Gobiernos, organismos internacionales, financiadores, academia y organizaciones de la sociedad civil se reunieron en Nueva York durante el Climate Mobility Summit 2026, uno de los principales espacios globales de diálogo sobre movilidad humana y cambio climático. El encuentro, organizado por el Global Centre for Climate Mobility del 22 al 24 de septiembre bajo el lema “Towards a Global Consensus on Climate Mobility”, buscó avanzar en respuestas coordinadas frente a uno de los desafíos emergentes más relevantes para el desarrollo sostenible.
Ayuda en Acción participó en esta cita internacional a través de Pablo Uribe, coordinador global de Movilidad Humana, e Ivanna Herrán, coordinadora regional de Movilidad Humana para Latinoamérica. Durante la semana, ambos formaron parte de distintos espacios de intercambio centrados en la Climate Mobility Adaptation Agenda, una hoja de ruta orientada a traducir los principios globales sobre movilidad climática en acciones concretas para los territorios y las comunidades.
Los retos: asegurar que, pese a la crisis climática, sigan existiendo derechos y oportunidades
“Transformar los compromisos globales en respuestas concretas que permitan a las personas permanecer en sus territorios cuando sea posible y deseado, y desplazarse con seguridad, protección y dignidad cuando la movilidad sea necesaria”.
Con estas palabras, Maximiliano Puig, vicepresidente ejecutivo del Consejo Nacional para el Cambio Climático y Mercado de Carbono de República Dominicana, resumió uno de los principales desafíos que enfrenta hoy la comunidad internacional: asegurar que las personas y comunidades afectadas por la crisis climática puedan seguir construyendo su futuro con seguridad, oportunidades y derechos.
La movilidad climática se ha convertido en una realidad para millones de personas en todo el mundo. El aumento del nivel del mar, las sequías prolongadas, los fenómenos meteorológicos extremos y la degradación de los medios de vida están obligando a cada vez más comunidades a tomar decisiones complejas sobre su futuro. En muchos casos, el reto pasa por fortalecer las capacidades de adaptación para que las personas puedan permanecer en sus territorios. En otros, por garantizar que quienes deban desplazarse puedan hacerlo de manera segura y digna.
Del debate global a las soluciones locales
Uno de los mensajes más reiterados durante la cumbre fue que la movilidad climática no debe entenderse únicamente como una consecuencia de la crisis climática, sino como un elemento que debe incorporarse en las estrategias de adaptación y desarrollo. Esto implica fortalecer la capacidad de decisión de las personas, mejorar la planificación pública y asegurar que las comunidades participen activamente en las respuestas que afectan a su futuro.
Las discusiones también pusieron el foco en la importancia de conectar la evidencia científica con el conocimiento local y la experiencia de las comunidades. Las personas y entidades participantes coincidieron en que la movilidad humana debe incorporarse de forma más decidida en instrumentos estratégicos como los Planes Nacionales de Adaptación y las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), favoreciendo políticas públicas que respondan a la realidad de los territorios.
“Uno de los principales retos que identificamos durante esta semana es cómo acercar los marcos internacionales y regionales a la realidad de los territorios. Estos acuerdos solo tendrán un impacto real si responden a las necesidades y prioridades de las comunidades, que son el centro de nuestro trabajo”, señala Ivanna Herrán, coordinadora regional de movilidad humana para Latinoamérica de Ayuda en Acción.
El desafío de financiar la adaptación
El financiamiento ocupó un lugar central en los debates. A lo largo de las sesiones se destacó la necesidad de que los recursos destinados a la acción climática lleguen de forma más efectiva a las comunidades que enfrentan directamente sus impactos. Entre las alternativas planteadas se discutieron mecanismos de financiamiento subnacional, modelos de financiación combinada y nuevas alianzas entre gobiernos, cooperación internacional, sector privado y organizaciones comunitarias.
Apenas el 2 % del financiamiento climático llega actualmente al nivel local, una brecha que limita la capacidad de muchas comunidades para desarrollar soluciones de adaptación sostenibles y de largo plazo.
Un compromiso con las personas y los territorios
Para Ayuda en Acción, la participación en estos espacios refuerza la importancia de seguir conectando las agendas de movilidad humana, adaptación climática, reducción del riesgo de desastres y desarrollo territorial. El objetivo es contribuir a que las comunidades cuenten con más opciones para enfrentar los impactos del cambio climático, fortaleciendo su resiliencia y evitando que la migración sea una respuesta forzada por la falta de oportunidades o de políticas adecuadas.
“No queremos que ninguna comunidad tenga que elegir entre su seguridad y su identidad. Frente a los impactos del cambio climático, proteger a las personas también significa proteger su vínculo con el territorio, sus comunidades y sus formas de vida. El reto es generar respuestas que les permitan decidir sobre su futuro con dignidad, ya sea permaneciendo en sus territorios o accediendo a opciones de movilidad seguras y con derechos”, señala Pablo Uribe, coordinador global de movilidad humana de Ayuda en Acción.
La participación en el Climate Mobility Summit 2026 reafirma el compromiso de Ayuda en Acción con la construcción de respuestas sostenibles frente a la movilidad climática, impulsando alianzas, conocimiento y políticas que sitúen a las personas y a los territorios en el centro de la acción climática global. A través de su trabajo en América Latina y otros contextos del sur global, continuamos promoviendo iniciativas que fortalezcan la capacidad de adaptación de las comunidades y amplíen las opciones de las personas frente a los impactos del cambio climático.