En la sayaña -una parcela familiar de origen aymara- El Guadual, en Chulumani (Sud Yungas, La Paz), el café crece rodeado de naranjilla, lima y palta. Es un sistema agroforestal que cuida el suelo y protege la biodiversidad. También es el lugar de trabajo de María Nieves Quispe Mamani, productora de café boliviano de especialidad. Es una de las muchas personas productoras que, desde distintos municipios y departamentos del país, contribuye con su trabajo al reconocimiento del café boliviano.
Para Quispe, la calidad de una taza de café no empieza en el molino, sino mucho antes: en la tierra. "Se trata de cuidar cada una de las etapas", explica. El cultivo de la tierra, la cosecha, la selección, la fermentación, el secado, el almacenamiento: cada paso cuenta, y cada uno se puede mejorar. Ella y otras familias productoras llevan años reduciendo defectos y afinando procesos para producir café sin agroquímicos.
Un escaparate para el esfuerzo de años
Ese trabajo tuvo su vitrina el 7 de septiembre de 2026. Ese día tuvo lugar el lanzamiento del XII Torneo Nacional Taza de Calidad "Café Presidencial 2026". Es un certamen que busca dar visibilidad a la excelencia del café boliviano y conectar a las familias productoras con mercados nacionales e internacionales.
El acto, celebrado en el Ministerio de Relaciones Exteriores boliviano, reunió a autoridades, cuerpo diplomático, cooperación internacional y organizaciones del sector cafetalero. Isabel Cajías de la Vega, directora binacional Perú-Bolivia de Ayuda en Acción, recordó que reconocer la calidad del café boliviano significa también reconocer a las personas y territorios que lo hacen posible: "una cadena de valor no se fortalece actuando solamente sobre uno de sus eslabones", señaló. Apuntó, además, a la necesidad de mejorar capacidades organizativas y acceso a financiación y mercados, con atención especial a las brechas de género y juventud.
Tras la cata protocolar, productoras y productores mostraron sus marcas en un showroom comercial. Entre ellas estaban Sijaba, Arcoíris y El Guadual, cafés producidos por personas beneficiarias de los proyectos de Ayuda en Acción en Bolivia. Quispe presentó los suyos en persona, conversando con quienes los probaban por primera vez, un gesto sencillo que para ella tiene un peso enorme: que el trabajo de su sayaña llegue más allá de las montañas de Chulumani.
Los sabores que distinguen al café boliviano
¿Qué hace reconocible a un café boliviano? Juan Pablo Rojas Marino, del Consejo de Administración de FECAFEB, señala la acidez cítrica y las notas de chocolate como rasgos característicos, junto a perfiles florales que recuerdan a la flor de café o la flor de Jamaica.
El torneo para designar el mejor café boliviano de especialidad evalúa las muestras en tres etapas: preselección, evaluación nacional y evaluación internacional. En el concurso, un jurado especializado define el Top 10 que accede a la subasta internacional. "El café habla", resume Rojas, sobre un proceso que valora tanto el aroma y la fragancia como el trabajo invisible de la cosecha y el secado. Ediciones anteriores del torneo han permitido a productores consolidar mercados propios y ser buscados por nombre y origen.
El papel de Ayuda en Acción en el impulso del café boliviano
El certamen está impulsado por el Consejo Nacional del Café Boliviano, ANPROCA, FECAFEB y el Comité de Mujeres Cafetaleras de Bolivia, con apoyo de la Cancillería del Estado y organizaciones como Helvetas y Ayuda en Acción.
Ayuda en Acción participa a través del proyecto AAGIL (Alternativas Agroecológicas de Gestión Inteligente Local), financiado por la Unión Europea junto con Fundación Natura Bolivia, FUNDECOR y Fundación PROINPA. El proyecto fortalece la cadena de valor del café en los Yungas y el Norte de La Paz mediante prácticas agroecológicas, innovación productiva, fortalecimiento organizativo y acceso a mercados.
Para María Nieves Quispe, el trabajo no termina con la cosecha ni con una buena puntuación. Empieza cuando alguien prueba su café, conoce la historia detrás y decide apostar por ella.