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La Declaración Universal de los Derechos Humanos: antes y ahora

26-03-2018 Lectura 4 Minutos

No cabe duda de que la Declaración Universal de los Derechos Humanos es uno de los hitos fundamentales de nuestra historia. No en vano, hablamos de un documento sin precedentes, en el que se establecieron los derechos naturales de la dignidad humana, esos de los que toda mujer y todo hombre han de poder gozar, independientemente del lugar del mundo en el que vivan o hayan nacido.

Esta declaración, proclamada en París por la Asamblea General de la ONU el día 10 de diciembre de 1948, consta de 30 artículos y cuenta con traducciones para más de quinientos idiomas.

Dicha declaración ha pretendido ser el faro que guiase los pasos de la Humanidad desde aquel entonces. Sin embargo, casi setenta años después, parece que la luz de ese faro está cada día más lejos de nuestros pasos.

Es imperativo que recuperemos el rumbo hacia aquella Humanidad que se soñó París en 1948. Por tal motivo, queremos recordar su origen: pues “el humano que olvida de dónde vino está condenado a repetir sus errores”.

263 millones de niños y jóvenes en el mundo no pueden ir al colegio.

El origen de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Echando un vistazo amplio hacia la Antigüedad, podemos encontrar su primer precedente en la conquista de Babilonia por parte de Ciro el Grande, en el 539 a. C. En contra de todo pronóstico, Ciro liberó a la totalidad de los esclavos y declaró la libertad religiosa, algo sumamente importante en aquella época.

El Cilindro de Ciro esconsiderado, de hecho, la primera Declaración de Derechos Humanos de la Historia. Posteriormente, llegaron La Carta Magna (1215), que establecía que el rey también estaba sujeto a la ley; y La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), en la que se reconocía la igualdad de todos los ciudadanos franceses ante la ley.

No obstante, si hacemos una búsqueda más estricta de los orígenes de la Declaración Universal de 1948, debemos avanzar en la Historia hasta llegar a la Segunda Guerra Mundial.

La violencia desatada en el periodo que abarca de 1939 a 1945 había dejado incontables ciudades en ruinas por los continentes europeo y asiático. Millones de personas(combatientes y civiles) habían muerto y otros tantos se habían quedado sin hogar o estaban a punto de fallecer a causa del hambre. Por aquel entonces, se aproximaba el final de la contienda: las fuerzas rusas cercaban la capital alemana, que daba sus últimos coletazos tras haber sido bombardeada; por su parte, la infantería de Estados Unidos todavía luchaba contra las fuerzas japonesas en el Pacífico.

Era abril de 1945. Delegados de cincuenta países llegaron a la ciudad de San Francisco con una meta llena de esperanza: crear un organismo internacional que fuese capaz de promover la paz y evitar cualquier atisbo de guerra futura.

Como resultado de aquella reunión, nació el Acta Constitutiva de la nueva Organización de las Naciones Unidas; la cual entraría en vigor, finalmente, el 24 de octubre de ese mismo año.

1948: el año de la Declaración Universal de Derechos Humanos

La guerra había terminado y la nueva Comisión, bajo la presidencia de Eleanor Roosevelt, había sido capaz de atraer la atención de todo el mundo. No en vano, se estaba cociendo el documento que, poco después, se convertiría en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El 10 de octubre de 1948, esta declaración fue adoptada por Naciones Unidas. En ella, los países miembros se comprometieron a proteger y promover con firmeza los 30 artículos que la constituían (los cuales hacían mención a la libertad, igualdad y justicia, en todas sus formas, lo que incluía la no discriminación y los derechos a la seguridad social, a la protección contra el desempleo, a la educación o al descanso, entre muchos otros).

Como consecuencia, muchos de los derechos que aparecieron por primera vez en aquel documento forman hoy parte de leyes constitucionales de multitud de naciones democráticas.

¡Emergencia! Hay 70 millones de personas desplazadas de forma forzosa en el mundo a causa de sequías, desastres, hambre...

En defensa de los derechos humanos: ¿qué podemos hacer hoy?

A día de hoy, la pobreza es una triste realidad para tres cuartas partes de la población mundial. Las guerras siguen desatándose a lo largo de todo el globo y se cobran víctimas a diario. La libre circulación de personas y el derecho al asilo están siendo cuestionados más cada día. Además, la mujer sigue sufriendo un papel subalterno del hombre. No podemos dejar que los 30 artículos de la Declaración Universal se conviertan en papel mojado. En ese sentido, en organizaciones como Ayuda en Acción, estamos llevando a cabo proyectos solidarios para ayudar a más de dos millones de personas, reivindicando los derechos de todas y todos y llevando a cabo proyectos realistas y siempre orientados al largo plazo.

En la actualidad, estamos presentes en 19 países y fundamentamos nuestro trabajo en los siguientes ejes:

La educación: garantizar el acceso y la calidad de la educación primaria y secundaria.

La salud, la cual abarcamos desde la alimentación, pero también desde la higiene. Fomentamos proyectos de salud, saneamiento y suministro de agua potable y prestamos apoyo al bienestar común y familiar.

Desarrollar las economías locales, pues fortalecemos las capacidades locales e incidimos en la formación y capacitación de la población.

Creación de vínculos solidarios, ya que protegemos los derechos de la infancia y promocionamos el fortalecimiento comunitario.

Las labores de emergencia, dado que prestamos ayuda humanitaria en trabajos de reducción y prevención de riesgos de desastres.

Los derechos de las mujeres: empoderamiento y lucha firme contra la violencia de género, mutilación genital y trata de mujeres.

No obstante, nuestra labor sería imposible sin el apoyo constante de nuestros socios y colaboradores. Si tú también quieres ayudarnos a garantizar el cumplimiento de los derechos humanos en aquellos lugares en los que más lo necesitan, recuerda que puedes ser una persona solidaria sin salir de casa. Pero, más allá de las donaciones por Internet, siempre puedes aportar tu granito de arena en tu entorno más inmediato. Una iniciativa que te proponemos es el voluntariado digital, una forma de ayudar a un mundo mejor desde la comodidad de las redes sociales.

¿Te animas a sumarte?

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