El país sufre éxodos migratorios –sobre todo de jóvenes– provocados por mala calidad de vida, ausencia de mecanismos de protección social, aumento de la violencia y alto costo de la vida. Los débiles mecanismos de desarrollo económico inclusivos, el subempleo y el desempleo imposibilitan cubrir las necesidades básicas.
La economía familiar es dependiente en gran parte de remesas enviadas por familiares que viven en el extranjero. A pesar de sus esfuerzos, se ven impotentes a la hora de reducir la situación de pobreza, sobre todo, en población rural donde alcanza al 57,2 % de los hogares. Además, casi la mitad de los hogares que viven en la pobreza extrema están excluidos de cualquier intervención de protección social.
Honduras se ve afectada por entornos altamente susceptibles a fenómenos climáticos adversos. Esto acentúa aún más la brecha para las personas que viven en situación de pobreza, al ser particularmente vulnerables frente al cambio climático.
Las problemáticas del país se ven todavía más acentuadas en poblaciones indígenas y afrodescendientes, que representan entre el 10% y el 20% de la población total de país.
Honduras sufre un fuerte desequilibrio demográfico por la pérdida permanente de población debido a los constantes procesos de emigración.