La vida en una casa de acogida en Kenia

06-02-2020 Lectura 3 Minutos
Blanca Arnaiz
Comunicación y contenidos

Kamune se hizo mayor con 12 años, aunque ha recuperado su infancia gracias a la casa de acogida en la que vive en Kenia. Su madre le abandonó dejándole además a cargo de tres hermanos de 2, 3 y 4 años. Sin alimento ni agua, las posibilidades de sobrevivir en una choza en mitad de la nada en Kenia, se reducen mucho y disminuyen aún más si eres una niña.

Durante apenas unos meses Kamune se mantuvo, ella misma y a sus hermanos, con el poco agua que podía ir a recoger y con algunas raíces y granos que algún vecino le facilitó. Pero un día no pudo más. Sus fuerzas se agotaron, la falta de alimento y el cansancio le hizo frenar de golpe. Se desplomó sobre las ascuas destinadas a calentar su choza de paja y adobe. Le salvaron los llantos de sus hermanos que escucharon unos vecinos que, situados a decenas de metros, acudieron para ver lo que pasaba.

Tras rescatarla e intentar atajar las graves quemaduras que le rodeaban el cuerpo, los vecinos se encargaron de que un médico pudiera atenderla. Su suerte fue que la Fundación Kirira, con la que Ayuda en Acción trabaja en Kenia para erradicar la Mutilación Genital Femenina (MGF), mantiene una estrecha colaboración con el centro de salud de la zona. Así pueden detectar posibles casos de mutilación y de malos tratos o abandono. Kamune y sus tres hermanos fueron llevados al hogar de acogia que la Fundación Kirira gestiona apoyada por Ayuda en Acción.

Una casa de acogida para recuperar la infancia

Stella, una de las dos mujeres que se encargan de cuidar a los niños que llegan hasta el hogar de acogida habla con un inmenso cariño de la historia de Kamune. “Cuando Kamune llegó no sonreía y ni siquiera hablaba. Permanecía pegada a sus hermanos todavía vigilando sus pasos con la misma responsabilidad que lo haría una madre. Pero esa tarea no le correspondía a ella”. Cuenta que al principio sus hermanos todavía la buscaban, pero enseguida se adaptaron a la vida en una gran familia porque este hogar de acogida aloja a más de 50 niños y niñas.

“A Kamune le costó un poco más que a sus hermanos integrarse. Pero en cuanto tuvo sus heridas curadas decidimos que era el momento de que asistiera a la escuela como el resto de las niñas y niños de la casa de acogida porque. Ese es su lugar que le corresponde”, dicen. Además de cubrir sus necesidades más básicas, en la casa de acogida se ocupan del acceso a la educación de los niños y niñas que llegan allí. 

Kamune ha recuperado su infancia en el hogar de acogida en Kenia

A los tres meses de estar en la casa, Kamune comenzó a comunicarse un poco, y con el tiempo se fue olvidando de vigilar constantemente a sus hermanos. Cinco meses después empezó a sonreír: “un día de repente le dio un abrazo a una de las personas de la Fundación Kirira y la sorpresa de todos fue enorme”. Es muy posible que ni Kamune ni sus hermanos haya recibido ninguna muestra de afecto en su vida. Nunca supieron de su padre y su madre apenas estaba presente en el hogar. Sin embargo, la facilidad con la que tanto ella como los pequeños expresan sus muestras de cariño en abrazos y besos emociona a cualquiera.

Las graves quemaduras que sufrió en su accidente le estaban provocando serios problemas de espalda. Pero desde hace unos meses su sonrisa ha cambiado porque el apoyo que el proyecto recibe de los socios de España ha permitido que la operen.

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Educación para combatir la mutilación

La ablación genital tiene su origen ancestral en una serie de factores socioculturales y económicos que justifican que la educación sea el motor de cambio. Ayuda en Acción junto con la Fundación Kirira, son conscientes de que la educación es la herramienta más poderosa para combatir la pobreza. La educación ofrece mejores oportunidades a la infancia. Por eso han centrado su trabajo contra la mutilación en favorecer el acceso a la educación de las menores y en impulsar campañas de sensibilización a través de clubes antiablación. 

Estos clubes están formados por estudiantes y educadores que se encargan de promover un cambio positivo en la mentalidad de los miembros de la comunidad. Explican a las familias las graves consecuencias de la mutilación y la importancia de la educación para las niñas. Se forman en los centros educativos de las zonas de Tharaka, Tangulbei y Abakuri donde las organizaciones trabajan.  Dinamizan las campañas gritando No a la ablación mediante cánticos, obras de teatro y poemas que ellos mismos escriben. Más de 65.000 niñas y niños participan y se benefician del trabajo de ambas organizaciones.

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