La pobreza no consiste solo en no tener dinero. Va mucho más allá. Hablamos de oportunidades. Existe una llave (casi maestra) que permite abrir el cofre de las oportunidades de una forma verdaderamente transformadora. Sí, es la educación, sin duda la herramienta más poderosa para hacer frente a la pobreza de una forma sostenida en el tiempo y generación tras generación.

Los datos confirman una evidencia: que a medida que se alcanzan niveles educativos más altos, el progreso no solo personal sino comunitario, es cada vez mayor. Por eso desde Ayuda en Acción llevamos años trabajando a través del apadrinamiento, porque cuando apadrinas, no ayudas solo al grupo de niños y niñas que actúan como representantes, sino que apoyas a todo su entorno más cercano.

¿Cómo funciona el apadrinamiento?



Pobreza y educación, un vínculo que se retroalimenta


Ser pobre y tener un bajo nivel de estudios es algo lamentablemente común. Es, además, un círculo vicioso desde el que es difícil salir, porque el patrón se repite generación tras generación. Y es que, la pobreza se hereda. Los hogares con niveles más altos de pobreza tienen más dificultad para escolarizar a sus hijos e hijas, y además tienen problemas para satisfacer cuestiones colaterales como la compra de equipamiento escolar o transporte. Además, en los lugares donde viven las familias en situación de mayor vulnerabilidad no suele haber centros de alta calidad educativa.

De esta forma, la infancia que nace y/o vive en situación de pobreza, es probable que lo haga también en su edad adulta: porque sin educación, muy difícilmente accederá a empleos dignos.

Pero no nos resignamos. Creemos que es posible romper ese círculo de la pobreza. Por eso desde 1981 invertimos en educación en todo el mundo con el apoyo de miles de personas.
Quiero romper el círculo de la pobreza



Datos que demuestran el poder de la educación para acabar con la pobreza


La educación es, sin duda, una poderosa herramienta para acabar con la pobreza. Sin embargo, no es una varita mágica. Sin unas políticas adecuadas y un contexto económico favorable, en la mayoría de los casos no es suficiente.

Pero vamos a lo que hemos venido: los datos que demuestran que, combinando todos los factores necesarios, la educación puede acabar con la pobreza:

  • El informe “The effect of education on poverty: A European perspective” (2019) señala que cada año de educación obligatoria reduce la causa de la pobreza. Lo hace a partir del análisis de las reformas educativas en 32 países. El Banco Mundial se suma a esta teoría señalando que, por cada año de escolarización, los ingresos de una persona pueden aumentar entre un 8 y un 10%. En el caso de las niñas, aumentaría entre u 15 y un 20%.

  • En Europa, el riesgo de pobreza de las personas que solo cuentan con educación primaria (o menos) es de un 36,7%. La cifra baja al 13,3% para quienes cuentan con estudios superiores. No obstante, es preocupante conocer que pese a contar con estudios superiores, la pobreza no desaparece: en esta situación están más de 1,4 millones de personas en España.

  • Si todas las personas adultas del mundo tuvieran la educación secundaria completa, la tasa de pobreza mundial disminuiría en más de la mitad de la actual, según la UNESCO.


La educación como derecho, no como privilegio


Pese a los datos que lo demuestran, no siempre se apuesta por la educación como estrategia de base para acabar con la pobreza, suponiendo uno de los grandes retos sociales. ¿Por qué ocurre?

Desigual acceso a educación


Más de 240 millones de menores están aún sin escolarizar en todo el mundo. De entre los que sí están, muchos lo hacen en condiciones que afectan a la calidad de la educación que reciben. Masificación en las aulas o deficiencias en la formación del profesorado, así como ausencia de materiales o infraestructuras básicas es lo normal para millones de niños y niñas del mundo, sobre todo en los países con mayor grado de vulnerabilidad.

Sin embargo, ese desigual acceso a la educación no existe solamente lejos de nuestros ojos. También en los países más adelantados existen diferencias en cuanto a acceso: por ejemplo entre el mundo rural y el urbano, entre niños y niñas o entre poblaciones racializadas o de otras etnias.

Educación sí, pero de calidad


Muchas personas piensan que con tener un centro que sirva como escuela es suficiente. Pero en la escuela, la calidad se alcanza por muchas cuestiones, más allá de lo educativo. Si lo que se aprende en la escuela no sirve para la vida cotidiana, no es suficiente.

Una educación de calidad necesita de profesorado formado y motivado, pero también de entornos seguros (sobre todo para las niñas), contenidos valiosos y aprendizajes que acompañen a la infancia hacia el mundo social y laboral, a la larga.

Educación y desarrollo: más que una relación causa-efecto


Acabar con la pobreza no es solo un tema meramente económico. También lo es social. El desarrollo de las sociedades depende en gran parte del nivel educativo de su población, y a su vez genera un efecto innegable.

El efecto multiplicador de educar a una niña


Una niña con educación es una de las inversiones sociales con más retorno. Y es que una niña educada tiene menos riesgo de ser casada y más libertad sobre sus decisiones. Además, supone un mejor cuidado de su salud y de su familia en un futuro, y una mayor participación en la vida social y política. Y por si todo esto fuera poco, una niña educada transmite el valor de la educación a la generación posterior a la suya.

Sociedades más justas y resilientes gracias a la educación


A mayor nivel de la educación, instituciones más sólidas, menores índices de corrupción y mayores de participación ciudadana. El nivel educativo influye también ante la respuesta a diferentes crisis: cuando más nivel, mejor respuesta.

Así, podríamos decir que la educación sienta las bases para dar soluciones colectivas y duraderas a los principales problemas sociales.

El papel de la cooperación internacional y las ONG


Cuando hay aún millones de niños y niñas que no tienen acceso a una educación (o una educación de calidad), entra en juego la cooperación internacional a través, en la mayoría de los casos, de las ONG de desarrollo, como es Ayuda en Acción. En este sentido, podemos decir que llegamos allá donde el Estado no llega: construimos infraestructuras escolares, apoyamos la formación del profesorado, entregamos materiales al alumnado, creamos sistemas de becas y trabajamos en coordinación con las instituciones para mejorar el acceso a educación.

Así lo hacemos, por ejemplo, a través del apadrinamiento: cuando se apadrina, el dinero que mensualmente se envía se invierte en materiales escolares no solo para el grupo de niños y niñas apadrinados, sino para toda la escuela. También llega para transformar instalaciones, según las necesidades: a veces hay que construir letrinas, otras poner puertas y ventanas, otras construir un cercado y siempre trabajar codo con codo con la comunidad educativa, compuesta por profesorado y familias.

Pero el apoyo debe ir más allá de las aulas: una buena alimentación, un entorno estable y una comunidad con servicios básicos son fundamentales. Y desde Ayuda en Acción trabajamos desde un enfoque integral, cubriendo todos estos derechos. ¿Nos apoyas?