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Diferencia entre pobreza absoluta y relativa

27-07-2018 Lectura 4 Minutos
Ayuda en Acción
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Si leíste nuestro artículo sobre cómo se mide la pobreza, sabrás que hay muchos tipos distintos de pobreza y que el concepto en sí dependerá siempre del contexto, por lo que el Índice de Pobreza Humana (IPH) también tiene que adaptarse a cada tesitura. En este caso, como apuntó Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998, debemos poner el foco en el desarrollo humano del país y el mínimo de capital, capacidades, posibilidades y derechos básicos que nos permitirán alcanzar la mínima realización personal.

Aun con estas definiciones, no es extraño que los datos comentados en televisión o en la prensa sean crípticos y difíciles de comprender cuando se nos habla de pobreza absoluta y pobreza relativa. Para diferenciarlas, debemos tener presente que son dos formas o conceptos para ayudarnos a medir la pobreza de un país, entre muchos otros métodos existentes, y que, como ya vimos, podrán darnos una aproximación al contexto y una lectura más clara, pero no siempre transmitir el contexto íntegro, pues la pobreza depende también de la educación, las políticas, el empleo o los mínimos necesarios para mantener un nivel de vida adecuado, e incluso en este “adecuado” existirán diferencias sustanciales entre las regiones de un mismo país, las zonas de una gran ciudad y las aspiraciones de un individuo.

La pobreza absoluta: definiendo sin contexto

El modelo de “pobreza absoluta” establece unos recursos mínimos por persona que permitan disfrutar de una vida normal —y aquí se encuentra el primer problema: ¿qué es normal? Alimento, ropa, trabajo… pero estos factores pueden variar en otros contextos, por supuesto—; sin embargo, este indicador no depende del IDH del país o la región donde vive el individuo, así como no se establecen variaciones en el capital para la adquisición de bienes y servicios.

En el sistema de pobreza absoluta, la pobreza se entiende como una causa unidimensional: es decir, se entiende que para vivir en cualquier lugar se deberá contar con 25 € al día (cifra inventada), por ejemplo, que nos permitan un lugar para vivir y un número de comidas suficientes para ingerir las calorías de un adulto.

Sin embargo, aunque la pobreza absoluta puede ser una medida aproximativa útil para la consulta rápida en nuestro propio contexto, se omiten imprescindibles para entender la pobreza, como:
Vivir en Barcelona o en Nueva York difiere sustancialmente en gasto a hacerlo en Lagos, Nigeria, o en Quito, Ecuador. Y vivir en cualquiera de estas ciudades y en diferentes barrios o distritos de estas también.

Las personas no realizamos las mismas actividades, por lo que no tenemos el mismo gasto calórico; y la comida solo es un pequeño ejemplo: ¡el IDH de cualquiera de estos contextos también varía! Un teléfono móvil en Níger, Etiopía o Mali no es un bien de primera necesidad, pero quizá sí lo es en Londres, Kinsasa o Hong Kong.

A grandes rasgos, la pobreza absoluta se ha ido alejando de la forma en la que, hoy día, entendemos la pobreza por su multidimensionalidad y por ser una medida inexacta imposible de trasladar entre contextos cercanos incluso: así, la pobreza absoluta no ofrece cifras reales y evaluables para comprender los recursos indispensables a una vida digna.

¿Imaginas crecer sin oportunidades de futuro? Nosotros no.

La pobreza relativa: dentro del contexto

Por el contrario, la pobreza relativa ha aumentado en las últimas décadas en los países desarrollados. Tiene presente la importancia del contexto para entender las cifras y considera que la pobreza solo puede medirse dentro de un mismo entorno social.

De este modo, este modelo mide la pobreza en función de los ingresos de un país o comunidad, siendo más realista en los recursos mínimos necesarios a ingresar, pero encontrándose con otros contratiempos; por ejemplo: es posible que la población tenga unos ingresos similares, pero que estos no alcancen para llevar una vida digna, e incluso que, en el peor de los casos, un amplio porcentaje de la población sufra malnutrición.

El principal valor de las cifras que muestran la pobreza relativa es que, dejando de lado los recursos mínimos indispensables, nos muestra cómo la inflación, la devaluación de la moneda o el trabajo precario suponen una pobreza progresiva que el método de pobreza absoluta no contempla.

Asimismo, con este método, no podemos extrapolar ni comprender la pobreza de una forma absoluta, sino que siempre obtendremos cifras económicas vinculadas a un contexto, país o región determinados. De este modo, la comparativa con otras regiones resultará imposible, si bien los defensores de esta metodología afirmarán que, en esencia, esa comparación ya es imposible en sí misma.

Más allá de pobreza absoluta y pobreza relativa

En el artículo antes mencionado, puedes leer sobre otros métodos para entender la pobreza, como la Línea de Pobreza, la Metodología de las Necesidades Básicas Insatisfechas o el Método Integrado de Medición de la Pobreza, pero en Ayuda en Acción queremos recuperar el enfoque de Amartya Sen una vez más.

En este caso, comprobamos la importancia de estudiar la pobreza de una forma comparada sobre la base de dos conceptos fundamentales: las capacidades absolutas —por ejemplo, la necesidad de ser respetados en la propia comunidad— y aquellas relativas y contextuales, como los ingresos necesarios para adquirir recursos (bienes o servicios) que nos permitan una vida digna lejos de la pobreza.

¿Y entonces por qué seguimos utilizando términos como pobreza absoluta y pobreza relativa? En realidad, ambos son muy útiles en contextos relativamente homogéneos dentro de sus grandes diferencias (por ejemplo, España), pero pierden gran parte de esa utilidad al tratar de llevarlos a un nivel transaccional o internacional con el fin de entender otras economías, contextos y niveles de pobreza.

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