Nicaragua enfrenta serios desafíos en empleo y emprendimiento, especialmente entre mujeres y jóvenes. Con una tasa de desempleo juvenil del 40% en 2020 y un aumento en la informalidad laboral, muchas personas jóvenes migran por falta de oportunidades. En las comunidades persisten altos niveles de inactividad, pobreza, y violencia basada en género, así como una cultura machista que limita la autonomía económica de las mujeres. La ausencia de políticas efectivas, el acceso desigual a recursos productivos, la falta de oportunidades de capacitación, y el desconocimiento de mecanismos de protección agravan la exclusión socioeconómica. Esto se traduce en bajos ingresos, poca participación en la economía local y escasa adaptación a prácticas sostenibles frente al cambio climático, afectando particularmente a mujeres que, sin acceso a empleos dignos ni medios de producción, ven limitada su capacidad para ejercer sus derechos y lograr una inclusión económica real.