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Semillas contra la violencia de género

01-03-2019 Lectura 2 Minutos
Begoña Rodríguez Pecino
Comunicación y contenidos

La independencia económica es un arma muy poderosa para plantarle cara a la violencia de género y mujeres como Fausta lo saben muy bien. Hace dos años decidió separarse del padre de sus hijos debido a sus malos tratos y comenzar una nueva vida lejos de la violencia. Para poder mantenerse junto a sus hijos, esta joven boliviana sabía que encontrar un trabajo resultaba fundamental. Aconsejada por su hermana, decidió ampliar sus conocimientos de costura –había trabajado anteriormente en la confección textil- y formarse en tapicería, un arte que, aunque aún no lo sabía, se convertiría en su trampolín definitivo para una vida independiente.

Cuando empecé mis clases de tapicería me sentí feliz de tener un salón grande, máquinas de costura y material para aprender el oficio”, recuerda ilusionada. En 2018 participó en un proyecto de empoderamiento económico impulsado en Sucre por Ayuda en Acción y el Centro Juana Azurduy. Como parte del proyecto, Fausta se animó a participar en el Concurso Capital Semilla, que premiaría a la ganadora con financiación para arrancar su proyecto empresarial.

La propuesta de Fausta combinaba su nueva pasión, la tapicería, con un aliado fundamental para el siglo XXI: la sostenibilidad. “Elaboré y presenté  un plan de negocio para el tapizado de envases de pintura mediante el cual voy reciclándolos para que, en lugar de botarlos, se los utilice como asientos. También presenté el plan de tapizado de muebles del hogar como sillas y sofás”. Su apuesta original y sostenible resultó todo un éxito y se hizo con el premio que, entre otras ayudas, incluía dos máquinas de costura, un taladro, un forra botones, esponjas e hilos.

“¡Me puse tan feliz cuando me avisaron que había ganado el capital semilla!”, nos cuenta. Pertrechada de nuevas herramientas, conocimientos y ganas, muchas ganas, Fausta decidió abrir un pequeño taller de tapizado de sillas el pasado diciembre que poco a poco va creciendo y aspira a convertirse en un gran negocio. Es solo el punto de salida hacia una carrera no exenta de obstáculos, pero Fausta no está dispuesta a rendirse: “tener mi propio emprendimiento para mí es un sueño hecho realidad y poco a poco me va permitiendo tener ingresos y mejorar mi vida y la de mis hijos”, concluye orgullosa.

Desde Ayuda en Acción trabajamos en Bolivia para que cada día más mujeres como Fausta rompan con la violencia y puedan construir su propio proyecto de vida libre y autónomo. De la mano del Centro Juana Azurduy, no solo apoyamos emprendimientos, sino que también prestamos asistencia jurídica y psicológica a mujeres víctimas de violencias. Tampoco olvidamos a los hombres, quienes participan en talleres de “nuevas masculinidades”, ni a la sociedad en general, con la que llevamos a cabo acciones de sensibilización destinadas a acabar con la lacra de la violencia machista.

La pobreza tiene rostro de mujer. ¡Cámbialo!