COVID-19 y género: la brecha puede ampliarse

Covid-19 y género: doctora tomando la temperatura
1-6-2020

Autor : Noemí García Cabezas

El año 2020 era clave para el avance de la igualdad en el mundo. Se celebraba el 25 aniversario de la creación de la Plataforma de Acción de Beijing, fundamental para el avance de los derechos de las mujeres. Pero llegó la COVID-19 y en cuestiones de género, hay mucho que analizar.

COVID-19 e impacto de género: alerta en la agenda internacional

El Objetivo de Desarrollo 5, específico sobre igualdad, instaba a países de todo el mundo a cumplir una serie de metas. El año 2030 era el límite de tiempo establecido, sin embargo 10 años antes su cumplimiento peligra como consecuencia del coronavirus. Y es que aunque sea un tema trasversal y que afecta al cumplimiento de los derechos humanos de la mitad de la humanidad, no deja de verse a nivel macro como una cuestión secundaria.

Todo hace pensar que una crisis sanitaria, social y económica como la que se espera, no hará más que ahondar las desigualdades que ya existen. Pondrá en una clara desventaja a mujeres y niñas, sobre todo a las que viven en países menos desarrollados. La brecha de género se resiente en cada crisis y con esta no parece que vaya a ser distinto.

Los estudios internacionales y nacionales que se van publicando señalan cuatro puntos principales donde podemos observar que la igualdad será una de las grandes víctimas de esta crisis. El Instituto de la Mujer en España señala cuatro esferas de preocupación principales en cuanto al impacto de género:

  1. El trabajo sanitario y de servicios esenciales recae mayoritariamente sobre mujeres.

  2. El rol de las mujeres como cuidadoras es predominante.

  3. La precarización del trabajo afecta especialmente a las mujeres.

  4. Periodos como el confinamiento ha hecho repuntar la violencia de género.

Estos problemas, por supuesto, se replican con más o menos contundencia en otras realidades y contextos a lo largo de todo el mundo.

Mujeres, en la primera línea de la batalla frente al COVID-19

El 70% de las personas que trabajan en el sector sociosanitario son mujeres. Sin embargo, en los puestos de poder y decisión, los asientos siguen siendo ocupados mayoritariamente por hombres. Y la estadística incluye a las organizaciones internacionales especializadas en salud: solo el 20% de las mismas cuentan con juntas directivas paritarias.

Si hablamos de España, las cifras son contundentes: las mujeres son el 66% del personal sanitario, 84% en el caso de las enfermeras, según la última Encuesta de Población Activa.

Pero no hablamos solo del sector sanitario profesionalizado, sino también el ejercido en las casas. El rol de los cuidados recae mayoritariamente sobre las mujeres, que además son mayoría también en los sectores esenciales y educativos.

El hecho de estar en primera línea las hace también estar más expuestas al contagio y por tanto, a las posteriores consecuencias.

Lo hemos visto en anteriores crisis sanitarias y económicas: las mujeres son las más afectadas y las que más tardarán en salir. Clic para tuitear

Trabajo y género en la crisis post-COVID-19

Si bien las mujeres han estado en primera línea durante esta crisis, se espera que sean las que más sufran sus consecuencias a nivel laboral. Si esto no ocurriera, sería la primera crisis en la que la mujer no saliera más perjudicada que sus compañeros hombres. Una de las razones por las que esto ocurre es que son las mujeres quienes representan en mayor porcentaje trabajos dentro de la economía informal, por ejemplo la asistencia doméstica.Mujer recibiendo ayuda durante la crisis de la COVID-19 en un colegio de Sevilla

Los contratos parciales, en su mayoría, también están ocupados por mujeres, bien porque ellas suelen encargarse del cuidado de la familia o porque no existe una oferta suficiente. Lo que es claro es que en la mayoría de los casos no es fruto de una decisión libre.

Como se ha venido comprobando en todas las crisis anteriores, serán las mujeres el sector de población al que más le costará incorporarse de nuevo al mercado laboral y sus ingresos, por tanto, tardan más tiempo en recuperarse, poniéndolas automáticamente en una posición de desventaja, dependencia y vulnerabilidad. Cuando se trata de familias monomarentales, además, el riesgo de pobreza se multiplica.

Las cifras de violencia de género, más altas

Ya hemos hablado en este espacio sobre la peligrosidad para la vida de las mujeres de la violencia de género durante este periodo. Todo hace pensar que, si no se ponen en marcha las medidas oportunas, la violencia machista puede seguir aumentando. En el primer mes del estado de alarma en España se dictaron más de 83.000 órdenes de protección a víctimas de violencia de género.

Otros países de Europa registraron también aumentos significativos. El Consejo de Europa lo califica como un aumento dramático. Sin duda, este hecho es otra clara amenaza para el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible, concretamente para su meta 2: “eliminar todas las formas de violencia contra todas las mujeres y las niñas en los ámbitos público y privado”.

La COVID-19 puede suponer también una oportunidad para la igualdad

Lejos de ser una amenaza para los derechos de las mujeres, desde Ayuda en Acción apostamos por contemplar el momento actual como una oportunidad para situarlos en el lugar central que merecen. Lo comentaba días atrás la Ministra española de Exteriores, Arancha González Laya: “cualquier plan de recuperación tras la crisis actual debe tener a las mujeres como partícipes plenas”. En la misma línea se manifestaba António Guterres, Secretario General de Naciones Unidas: “la igualdad de género y los derechos de la mujer son esenciales para superar juntos esta pandemia, para recuperarse más rápidamente y para construir un futuro mejor para todas”. Y es que, si la mitad de la población no ve respetados sus derechos, es imposible que el mundo avance.

En los países en desarrollo, la interrupción de los programas de planificación familiar, por ejemplo, pueden verse afectados debido a la saturación que experimentan los servicios sanitarios. Si a ello le sumamos un previsible aumento de la violencia de género, posiblemente nos encontremos con más embarazos no deseados (fundamentalmente en adolescentes). Todo ello hará de mujeres y niñas personas más vulnerables desde el punto de vista personal pero también económico y social.

Pese a que los hechos previos hacen indicar otra cosa (en anteriores crisis sanitarias, menos del 1% de los estudios académicos posteriores se dedicaron a analizar el impacto de género de las mismas), creemos firmemente en que hay lugar para la esperanza.

La inversión en programas y proyectos que apuesten por cerrar la brecha de género es fundamental para el desarrollo de los próximos años. En Ayuda en Acción seguiremos trabajando sin descanso:

  • para que niñas y niños sean educados en igualdad, a través de nuestros programas de apadrinamiento y proyectos en los que la infancia es protagonista.

  • para que mujeres y hombres tengan el mismo acceso al trabajo, a través del impulso a las economías locales con proyectos innovadores que pongan en primer plano a las mujeres, como es el caso de Work4Progress en Mozambique.

Y por encima de todo, Ayuda en Acción seguirá trabajando a todos los niveles, en todos sus proyectos, para que mujeres y hombres tengan acceso a los mismos derechos y libertades.