Millones de personas escogen o se ven obligadas a quedarse en su país, a pesar de crisis climáticas, conflictos o desigualdades. Es hora de visibilizar sus voces, apoyar sus decisiones y garantizar que nadie sea invisible por no migrar.
de la población migra. El resto permanece. Sin embargo, la inmovilidad se tiene poco en cuenta.
entrevistas en 5 países para entender, entre aspiraciones y capacidades, las razones para quedarse.
Principales factores que explican una situación compleja: Pobreza, responsabilidades familiares, desconfianza, edad…
Este informe nos permite entender las razones, motivaciones y realidades de quienes permanecen en sus territorios. Una llamada a mirar también lo que ocurre cuando no se cruza la frontera.
En Ayuda en Acción, buscamos asegurar que quienes elijan quedarse lo hagan con dignidad, oportunidades y sentido de futuro.
¿Por qué se quedan? Una mirada visual a los factores de arraigo
Según las áreas analizadas, resumimos las conclusiones del informe, que permiten entender mejor los factores de arraigo social en América Latina y África.
Falta de apoyo, pobreza y desigualdades:
Muchas personas no migran porque simplemente no pueden hacerlo. No tienen dinero, no tienen acceso a información, les falta documentación o apoyo. La situación es aún más compleja donde el apoyo de las instituciones es muy débil o inexistente. En algunos lugares, no hay servicios básicos, escuelas, trabajo o ayuda a quienes han migrado, o los trámites para migrar o regularizarse son lentos o confusos. En estos casos, quedarse es a menudo la única opción y no una elección real.
Cuidados de la familia y responsabilidades del hogar: Las aspiraciones de migrar están muy ligadas al deber de cuidar a alguien: niños o niñas, personas mayores, enfermas o en general familiares que necesitan apoyo. Esto convierte el arraigo en una responsabilidad. El género es aquí especialmente relevante, porque son las mujeres las que principalmente asumen estas tareas que tienen un aporte social vital.
Etapas de la vida y experiencias pasadas: La edad también influye. La juventud suele tener un mayor deseo de migrar, especialmente para buscar trabajo o independencia y tener mejores perspectivas de vida, pero enfrentan mayores barreras legales o económicas. Mientras, las personas más adultas o mayores muchas veces prefieren quedarse como una forma de corresponsabilidad.
Desconfianza hacia los sistemas migratorios: Muchas personas deciden quedarse no porque no deseen migrar, sino porque ya lo intentaron y fracasaron. Deportaciones, violencias, estafas o experiencias traumáticas ha marcado sus intentos anteriores, por lo que la permanencia se convierte en una forma de protección frente al daño vivido. Por otro lado, la debilidad o inexistencia de apoyo estatal en muchas zonas impide una migración segura. No se quedan porque quieren, sino porque el Estado no les ofrece condiciones para moverse con seguridad, lo que, en muchos de estos casos, convierte la decisión de quedarse en elegir vivir en la pobreza y la exclusión.