7 am. Una mujer revisando en el teléfono el correo de trabajo a la vez que prepara desayunos, prepara la ropa de los niños, organiza mochilas, hace la lista de la compra para pasar por el súper al volver del trabajo… y calcula cómo hacer para llegar a tiempo a la hora de recogida del cole. No te cuesta imaginar la situación porque no es algo excepcional. Es la brecha de género, y, sin embargo, sigue siendo algo invisible.

Cada año, cuando se acerca el 8 de marzo (Día Internacional de las Mujeres), la polémica siempre surge: ¿sigue siendo necesario este día? Y nuestra respuesta es siempre la misma: rotundamente SÍ. Porque aunque pueda existir cierta igualdad legal, haya más mujeres que nunca en las universidades, la política o las empresas, los datos son claros: en cuanto a salarios, empleo, cuidados, violencia o pobreza, la desigualdad sigue estando presente. La igualdad real no existe porque la brecha de género no acaba de cerrarse (incluso pareciera que en ciertos ámbitos, se hace más amplia).

Qué es la brecha de género y por qué sigue existiendo en 2026


Podríamos definir la brecha de género como el conjunto de diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a acceso a recursos, oportunidades, derechos o poder. No se trata de algo puntual, sino de algo sistémico que afecta definitivamente al desarrollo de las sociedades.

Indicadores principales de la brecha de género


No existe solo un indicador que designe si existe o no una brecha en cuanto a género. Son diferentes grietas las que rompen el sistema en cuanto a igualdad se refiere. Veamos algunas de las más representativas:

  • Brecha salarial: uno de los indicadores más visibles (si no el que más). Delata la diferencia entre salarios percibidos por hombres y mujeres. En esta brecha se tiene en cuenta la segregación ocupacional (normalmente los puestos tradicionalmente desarrollados por mujeres están peor remunerados), la infravaloración de los trabajos femeninos y la asunción de cuidados, que repercuten en un menor desarrollo de la carrera profesional (y, por tanto, menor presencia en puestos de dirección).

  • Brecha de empleo: refleja la diferencia en cuanto a la situación laboral de hombres y mujeres, teniendo en cuenta los índices de contratación y las personas demandantes de empleo paradas e inscritas en los Servicios Públicos de Empleo.

  • Brecha de cuidados: tradicionalmente las mujeres son quienes más se ocupan de labores de atención a personas dependientes en el hogar, así como de los trabajos domésticos. Aunque se han dado grandes avances en esta área, aún sigue representando una importante brecha de género.

  • Brecha educativa y digital: aunque se va cerrando, ha existido tradicionalmente un menor número de mujeres dedicadas a profesiones STEM, tanto a nivel de estudios como de profesiones, a posteriori. La desigualdad de género en cuanto a acceso, uso y competencias tecnológicas limitan las oportunidades de aprendizajes y empleo. Es fundamental, para acabar con ella, que las niñas tengan referentes femeninos en estas áreas.

  • Brecha de poder y representación: en 2025, solo el 27,2% de los escaños parlamentarios en el mundo eran ocupados por mujeres. En el máximo nivel, solo 28 mujeres ocupaban puestos de jefatura de Estado o Gobierno (de 193 países). Se estima que la igualdad en cuanto a poder y representación tardará entre 130 y 162 años en llegar.


Brecha salarial de género: cuánto ganan menos las mujeres hoy


En España en 2026 las mujeres ganan una media de 5158 euros menos que los hombres. La brecha, estancada en un 20% desde hace años según la Encuesta de Población activa, señala ciertas profesiones como las más afectadas, con brechas que llegan hasta el 30% en actividades científicas, técnicas o financieras, entre otras. Además, la mayoría de los contratos a tiempo parcial son de mujeres, lo que también influye en la brecha.

A nivel mundial, esta brecha está entre un 20 y un 23%. Es decir, hay mujeres ganando ese porcentaje menos por trabajos de igual valor. El Foro Económico Mundial cree que se necesitarían entre 130 y 275 años para cerrar esta brecha. Obviamente, ninguno de los que estamos aquí lo veremos.
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El impacto de la maternidad en los salarios


Para muchas mujeres la maternidad supone un punto de inflexión no solo a nivel vital sino también profesional. Muchas deciden recurrir a excedencias o reducciones de jornada. Y eso influye, en cualquier ámbito y sector, en la capacidad de progreso profesional. La penalización salarial por maternidad sigue existiendo y no, no afecta por igual a los hombres, pese a que hay mayor índice de corresponsabilidad.

La brecha salarial y profesional para las mujeres a partir de la maternidad se amplía con la edad llegando hasta la jubilación.

Por qué la brecha de género no se corrige solo con leyes


Si bien las leyes son necesarias para acabar con la brecha de género, no es en absoluto suficiente. ¿Por qué? La razón hay que buscarla en lo más profundo de nuestra organización social, cultural y económica. Sigue sin existir una corresponsabilidad real y en muchas empresas las políticas de igualdad quedan en el papel, como mero requisito legal pero sin traducción real al día a día de las mujeres (y también de los hombres).

Veamos en detalle algunas razones por las que la brecha de género necesita algo más que leyes:

  1. - Rol de cuidados: aún existe una carga mayor del trabajo doméstico y del cuidado de las personas dependientes por parte de las mujeres. Según el INE (2025), las mujeres dedican una media de cuatro horas diarias a tareas domésticas y cuidados, frente a las dos que dedican los hombres (y la diferencia no ha cambiado de forma significativa desde 2015). Y ese trabajo no está remunerado, pero afecta al tiempo y la energía, que impide a las mujeres prosperar a nivel profesional en sus respectivas áreas.

  2. - División sexual del trabajo: tradicionalmente existen reticencias a otorgar trabajos que normalmente han llevado a cabo hombres o mujeres. Por ejemplo, a nivel de alta dirección o financiero, solo uno de cada cuatro cargos directivos en España está ocupado por mujeres (Eurostat, 2024). También ocurre si hablamos de trabajos más manuales relacionados con la mecánica o la construcción, entre otros, donde aún sigue siendo llamativo encontrar a mujeres.

  3. - Sesgos de género socioculturales (inconscientes): hay conceptos tan arraigados que a veces no se es consciente de los sesgos que inconscientemente se implantan en cuanto a contratación, promoción o establecimiento de salarios dependiendo del género, por muchas leyes que existan. La OIT (2023) señala que los sesgos inconscientes siguen siendo uno de los principales obstáculos para cerrar la brecha salarial y de representación a nivel mundial.


Qué dicen los datos sobre el futuro de la igualdad


A día de hoy, el futuro de la igualdad de género alterna grandes avances con retrocesos silenciosos. Si bien hay progresos visibles, existen todavía barreras que dificultan la plena igualdad, sobre todo en contextos menos desarrollados económica y socialmente, o donde la religión (que normalmente perjudica al sexo femenino) se considera ley.

Avances reales vs retrocesos silenciosos


A nivel mundial se ha conseguido reducir gran parte de la brecha de género. El Global Gender Gap Report 2025 (World Economic Forum) señala que se ha cerrado en un 68,8% y de los 14 indicadores reportados, 11 muestran mejoras recientes.

Especialmente desde 2006 los avances han sido importantes en cuanto a empleo, educación y liderazgo, teniendo países como Islandia, Finlandia, Noruega o Nueva Zelanda como ejemplos de paridad.

En España, según Eurostat (2025) hemos avanzado en la brecha en los últimos años. Se muestra por ejemplo en la incorporación de la mujer al empleo, pasando del 58,2% en 2010 al 63,5% en 2024.

Si hablamos de la Unión Europea, también se han visto significativos avances en cuanto a educación y formación, superando la proporción de mujeres con estudios superiores a hombres en muchos países de la UE.

Sin embargo, pese a los avances, hay importantes retrocesos silenciosos: salarios más bajos (en España, por ejemplo, apenas se han notado cambios en la diferencia salarial entre hombres y mujeres desde 2015), empleos más precarios, inestables o parciales y la “doble jornada” de las mujeres (trabajo doméstico no remunerado).

En cuanto a paridad en participación económica, el crecimiento es desigual, presentando una brecha del 60,7%. Si hablamos de liderazgo político, aún más de tres cuartas partes de los puestos siguen estando ocupados por hombres, estando muy lejos de la igualdad.
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Además de todo, recientemente están surgiendo movimientos que intentan hacer volver a las mujeres a un rol de cuidadoras y amas de casa, como ejemplo de lo que debe ser una “mujer bien”. Tendencias como esta son altamente peligrosas para el avance de las sociedades.

Preguntas frecuentes (FAQ) sobre la brecha de género


Vamos a hacerte un resumen de todo lo que te cuento más arriba, para que puedas dar respuestas rápidas a las preguntas más repetidas sobre la brecha de género.

  • ¿Ha disminuido la brecha de género en los últimos años? Evidentemente sí. La brecha de género ha disminuido, pero de forma lenta y desigual. Pero cerrar la brecha puede tardar más de un siglo (o dos). Los avances, no obstante, son desiguales entre países, generaciones y sectores.

  • ¿En qué ámbitos es mayor la desigualdad? La desigualdad de género es mayor si hablamos de salarios, liderazgo, trabajo de cuidados y seguridad económica. Y todo ello, a pesar de los avances legislativos.

  • ¿España está mejor o peor que otros países? España ha progresado si hablamos de liderazgo y educación; sin embargo, la brecha de género es aún amplia (y sin apenas avances en la última década) en cuando a igualdad laboral y salarial.

  • ¿Qué relación hay entre el 8M y los derechos laborales? El 8M cada año nos recuerda que la igualdad laboral es un derecho humano, y que las mujeres merecen salarios justos y las mismas oportunidades que los hombres.


Entonces, ¿por qué el 8M sigue siendo necesario?


La brecha de género sigue estando presente, pese a los avances. Y la brecha no es solo un número, sino oportunidades perdidas, carreras truncadas y vidas condicionadas por el género. Por eso, el 8M sigue siendo necesario para continuar la senda de cerrar la brecha de género. Es un recordatorio anual de que la igualdad sigue siendo un objetivo necesario y urgente para poder avanzar.

Porque cuando somos conscientes de que las mujeres duplican el número de horas dedicadas a los cuidados no remunerados en comparación con los hombres, o cuando conocemos que la brecha salarial apenas se ha reducido en la última década, entendemos la dimensión de un desafío global que necesita empuje y presencia constante en nuestras vidas.

El 8M no va solo de celebrar los logros, que también. Ni va de felicitarnos y hacer como si no pasara nada el resto del año. El 8M va de mantener la presión para que las cosas cambien, de visibilizar lo injusto y de hacer entender que el futuro será con las mujeres, o no será.