Ser mujer rural en el Sahel significa ser la columna vertebral de la familia, desempeñando un papel central y de enorme peso en la supervivencia económica, familiar y comunitaria. Sobre ella recae la responsabilidad de garantizar la transmisión de los saberes y tradiciones, y la gestión del hogar y sus recursos, pero sin ningún poder de decisión dentro de su familia ni de su comunidad.
Durante el día sus obligaciones continúan en el campo y con los animales. Trabajando muchas veces bajo un calor intenso. Son pocas las mujeres rurales en el Sahel que poseen alguna parcela de cultivo o participan en algún comercio. Esto limita su autonomía económica. La dependencia de la actividad agrícola les hace especialmente vulnerables al cambio climático: sequías frecuentes, degradación del suelo, pérdida de cosechas…
La mujer rural en el Sahel está profundamente unida a su familia, a las tradiciones y prácticas culturales locales, que a menudo son causa de su sufrimiento físico y mental.
Su nivel de alfabetización es generalmente bajo y el acceso a la educación formal limitado. Estas limitaciones las exponen a sufrir violencia basada en género, desigualdad de oportunidades, mayores riesgos de salud y limitaciones sociales.
Todo ello impacta directamente en sus medios de vida, en su seguridad alimentaria y autonomía económica.
El impacto de los conflictos y desplazamientos
Nuestro trabajo con las mujeres rurales consiste en visibilizar la fuerza, la resiliencia y la contribución de las mujeres rurales del Sahel promoviendo su autonomía económica y social.
La situación de inestabilidad y desplazamiento causada por los conflictos armados en Sahel —vinculados a grupos terroristas en las zonas fronterizas de Mali, Burkina Faso y Nigeria— afecta gravemente la vida de las mujeres y de la juventud.
Esta situación provoca desplazamientos masivos de población (personas desplazadas internas y refugiadas). Las mujeres desplazadas están expuestas a la violencia (sexual, explotación, trata, matrimonios forzados para obtener ingresos o reducir el número de bocas que alimentar). Carecen de refugios seguros y de protección en los campamentos, lo que agrava su vulnerabilidad. La mayoría debe asumir sola la carga familiar, ante la ausencia de los hombres, que migran en busca de trabajo o están involucrados en el conflicto. La presión psicológica y social aumenta, y los recursos para afrontarla son escasos.
La inestabilidad y los desplazamientos tienen un impacto negativo que agrava la vulnerabilidad social, económica y psicológica de las mujeres y jóvenes en Níger. Estas poblaciones desplazadas necesitan mayor protección, mejor acceso a los servicios básicos y apoyo para poder reconstruir sus vidas.
El trabajo de Ayuda en Acción junto a las mujeres rurales de Sahel
Uno de los objetivos de los proyectos de Ayuda en Acción es que las mujeres rurales de Sahel que son desplazadas, pero también locales, logren independencia económica y acceso al empleo y al emprendimiento. Muchas de ellas no saben ni leer ni escribir y sin embargo, ser analfabetas no les impide emprender, progresar y luchar cada día por mejorar sus vidas aunque sí puede tener un impacto negativo en el desarrollo de sus negocios o actividades.
Desde que empezamos a trabajar en la región hemos facilitado el acceso a empleo de mujeres en nuestra planta de transformación de harinas fortificadas Misola, lo que además está garantizando la seguridad alimentaria de la población. La planta de transformación del karité también ha permitido que muchas mujeres tengan independencia económica. Mantenemos nuestro compromiso por el uso de materias primas locales que permiten impulsar el desarrollo económico en la región.
La resiliencia y la perseverancia son dos cualidades que destacan de las mujeres rurales en Sahel, que ven cómo gracias al apoyo de Ayuda en Acción tienen garantizada su seguridad alimentaria. Así, pueden concentrarse en mejorar las condiciones de vida de sus familias mediante la producción agrícola y la ganadería, con nuestro apoyo en semillas y formación.
Caso de éxito: Ayére Keita, productora de huertos en sacos en Sékoro

En 2024 comenzamos a poner en marcha la horticultura en saco y ahora ya son muchas las mujeres que disfrutan de las ventajas de tener su propio huerto en casa. Una de ellas es Ayére Keita, presidenta del grupo de mujeres de Sékoro: "antes de esta iniciativa, pensaba que tener un pequeño huerto era imposible para mí, porque no tenía tierra cerca de mi casa. Cuando recibí mi saco para cultivo y aprendí cómo utilizarlo, descubrí que se podían cultivar muchos tipos de hortalizas en un espacio tan pequeño. Hoy recojo mis propios tomates, quimbombós y pimientos. Esto ha reducido mis gastos en el mercado y ha mejorado la alimentación de mis hijos".
Los cultivos son totalmente ecológicos: sin fertilizantes químicos ni pesticidas, solo métodos naturales que cuidan la salud. Mujeres rurales de Sahel, dentro de este proyecto, recibieron cuatro sacos de cultivo.
"Mi consejo -dice Ayére- para otras mujeres es que lo prueben. Con un huerto en saco se puede alimentar a la familia e incluso vender un poco para obtener ingresos. Solo hay que intentarlo y tener paciencia".
El papel crucial pero olvidado de las mujeres rurales de Sahel
Las mujeres rurales son pilares de las comunidades agrícolas. Representan alrededor del 43 % de la mano de obra agrícola mundial, pero tienen acceso limitado a recursos, educación, tierras y tecnologías. El Día Internacional de la Mujer Rural, que se celebra cada 15 de ocutbre, permite destacar su contribución esencial a la seguridad alimentaria, la resiliencia climática y la cohesión social. Pero también pretende sensibilizar sobre estas profundas desigualdades a responsables políticos, ONG y ciudadanía.
¿Qué hacemos con las mujeres rurales de Sahel?
Nuestras acciones prioritarias se concentran en cinco cuestiones clave:
- Invertir en el acceso a la tierra, el agua y las semillas: implementamos programas que garanticen los derechos de propiedad a las mujeres: promovemos el acceso equitativo a los recursos naturales y a los insumos agrícolas.
- Reforzar la educación y la formación: ofrecemos formación técnica y profesional adaptada al contexto rural e invertimos en la alfabetización de mujeres adultas, esencial para su autonomía.
- Apoyar el emprendimiento femenino rural: creamos fondos de microfinanzas inclusivos y acompañamos a las mujeres en la comercialización de sus productos.
- Proteger los derechos y la seguridad de las mujeres: incorporamos la perspectiva de género en las acciones humanitarias y de seguridad y luchamos contra la violencia de género, frecuente en las zonas de conflicto.
- Incluir a las mujeres en la gobernanza local y los procesos de paz: fomentamos su participación activa en los espacios de decisión y valorar su papel en la prevención de conflictos y la resiliencia comunitaria.
*(Artículo escrito por equipos de Ayuda en Acción en Níger y Mali).
