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Niños migrantes: consecuencias de la migración en la infancia

22-10-2018 Lectura 3 Minutos
Ayuda en Acción
Equipo de comunicación y contenidos

La llegada de inmigrantes se ha convertido en un tema recurrente en tertulias de bar y grandes titulares.  Y con tal bombardeo de información quizás creas que llegan más migrantes que nunca. Pero no es así. Se trata de uno de tantos mitos sobre la inmigración que podemos desmentir con datos. Lo que sí ha aumentado en los últimos años es el número de niños migrantes no acompañados. Un colectivo especialmente vulnerable, en el que la migración puede tener graves consecuencias.

Niños migrantes separados de sus padres

En algunos casos los menores no acompañados han perdido a sus padres debido a la violencia o a las condiciones del viaje. En otros, proceden de familias numerosas muy pobres. Familias que se deshicieron de ellos, o les embarcaron con la esperanza de que consiguieran un futuro mejor para todos.

Los niños migrantes en esta situación son especialmente vulnerables. Traen a sus espaldas historias traumáticas. Y se encuentran solos, rodeados de desconocidos, en un entorno extraño y con un lenguaje que no comprenden. Lo mismo ocurre con aquellos niños inmigrantes que son separados a la fuerza de sus seres queridos en la frontera, como ocurría hasta hace poco en Estados Unidos. Y no debemos subestimar los efectos traumáticos de algo así.

El Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, en su Guía para la Intervención con Inmigrantes y Refugiados, recoge un amplio abanico de posibilidades. Las consecuencias de la migración en la infancia van desde el miedo a quedarse solos hasta el enfado, la hipervigilancia, pesadillas, falta de concentración, sentimiento de culpa, tristeza, rechazo a los desconocidos… y un largo etcétera.

Ante esto, ¿cómo pueden las instituciones y familias de acogida ayudarles? Es fundamental que los niños migrantes se sientan seguros y protegidos. Además, es necesario escuchar y proporcionarles herramientas para que puedan expresar libremente sus emociones. Tener una rutina les ayudará a adaptarse progresivamente a la nueva situación. Y les será también muy útil poder hablar y jugar con otros niños. Pero la protección de la infancia no siempre se garantiza como debería.

Niños migrantes en España

El número de menores migrantes no acompañados que han sido tutelados en España ha aumentado más de un 60 % desde 2015. Así lo señala el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

En concreto, en marzo de 2018 la cifra oficial era de 6456 menores no acompañados. Un número bajo en comparación con países como Alemania. Allí se dio asilo a más de 70 000 niños solos entre 2015 y 2017. Pero la cifra de menores no acompañados en nuestro país es igualmente preocupante, ya que hablamos de un colectivo extremadamente vulnerable.

¿Qué ocurre con esos niños migrantes al llegar aquí?

Los niños y niñas que viajan solos son responsabilidad de la Comunidad Autónoma. Y una de sus primeras medidas es comprobar que son menores mediante distintas pruebas médicas. Un proceso complejo que muchas veces implica errores. Por ejemplo, adolescentes o preadolescentes que, debido a su aspecto físico, son confundidos con adultos.

Los niños migrantes de los que se acredita su minoría de edad son devueltos a su país solo si se consigue confirmar la existencia de familiares que tengan capacidad e intención de hacerse cargo de ellos. Y eso pocas veces ocurre. En la mayoría de los casos pasan a un centro temporal, y después a una familia de acogida o un piso atendido por profesionales. O al menos esa es la teoría.

En la práctica, los recursos no siempre son suficientes. Hay residencias sin las condiciones necesarias para atender a los niños migrantes. O fallos en los protocolos destinados a garantizar su tutela. Y muchos menores no acompañados acaban viviendo en la calle.

¿Qué implica esto? Un mayor riesgo de que niñas y niños migrantes acaben en manos de las mafias o redes de trata. Y un caldo de cultivo para que desarrollen comportamientos de riesgo, o para que empeore su estado emocional, físico y psicológico. Además, los niños migrantes que acaban en la calle no reciben educación ni una alimentación adecuada, lo que frena por completo su desarrollo integral y limita sus posibilidades de futuro.

Tú también puedes ayudar a los niños migrantes

Hacerte familia de acogida o trabajar como psicólogo o pedagogo con menores en riesgo de exclusión es solo una de las vías para ayudar a los niños migrantes. Otra manera de aportar tu granito de arena es tratar de reducir el problema en origen. ¿Cómo? Ayudando a frenar la pobreza extrema y mejorando las condiciones de la infancia a nivel internacional. Organizaciones sin ánimo de lucro como Ayuda en Acción trabajan día a día en países de todo el mundo en favor de los derechos de la infancia. ¡Anímate a colaborar!

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