Nueve años después de que estallara el conflicto armado en el norte de Mozambique, la crisis en Cabo Delgado ha dejado de ocupar los grandes titulares internacionales, pero el sufrimiento sigue muy vivo. Hoy, 1,6 millones de personas necesitan asistencia humanitaria urgente en la región y cerca de 500 000 continúan desplazadas lejos de sus hogares.
Desde Ayuda en Acción, advertimos que esta emergencia se ha transformado en una crisis prolongada. Aunque los grupos armados ya no controlan grandes extensiones de territorio como en 2020, siguen perpetrando ataques rápidos, secuestros y saqueos que siembran el miedo e impiden el retorno seguro de las familias.
Detrás de las grandes cifras, rostros humanos: la historia de Bela
Para comprender la magnitud de esta crisis hay que mirar a los ojos de quienes la padecen cada día. Detrás de las estadísticas hay familias que acumulan años de pérdidas y sucesivos intentos por reconstruir su futuro.
Es el caso de Bela, de 23 años y madre de cuatro hijos. En 2022 tuvo que huir precipitadamente del horror del conflicto, abandonando su hogar y su medio de vida. Durante años, su familia sobrevivió en condiciones extremadamente precarias, sin un refugio digno ni garantías para cubrir necesidades básicas como la alimentación o la protección frente a la lluvia.
Con el apoyo y acompañamiento de Ayuda en Acción, la vida de Bela ha dado un giro: ahora cuenta con una nueva vivienda y materiales básicos para el hogar. Además, ha podido poner en marcha un pequeño negocio de venta de carbón, lo que le otorga una vía de ingresos propia para comprar ropa y alimentos.
La historia de Bela demuestra que las personas desplazadas necesitan mucho más que ayuda de emergencia puntual: reclaman seguridad, estabilidad y oportunidades reales para recuperar sus medios de vida.
Una tormenta perfecta: violencia, crisis alimentaria y cambio climático
La prolongación del desplazamiento en Cabo Delgado ocurre en un escenario especialmente complejo y frágil. A la violencia persistente se le suman:
- Inseguridad alimentaria severa por la pérdida de tierras de cultivo y herramientas agrícolas.
- Debilitamiento de los servicios básicos, con serias dificultades de acceso a escuelas, agua potable y centros de salud.
- Impacto del cambio climático, agravado por ciclones e inundaciones recurrentes en la zona.
- Riesgos de protección, con especial vulnerabilidad para mujeres, niños, niñas y adolescentes frente a la violencia y el abandono escolar.
Según los datos de OCHA, a finales de julio solo se había recibido el 35% de los 348 millones de dólares necesarios para financiar la respuesta humanitaria en el norte de Mozambique. Es, sin duda, una brecha de financiación alarmante que pone en riesgo la vida de miles de personas.
La respuesta de Ayuda en Acción en Cabo Delgado tras nueve años de crisis: asistencia inmediata y futuro
Ante este panorama, la labor humanitaria debe ser dual y simultánea: atender la urgencia de quien acaba de huir y, al mismo tiempo, sembrar las bases para la recuperación a largo plazo de quienes llevan años en situación de desplazamiento o han decidido regresar.
En esta línea, seguimos sobre el terreno en Cabo Delgado nueve años después del estallido de la crisis. Actualmente, participamos en un nuevo proyecto humanitario financiado por la Unión Europea, desarrollado en consorcio junto a Johanniter, ACTED y ADPP Mozambique.
La iniciativa, centrada en los distritos de Mocímboa da Praia y Mecúfi, prevé llegar a más de 52 000 personas con un objetivo claro: restaurar los servicios esenciales, blindar la protección de la infancia y las mujeres, y devolver la dignidad a las familias más vulnerables. "Nueve años después del inicio del conflicto, las familias de Cabo Delgado siguen necesitando respuestas que les permitan recuperar cierta estabilidad. En este esfuerzo, la protección de mujeres, niñas, niños y adolescentes debe ocupar un lugar central, especialmente en contextos de desplazamiento prolongado. Garantizar el acceso a servicios esenciales, espacios seguros, educación, salud y mecanismos de protección es también una forma de acompañar a las familias en la reconstrucción de sus vidas", señala Margarita Sanmartín, directora de Ayuda en Acción en Mozambique.