Acabo de regresar de Mozambique. La visita, además de intensa y valiosa en lo personal, representa un paso más en la trayectoria de una organización que viene reforzando su presencia y su implicación en África de manera sostenida. Al llegar, supe que era la primera persona del patronato en desplazarse a una delegación africana. No lo viví como una excepción, sino como una señal del proceso de apertura que se está produciendo: más conexión entre los órganos de decisión y el trabajo sobre el terreno, más interlocución directa con los equipos locales, más conocimiento de lo que ocurre en contextos que no siempre tienen visibilidad interna.
África, un espacio prioritario para Ayuda en Acción
África no es una novedad para Ayuda en Acción, pero sí es, cada vez más, un espacio prioritario. Un lugar donde se concentra una parte significativa de los desafíos que definen este tiempo: la pobreza estructural, la vulnerabilidad climática, la desigualdad, los desplazamientos forzosos, la presión demográfica… y también-conviene no olvidarlo- las redes comunitarias, las soluciones locales, el conocimiento del territorio y la capacidad de resiliencia. En vez de proyectar lo que creemos que África necesita, es necesario detenerse a observar lo que ya se está construyendo allí. Esa fue, para mí, la clave de esta experiencia.
Cabo Delgado, nuestro destino
El viaje nos llevó al norte de Mozambique, a la provincia de Cabo Delgado, una región marcada por una combinación devastadora de vulnerabilidades: la violencia insurgente que desde 2017 ha generado más de un millón de desplazamientos, la destrucción provocada por el reciente ciclón Chido, y un entramado de desigualdades históricas que limitan el acceso a servicios básicos, infraestructuras y oportunidades.
En Chiúre visitamos el proyecto WASH, centrado en asegurar el acceso al agua potable. En Metuge recorrimos los hogares levantados dentro del proyecto SHELTER tras el paso del ciclón Chido. Son viviendas modestas, diseñadas con inteligencia local y pensadas no como una solución temporal, sino como un anclaje seguro desde el que reconstruir la vida. En Montepuez también conocimos a emprendedores, en el marco del programa Work4Progress, que ha convertido el trabajo agrícola en fuente de autonomía, innovación y orgullo. También visitamos una escuela rural, donde al finalizar las clases los niños y niñas prolongaban el día entre juegos y bailes antes de regresar a casa.
En aulas saturadas, con más de 120 alumnos por docente, se juega algo más que el presente. Se disputa el futuro del país. En lugares donde la inestabilidad y la pobreza amenazan cada etapa de la vida, sostener la educación, proteger la infancia y acompañar la adolescencia debería ser una decisión política firme.
Los equipos de Ayuda en Acción, junto a las personas
Me ha gustado ver cómo los equipos de Ayuda en Acción en terreno trabajan con profesionalidad, conocimiento y proximidad. No desde la distancia, ni desde la teoría, sino desde el vínculo con las personas. Esa es una de las razones por las que creo que debemos seguir reforzando la conexión entre quienes deciden y quienes implementan, entre quienes representan y quienes ejecutan. Lo técnico y lo político no pueden caminar por separado.
Como dijo Barack Obama, “el futuro de África pertenece a los africanos, y el resto de nosotros debemos escuchar más de lo que hablamos”. Escuchar más. Escuchar mejor. Escuchar en terreno. Ese es el sentido que tuvo este viaje para mí.
*(Artículo escrito por Milagros Paniagua San Martín, patrona de Ayuda en Acción)
