Con motivo del 8M, recordamos que sin acceso al mercado no hay igualdad real para las mujeres. Los datos lo confirman: según la Organización Internacional del Trabajo, la tasa de participación laboral femenina es casi 25 puntos porcentuales inferior a la masculina a nivel mundial. Además, las mujeres están sobrerrepresentadas en la economía informal, especialmente en zonas rurales, donde el acceso a tierra, financiación y mercados sigue siendo desigual.
En un contexto global marcado por el aumento de la desigualdad económica, vemos cómo el sistema sigue limitando el acceso de millones de mujeres a ingresos estables, financiación y mercados formales. No es una cuestión puntual. Se ha convertido en algo estructural.
Frente a esta realidad, reforzamos nuestros programas de inclusión socioeconómica para garantizar que más mujeres accedan a formación, mercados reales y oportunidades sostenibles de generación de ingresos.
En Ayuda en Acción trabajamos para que el acceso al mercado de las mujeres deje de ser una barrera y se convierta en una oportunidad real para millones de mujeres.
- - En 2025 alcanzamos a 208 139 personas en África, América Latina y Europa.
- - De ellas, 127 300 fueron mujeres (81 311 en África, 45 723 en América Latina y 266 en Europa). Esto significa que casi seis de cada 10 personas participantes en nuestros programas son mujeres.
Más allá del alcance, el impacto es concreto:
- - Más de 15 000 mujeres fortalecieron su autonomía económica a través de empleo, emprendimiento o formación.
- - Casi 5000 superaron la pobreza monetaria al incrementar sus ingresos.
- - En torno a 2500 accedieron a un empleo.
El acceso al mercado no es un detalle técnico. Es el punto de inflexión entre la subsistencia y la autonomía.
Del trabajo invisible al acceso real al mercado
En Etiopía acompañamos a mujeres productoras de moringa para que pasen de vender de manera informal y con bajo margen a integrarse en cadenas de valor formales.
Abezash Kuno, de 22 años, estudia Administración de Empresas y gestiona junto a su madre una finca con más de 60 árboles de moringa, además de cultivos de yuca y maíz. Durante años, su producción se vendía de informalmente. Hoy, gracias a la formación y el acompañamiento en comercialización que impulsamos, ha identificado una oportunidad de mayor valor añadido: la extracción de aceite de moringa, un producto con creciente demanda.
No buscan asistencia puntual. Buscan eficiencia, acceso a mercado y capacidad de mejorar su vida. Cuando las mujeres acceden a formación y a mercados reales, dejan la economía de subsistencia y avanzan hacia el emprendimiento rural sostenible. Y eso transforma territorios.
Cacao para la paz: economía que reconstruye comunidades
En Colombia impulsamos el proyecto Cacao para la Paz, fortaleciendo cadenas de valor en territorios afectados por el conflicto armado y los cultivos ilícitos.
En San Luis Robles (Tumaco, Nariño), mujeres productoras agrupadas en la cooperativa Corpoteva han encontrado en el cacao una alternativa económica estable frente a la violencia y la economía ilegal.
Con nuestro acompañamiento, pusimos en marcha un plan de mejora y fortalecimiento productivo: injertos, asistencia técnica, apoyo en transformación y comercialización. El resultado es tangible: la productividad pasó de apenas 30 kilos por cosecha a entre 150 y 200 kilos cada 22 días en algunas fincas. Pero el impacto no es solo productivo. Es estructural.
Mujeres como Fanny Yadira Rodríguez, presidenta de la cooperativa, o Amanda Carolina Quiñones, responsable de comunicación, han encontrado en la cadena de valor del cacao una vía de independencia económica y liderazgo comunitario. Sus productos ya se comercializan en ferias regionales y nacionales, y proyectan abrir una Tienda Artesanal del Chocolate para ampliar mercado. El cacao no es solo un cultivo. Es estabilidad, es reconstrucción y es futuro.
Invertir en mujeres no es simbólico. Es estructural.
En Etiopía y en Colombia el patrón se repite: cuando las mujeres acceden al mercado, generan ingresos, fortalecen su autonomía y transforman sus comunidades.
Invertir en mujeres rurales no es un gesto simbólico. Es justicia económica. Es eficiencia. Es desarrollo sostenible. Y es garantizar que puedan elegir su propio proyecto de vida.
Desde Ayuda en Acción seguiremos trabajando para que el acceso al mercado de las mujeres deje de ser un privilegio y se convierta en un derecho efectivo para millones de mujeres.