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Fábulas para niños que educan en el respeto

16-03-2018 Lectura 4 Minutos
fabulas

Las fábulas son creaciones literarias cortas o breves que se pueden escribir en forma de verso, y que siempre tienen una moraleja. Los personajes suelen ser animales protagonistas de situaciones donde siempre se aprende algo valioso.

Con estas fábulas vamos a aprender el valor del respeto, un valor muy importante para convivir. Es importante enseñarlo a los niños y niñas desde pequeños para que sea parte de sus propios valores. La mejor manera es hacerlo de forma didáctica y divertida a través de las fábulas.

Contando fábulas

1. El burrito albino

Gaspar nació diferente a los demás burritos hermanos suyos. Mientras ellos eran marrones, él era diferente porque era totalmente blanco.

Gaspar era muy alegre, simpático, valiente y muy especial. Pero por no ser del mismo color los demás le miraban con desconfianza. Su madre le explicaba que todos nacemos diferentes y que lo importante está en el corazón.

Los demás animales se burlaban de él y él intentaba cambiar de color tomando el sol. Pero nada.

Un día llegó a un campo de jazmines tan blancos como él y le dijeron que lo conocían y sabían lo bondadoso y alegre que era, pues los animales que pasaron por allí les hablaron de él y de su corazón. Desde entonces Gaspar aprendió la lección y fue amigo de quien miró en su interior.

2. Todos somos diferentes

En una escuela del bosque cada grupo de animales quería que se enseñara una cosa diferente a todos los demás. Los pájaros querían enseñar volar a los gatos; los peces, nadar a las ardillas; las ardillas, trepar a los peces…

El problema fue cuando el conejo tuvo que volar, los peces volar y los pájaros nadar, todos ellos sufrieron accidentes que les dejaron fatal. La escuela tuvo que cerrar porque no aceptaban cómo es cada cual y no se daban cuenta de que un perro nunca podrá maullar.

3. La mula

Había una mula que siempre andaba presumiendo de que su padre era el caballo más veloz de todos y decía a todo el mundo que ella había heredado esa velocidad.

Cuando tuvo que correr una carrera y no fue tan veloz, se acordó de su verdadero padre: un mulo como ella que no era muy veloz, pero fue muy buen padre. La mula se dio cuenta de que debía sentirse orgullosa de su padre y nunca volvió a mentir, porque no sería rápido pero le quería mucho.

Nueva llamada a la acción

4. Los gallos y la perdiz

Érase una vez un granjero que tenía su corral lleno de gallos. El hombre decidió comprar una perdiz y la metió en el corral de los gallos. Los gallos no tardaron nada en meterse con la perdiz.

Le hacían la vida imposible. Ella comenzó a creer que era su culpa porque era diferente. Un día vio cómo los gallos peleaban entre sí para ser el más fuerte del gallinero.

La perdiz pensó que los gallos le decían esas cosas malas a ella igual que peleaban entre ellos: desde ese día no pensó que ella tuviera que ser de otra manera.

5. Los cotillas

Érase una vez dos niños muy cotillas, Sara y Marcos. Cuando descubrían algún secreto de otro niño, se lo contaban a todo el mundo. Y cuando alguien les reprendía ellos decían:

– “Si no tuviera nada que ocultar, no le importaría”. “Nosotros no tenemos nada que ocultar”.

Un día estos dos niños se burlaron de un mago que no sabía mucha magia. Se burlaron de sus trucos  delante de todos y el pobre mago pasó mucha vergüenza. Entonces decidió vengarse. Fue a su colegio y dijo en el altavoz:

– ¡A Sara le gusta Marcos y dice que quiere ser su novia!

Todos se rieron de ellos y ambos se pusieron colorados como un tomate. Sara y Marcos se enfadaron mucho con el mago, pero este les dijo:

– Si no tenéis nada que ocultar no debería importaros…

Entonces, pidieron perdón y prometieron no volver a cotillear nunca más.

6. La jirafa curiosa

Jamina era una jirafa muy alegre, pero demasiado curiosa. Con su largo cuello era capaz de llegar a mirar todo lo que hacían los demás animales. Ellos estaban muy cansados de que Jamina contara todas sus cosas privadas.

Entonces decidieron darle un escarmiento. Cuando el mono llamado Manuato llegó a esa selva, le dijeron que Jamina iría a cotillear a su nueva casa y que querían darle una lección.

Jamina fue a mirar lo que hacía el nuevo vecino, el mono Manuato. Pero Manuato se metía de una habitación a otra y la jirafa no podía verle. Ella era tan curiosa que metió su cuello por todas las habitaciones haciéndose un gran nudo y quedando atrapada. Jamina, avergonzada, se disculpó y los animales le ayudaron a deshacer el gran nudo que tenía formado en su cuello.

7. La liebre y la tortuga

Érase una vez una liebre que se reía de lo lenta que era una tortuga.

La tortuga un día la retó a una carrera. La liebre, muy orgullosa, aceptó y se burló más de ella.

Como era tan rápida durante la carrera se echó una siestecita, pensando que le daría tiempo porque la tortuga era demasiado lenta.

Se quedó dormida y despertó cuando la tortuga cruzaba la línea de meta. ¡La liebre había perdido la carrera!

En este artículo hemos mostrado algunas fábulas que hacen ver a los niños y niñas que respetar a los otros es algo bueno para todos.

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