En las últimas décadas, el narcotráfico y el crimen organizado han generado un clima de violencia e inestabilidad en Honduras, desplazando a más de 247, 000 personas entre 2004 y 2018. La violencia entre grupos armados ilegales, como maras y organizaciones narcotraficantes, ha aumentado, y se ha demostrado la participación de élites políticas y económicas en estos delitos. En el corredor garífuna, el abuso contra mujeres y niños, la trata de personas y el microtráfico han afectado gravemente a las comunidades. Las víctimas enfrentan discriminación y dificultades para acceder a justicia, especialmente por las barreras idiomáticas y la falta de respuesta institucional. Las comunidades afro hondureñas, como garífunas y creoles, luchan por reducir las brechas de discriminación, mientras el crimen organizado sigue intensificando su influencia en estas regiones.