Cómo una escuela puede cambiar toda una comunidad en Mozambique

30-01-2019 Lectura 3 Minutos
Noemí García Cabezas
Comunicación y contenidos

Romper con el círculo de la pobreza siempre es difícil, y en países como Mozambique se antoja muchas veces imposible. Pero desde Ayuda en Acción nos negamos a creer que lo sea, y por eso trabajamos incansablemente para que, dentro de unos años, los niños y niñas con los que hoy trabajamos, puedan tener un futuro digno.

La pobreza en Mozambique afecta al 70% de la población. Y esta situación golpea con especial fuerza a la infancia, el sector más vulnerable de la población, porque apenas puede valerse por sí mismo. En un país con un nivel de pobreza tan alarmante, asistir a la escuela es más una casualidad que una realidad: uno de cada cinco niños no asiste a la escuela porque la educación no es obligatoria y tampoco gratuita. Por eso, aunque muchas familias quieran que sus hijos e hijas estudien, no siempre pueden permitírselo y la inestabilidad de sus economías hace que la asistencia, en muchos casos, sea intermitente.

Siempre contamos que cuando alguien apadrina a un grupo de niñas y niños, no solamente les ayuda a ellos, sino que está apoyando a toda su comunidad, y eso es lo que ha pasado en Nacuta, donde muchos de los niños y niñas de la comunidad reciben la ayuda de nuestros padrinos y madrinas, y eso es nota en todo los aspectos de la vida comunitaria. El foco del cambio en esta comunidad se articula alrededor de una de sus escuelas: la Escuela de Tratara. Donde antes había instalaciones inseguras que incluso hacía que muchas familias prefirieran que sus pequeños no fueran a la escuela, ahora hay un colegio con instalaciones dignas y una enseñanza de calidad.

Hace no demasiado tiempo la mayoría de los niños y niñas de Nacuta faltaban regularmente a la escuela porque debían dedicarse a otras tareas. La pobreza en la que viven las familias obligaba a que los niños y niñas se ocupasen de tareas agrícolas o de cuidados en lugar de ir a aprender para tener un futuro mejor. Pero desde que comenzamos nuestra labor junto con la organización local Muleide con el objetivo de fomentar la permanencia en la escuela y reducir el absentismo escolar, la mentalidad en las familias está cambiando. Madres como Mariamo saben ahora, después de las actividades de sensibilización que estamos llevando a cabo, que ir a la escuela no es una pérdida de tiempo: “cuando se estudia y se va a la escuela, uno abre la cabeza, se vuelve inteligente y es reconocido como tal”.

¿Imaginas crecer sin oportunidades de futuro? Nosotros no.

¿Cómo lo hemos conseguido?

Hemos mejorado las instalaciones de las escuelas: hemos reformado el techo y las paredes (que también hemos pintado), hemos colocado puertas, ventanas… ¡y pizarras! En otras escuelas de la zona también hemos realizado acciones de mejora de las instalaciones, lo que hace que cada vez sean más niños y niñas quienes acudan con ganas a clases, como cuenta Alfredo, el director de la Escuela de Tratara: “ya estamos notando que algunos niños que abandonaron las clases están volviendo, y los padres también están más motivados para traer a sus hijos porque ahora existe una escuela segura, bonita y bien organizada”.

Hemos realizado actividades lúdicas y de sensibilización dirigida a toda la comunidad. El juego es sin duda la actividad preferida de la infancia, ¡y además es un derecho! Que los niños y niñas jueguen unos con otros despierta valores y crea sentimiento de comunidad. Pero además, es una herramienta fundamental para incentivar la asistencia a clase y reducir así los elevados índices de absentismo escolar.