al mercado internacional de los alimentos. El entender los alimentos básicos y el grano como un bien sobre el que poder especular hace que se produzcan, en un mercado muy poco regulado por los gobiernos. Las compras sobre cosechas futuras no tienen por objeto asegurar el precio del producto de los agricultores ante las malas cosechas, sino el de acaparar activos para especular sobre ellos. Esto acaba afectando a la inestabilidad del precio de los alimentos, cuyos principales afectados son las poblaciones vulnerables.
      • Desperdicio de los alimentos. Un tercio de los alimentos que se producen acaban en el cubo de la basura. Es otra de las paradojas del hambre en el mundo y de la mala distribución del mercado de los alimentos. Este desperdicio de comida produce 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, una huella de carbono solo un poco menor que la que producen países como Estados Unidos o China.

      hambre en el mundo

      Soluciones para frenar el hambre en el mundo

      Todas estas cifras nos pueden parecer desorbitadas, puede parecernos que poco podemos hacer para combatirlas. En efecto, si lo hacemos solos, nada podremos hacer, pero si cada vez más personas cambiamos algunas de nuestras prácticas, podremos ir caminando hacia un futuro en el que nadie pase hambre en el mundo.

      Muchas veces decimos en este blog que todas las personas tenemos un rol y que, frente a los problemas globales, todos y todas podemos aportar nuestra parte de la solución. Ahí van algunas medidas frente a los problemas anteriormente mencionados:

      • Frente a la pobreza y la exclusión podemos informarnos y adquirir conciencia. Una opción es difundir en nuestras redes sociales las campañas de las muchas ONG que trabajamos contra la pobreza y la exclusión. Podemos colaborar con ellas y podemos exigir a nuestros representantes políticos que aporten el 0,7% de nuestro PIB a la lucha contra la pobreza en el mundo.
      • Frente al olvido de la agricultura local y la especulación de los alimentos podemos actuar como consumidores responsables. ¿Cómo? Apoyando los productos locales o el comercio justo que beneficia a los agricultores locales que producen con unos estándares de justicia en toda la cadena alimentaria.
      • Frente a los conflictos y los desplazamientos podemos exigir que nuestros gobiernos acojan y regulen el flujo de personas desplazadas. Europa acoge a una pequeña parte de los refugiados y desplazados del mundo y las personas migrantes no hacen otra cosa que trabajar contribuyendo al crecimiento de nuestras sociedades.
      • Frente al desperdicio de los alimentos la Navidad es quizá la mejor época para comenzar a practicar la máxima “compra solo lo que te vayas a comer”. Fomentemos esta práctica entre nuestros familiares y conocidos. Preguntemos a nuestros mayores qué hacían para aprovechar la comida, pensemos en la energía que tiramos a la basura.

      Intentar hacer cosas pequeñas ante problemas enormes es la única forma que tenemos de decir y decirnos que estamos haciendo algo para que, cuando despertemos, algún día, el dinosaurio (o el hambre) ya no siga allí.

      Infancia

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