América Latina se encuentra en una triple trampa de bajo crecimiento, con una productividad laboral estancada y una trayectoria de crecimiento negativa; alta desigualdad, manifestado en el desigual acceso a la educación de calidad y a oportunidades de trabajo decente, lo que perpetúa círculos de pobreza y exclusión; y baja capacidad institucional y de gobernanza, lo que impide responder eficazmente a estos desafíos. Además, se enfrenta a transformaciones medioambientales, demográficas y tecnológicas que marcarán el mercado laboral. Para redefinir el futuro, se pueden implementar acciones y políticas que se anticipen a estos cambios con el fin de disminuir la inseguridad laboral de la juventud a medio plazo, siendo la transformación digital, la transición hacia modelos de desarrollo medioambientalmente sostenibles y la implementación de sistemas integrales de cuidados una oportunidad necesaria para fomentar iniciativas que orienten la inversión hacia sectores prioritarios para una estrategia de desarrollo de largo plazo.
En este punto son de especial valor la implantación de políticas de inclusión laboral, para disminuir las altas tasas de informalidad juvenil e incentivar la creación directa e indirecta de empleos; las políticas de protección social, ya que proveen las condiciones materiales para que la juventud pueda involucrarse adecuadamente en sus procesos educativos y laborales sin dejar a nadie atrás, asegurando el acceso a la seguridad social independientemente del tipo de empleo; y la política pública, que permita afrontar el impacto de las grandes transformaciones en el empleo juvenil:
- considerando el rol central de la educación técnico-profesional para preparar a las nuevas generaciones con competencias claves para su inclusión laboral;
- respondiendo a la reconfiguración de la migración intrarregional, identificando y proponiendo respuestas a las necesidades educativas particulares de esta población para avanzar hacia su inclusión social y laboral;
- en relación con los impactos del cambio climático en la región, ahondando en los desafíos para la inclusión laboral juvenil que surgen en el contexto de la transición hacia economías ambientalmente sostenibles.
Para ello, es esencial asegurar la sostenibilidad financiera de las distintas políticas, al mismo tiempo que asegurar niveles adecuados de cobertura y suficiencia de sus prestaciones, con el fin de asegurar estabilidad de las políticas públicas a medio plazo, así como, unas instituciones fortalecidas.