El impacto de la COVID-19 en África: enfermedades, hambre y pobreza

Impacto COVID19 en África
7-5-2020

Autor : Noemí García Cabezas

Cuando el continente africano apenas estaba recuperándose de los efectos de la última epidemia de ébola, el impacto de la COVID-19 en África golpea duramente su futuro. Hoy analizamos las consecuencias de la pandemia desde diferentes aspectos. ¿Te quedas con nosotros?

Impacto de la COVID-19 en la salud de las personas en África

Al inicio de esta crisis, era mucha la gente que pensaba que dado que el coronavirus se ha cebado, sobre todo, con las personas más mayores, en África tendría menor impacto, dada la edad media del continente. Sin embargo, la realidad ha demostrado que aunque las cifras generales de letalidad en el continente son hoy por hoy más bajas que en Europa o América, no hay que bajar la guardia. Y es que en los últimos días de abril se produjo un aumento del 40% en las cifras totales de contagios. La OMS ha estimado que antes de fin de año podría llegarse a los 10 millones de personas infectadas.covid-africa-mascarillas

Realmente, no existe claridad sobre el asunto de la incidencia del coronavirus en África: puede ser que efectivamente, como se piensa, las altas temperaturas ayuden a una menor propagación del virus. Sin embargo, estas bajas cifras también pueden evidenciar la incapacidad de los sistemas sanitarios para contabilizar los casos. Pero también la insuficiencia de test de diagnóstico (apenas se han hecho 500.000 para 1.300 millones de habitantes, cuando en realidad serían necesarios al menos 74 millones). Sin olvidar, por supuesto, el hecho de que muchas personas viven lejos de puestos de salud. Y esto, unido a la imposibilidad de movimientos por la cuarentena, puede convertirse en una trampa mortal.

Sistemas sanitarios

En África los sistemas de salud públicos son mucho más débiles para hacer frente a una emergencia sanitaria de esta envergadura. En algunos países los respiradores a nivel nacional pueden contarse con los dedos de las manos. Desde Naciones Unidas hacen una previsión: durante este año harán falta al menos 30.000 respiradores en todo el continente.

La OMS ha estimado que antes de fin de año podría llegarse a los 10 millones de personas infectadas en África. Conoce el impacto de la #COVID19 en el continente. Clic para tuitear

Riesgos de salud

Pero no se trata solo de los sistemas de salud, sino de la propia condición sanitaria e inmunológica de las personas. Está comprobado que el coronavirus afecta más a quienes tienen sus sistemas inmunitarios debilitados. En un continente donde las cifras del hambre continúan siendo alarmantes (256 millones de personas sufren hambre), la malnutrición puede ser un grave problema para hacer frente a la enfermedad. Y no olvidemos la otra gran pandemia que se encuentra con la de la COVID-19 en África: la del VIH Sida.

El impacto del coronavirus en África podría hacer retroceder al continente unos veinte años en cuanto a los avances producidos en materia de sanidad si no se toman las medidas adecuadas.

Interrupción de calendarios de vacunación y seguimiento

Mención especial merece el tema de las vacunas. Los programas de vacunación han sido interrumpidos y esto está generando un rebrote de otras enfermedades, que afectan sobre todo a la infancia. Es el caso de la polio y, si no se hace nada, también ocurrirá con el sarampión, mucho más contagioso y letal que el coronavirus.

Además, no olvidamos el impacto del abandono de programas de seguimiento de otras enfermedades como la malaria. Se espera que este año, y como consecuencia directa de la COVID-19, casi se dupliquen las cifras de muertes por malaria. La mayoría de esas muertes corresponderán a niñas y niños.

Confinamiento durante la COVID-19: ¿problema o solución?

Como en el resto de países en desarrollo, la mayoría de la fuerza laboral de los países de África vive de la economía informal. El confinamiento está llevando a la quiebra a millones de familias, que deben elegir entre comer o enfermar. Como media, en los países de África cada familia dedica entre el 60 y el 80% de sus ingresos a alimentación. Al ser la mayoría de países eminentemente importadores de alimentos, el precio de estos se dispara y la comida, ahora más que nunca, no es suficiente para mantener una alimentación saludable.

A este asunto se une el problema de la sobrepoblación en las grandes urbes africanas, donde se adivina imposible, ya sin confinamiento, mantener la distancia social recomendada, lo que puede generar rebrotes del virus o la cronificación de la pandemia.

Pero el confinamiento y la posterior crisis financiera que se vive en los países más desarrollados también están afectando a África. Las remesas que se envían a familiares están viéndose drásticamente recortadas debido a la pérdida de empleo también en dichos contextos.

La cooperación al desarrollo es clave para luchar contra la COVID-19 en África

El desarrollo de África depende en gran parte de la ayuda internacional. Los programas de emergencia son necesarios pero es fundamental llevar a cabo otras medidas adicionales que ya se están planteando desde diferentes organismos. Una de ellas sería la de la reducción de la deuda. No olvidemos que los países africanos, de media, dedican entre un 15 y un 30% de lo recaudado a través de impuestos a pagar los intereses de su deuda externa. La cifra, en la mayoría de casos, es mayor que lo destinado a pagar los sistemas nacionales de salud o de educación. Las pérdidas provocadas por el impacto del coronavirus sobre las economías africanas no harán más que aumentar esa deuda, ya de partida inasumible.

Pero sin duda, un trabajo continuado y sostenido en el tiempo, en cuanto a cooperación al desarrollo y ayuda humanitaria se refiere, es esencial para poder dar respuesta a crisis como esta. Desde Ayuda en Ayuda en Acción llevamos a cabo una nueva forma de trabajo denominada Nexus. Con este enfoque trabajamos desde la resiliencia y con el fin de que la recuperación tras la catástrofe –en este caso sanitaria pero que abarcará muchos más aspectos– sea sostenible y que las personas sean protagonistas de su propio desarrollo. En definitiva, esta forma de trabajo nos permite reducir la necesidad, el riesgo y la vulnerabilidad.