Más del 10% de todas las mujeres del mundo viven en situación de pobreza extrema. Lo peor es que es un porcentaje que no mejora desde 2020. Más de 350 millones de mujeres y niñas probablemente aún estén en situación de pobreza extrema cuando lleguemos a 2030 (y por supuesto, el ODS 5 de igualdad de género no se haya cumplido.
Tenemos una alarma activa. La de la desigualdad de género, que en estos momentos sufre grandes retrocesos (o está en riesgo de sufrirlos). Los conflictos, los efectos del cambio climático, las sucesivas crisis económicas y la falta de protección social, que afecta más a las mujeres, no ayuda a mejorar la situación. El acceso a una vida digna lejos de la pobreza es cada vez algo más inalcanzable para millones de mujeres y niñas.
¿Qué es la feminización de la pobreza?
Se trata de un término acuñado por Diana Pearce en 1978. Podríamos definirla como la sobrerrepresentación de las mujeres si hablamos de pobreza o exclusión. Si hablamos de precariedad, podríamos decir que el género femenino la ha sufrido históricamente con más intensidad. Y es que no es solo que haya más mujeres que hombres viviendo en situación de pobreza, sino que el acceso a ingresos propios también es menor, que asumen trabajos de cuidados no remunerados, que acceden a empleos más precarios y que sufren barreras aún mayores en cuando a educación, economía familiar y acceso a la justicia.
Ser mujer es de por sí una condición que en muchos contextos va a suponer un mayor riesgo de caer en la pobreza, y de no poder escapar de ella.
Si hablamos de España, existen informes que confirman que aquí también las mujeres siguen estando más expuestas a la pobreza, pese a todos los avances logrados en las últimas décadas.
Por qué ser mujer sigue multiplicando la desigualdad
Si hemos avanzado tanto en igualdad, ¿por qué sigue ocurriendo esto? Veamos cuáles son los indicadores que afectan más a la feminización de la pobreza:
Brecha salarial y empleo precario
En todo el mundo, solo el 60,1% de las mujeres en edad de trabajar participa en el mercado laboral (frente al 90.6% de los hombres). La brecha de género si hablamos de salarios se manifiesta en que las mujeres cobran menos que los hombres por trabajos de igual valor. Se trata de una brecha existente en la mayoría de los países del mundo, y que genera más precariedad laboral y personal para las mujeres, y un obstáculo para avanzar o, en este caso, salir del círculo de la pobreza.
La concentración de los trabajos tradicionalmente asignados a mujeres entre los peor remunerados, la parcialidad de los contratos (en un porcentaje mucho mayor al de sus compañeros hombres) y las interrupciones por sus tareas de cuidados (sobre todo cuando se trata de maternar) son causas esenciales que explican la feminización de la pobreza. Porque peores empleos generan menores ingresos, menor capacidad de ahorro y pensiones más pequeñas. Y es que, la pobreza de hoy permanece con nosotras toda la vida.
Además, millones de mujeres trabajan en empleos precarios, informales o mal remunerados, sin acceso a seguridad social. Esto se agrava porque el 2,5 veces más de horas que dedican diariamente al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado restringe sus oportunidades de empleo decente.
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La carga invisible de los cuidados
Las mujeres que trabajan fuera de casa tienen dos trabajos. Porque al llegar a casa, se suman las horas del trabajo doméstico y de cuidados, que en muchos casos restringe del todo las oportunidades de contar con un trabajo formal y digno, y de menos posibilidades de formarse o de participar en la vida pública.
La economía no funcionaría sin ese trabajo invisible, pero no se paga (salvo las propias mujeres, que lo pagan con creces).
Sistemas de protección social que no las alcanzan
Solo un 18% de medidas de protección social que se pusieron en marchas en las últimas crisis estuvieron dirigidas para mujeres. Resulta llamativo cuando son, según ONU Mujeres, 2000 millones de mujeres y niñas las que no tienen acceso a ningún tipo de protección social, exponiéndolas aún más a las consecuencias de la pobreza.
Acceso desigual a educación y recursos
Matrimonios forzados, embarazos tempranos, rol de cuidados, religión, menstruación… son algunas de las causas que empujan a las niñas a salir del sistema educativo. Cuando además están en contextos de crisis, conflictos o pobreza extrema, aún es peor. Y es que en regiones del mundo con menor índice de desarrollo o mayor grado de inestabilidad, las mujeres multiplican por 7,7 sus posibilidades de caer en la pobreza.
Desigualdades legales y violencia
La violencia de género puede suponer también un factor más para el empobrecimiento de las mujeres. La falta de acceso a recursos de todo tipo hace que muchas mujeres que sufren violencia no vean posible salir de ese círculo. Otras que sí encuentran el camino y denuncian se exponen a la pérdida de su empleo, su vivienda o su círculo de confianza o familiar.
Según el informe “The Gender Snapshot 2025” de ONU Mujeres, solo hay en el mundo 63 países que contemplan la falta de consentimiento en las relaciones sexuales como delito. El mismo informe, el año anterior, indicaba que el 51% de los países del mundo aún mantenía limitaciones para mujeres en cualquier aspecto de la vida diaria. Y eso es mucho en pleno siglo XXI.
Feminización de la pobreza en España y en el mundo
La desigualdad de género sigue siendo un elemento común en todos los países del mundo. Y por tanto, la feminización de la pobreza presenta datos que deben tenerse en cuenta de cara a la puesta en marcha de medidas que la corrijan.
Feminización de la pobreza en el mundo
En el mundo, 383 millones de mujeres y niñas viven con menos de 1,9 dólares al día, 15 millones más que los hombres en la misma situación.
Entre las personas trabajadoras pobres, que no alcanzan los niveles mínimos de dignidad pese a tener un trabajo, la mayoría son mujeres. Muchas de ellas forman hogares monomarentales o están en situación de alta vulnerabilidad. Y esta situación, cuando hay crisis, empeora. Y cuando hay recursos escasos, las mujeres son las últimas en acceder a ellos.
Feminización de la pobreza en España
En el caso de España, hay 700 000 mujeres más afectadas por pobreza o exclusión social que hombres. Y es que 6,6 millones de mujeres (26,8% de población femenina) está en situación de riesgo de pobreza o exclusión social, dos puntos por encima que en el caso de los hombres.
Consecuencias de la pobreza en la vida de las mujeres
Seríamos muy inocentes, como sociedad, si pensáramos que el hecho de que la pobreza afecta con más fuerza a las mujeres, no va más allá. Y es que, hay una especie de efecto dominó que tiene las siguientes consecuencias:
- Acceso a educación y salud limitados: unos 120 millones de niñas no van a la escuela, lo que ayuda a perpetuar la transmisión intergeneracional de la pobreza.
- Mayor exposición a violencia y/o explotación.
- Menores índices de participación social y política.
- Más riesgo de pobreza infantil.
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¿Cómo se puede frenar la feminización de la pobreza?
Se puede actuar desde diferentes aspectos para frenar la feminización de la pobreza. Pero se debe actuar desde todos ellos a la vez, porque si no, seguirán reproduciéndose patrones de pobreza para las mujeres. Veamos desde qué ámbitos es necesario actuar para frenar la feminización de la pobreza:
- Economía y empleo: es necesario poner en marcha políticas de igualdad salarial, de corresponsabilidad real y de protección social, especialmente para las trabajadoras informales (normalmente ligadas al sector de los cuidados). Además, para acabar con la feminización de la pobreza es imprescindible apoyar el emprendimiento femenino que haga posible un empoderamiento real y efectivo que les haga ser independientes y autónomas.
- Educación: cada año adicional de educación secundaria aumenta las posibilidades de que una mujer acceda a ingresos formales y estables. Además, les permite ser autónomas económicamente, con lo que eso puede significar para una vida también autónoma. Es muy importante la visibilización de mujeres en ámbitos en los que tradicionalmente no habían participado, como en las ciencias o la política.
- Sanidad: fundamental hacer frente a las altas tasas de embarazo infantil temprano, que muchas veces derivan en matrimonios forzados para las niñas. Además, es fundamental invertir en la mejora de la salud familiar, en lo que las mujeres tienen un papel clave para lograrlo.
Preguntas frecuentes sobre la feminización de la pobreza
¿Por qué se habla de “feminización” de la pobreza?
Porque las mujeres, además de ser más vulnerables a la pobreza, la viven de manera diferente y con mayor intensidad debido a desigualdades estructurales, que existen en todos los países del mundo.
¿La feminización de la pobreza solo ocurre en países en desarrollo?
¡Por supuesto que no! Si bien la pobreza extrema se ve más en países con economías más frágiles, no por ello la desigualdad deja de estar presente en los países más avanzados.
¿Qué relación hay entre pobreza infantil y pobreza femenina?
Las mujeres pobres, a pesar de serlo, están al frente de millones de hogares en todo el mundo. Si no tienen recursos suficientes y conviven con la pobreza, sus descendientes, niños y niñas, verán también limitadas sus oportunidades.
¿Adiós a la feminización de la pobreza?: cambiar la historia es posible
En Ayuda en Acción sabemos que, en muchos casos, las desigualdades estructurales son las principales “culpables” de la feminización de la pobreza. Pero sabemos que eso puede cambiar. Y por eso, desde nuestro trabajo, invertimos tiempo, recursos y esfuerzo en impulsar políticas igualitarias, inversiones y transformaciones culturales que pongan a las mujeres en el centro del desarrollo. Porque cuando una mujer sale de la pobreza, toda su comunidad también lo hace.
