Elena, Gabriela y Mónica son voluntarias de la Universidad Rey Juan Carlos y de la Carlos III, ambas de Madrid. Ayuda en Acción mantiene convenios de colaboración con dichos centros educativos para realizar acciones de voluntariado internacional con su alumnado. Durante el verano de 2026, tres jóvenes han viajado y ahora cuentan su experiencia en terreno. ¡Quédate a leerla!




Tres meses pueden parecer poco. Pero cuando se comparten con una comunidad, se escucha, se aprende y se trabaja mano a mano, pueden convertirse en una experiencia que deja huella.

Somos tres voluntarias españolas que desde agosto de 2026 hemos tenido la oportunidad de acompañar en Ecuador a organizaciones campesinas que están impulsando nuevas formas de producir y comercializar café, cacao y aceites esenciales, con el apoyo de Ayuda en Acción y la financiación de la Generalitat Valenciana.

El objetivo va mucho más allá de mejorar un producto o aumentar unas ventas. Se trata de contribuir al desarrollo rural y al emprendimiento de las mujeres agricultoras, fortaleciendo su autonomía y generando oportunidades desde la igualdad y la sostenibilidad.

Mucho más que un producto


Durante nuestra estancia hemos trabajado especialmente junto a la asociación de productoras de la cadena de aceites esenciales, la más joven de las tres asociaciones. Acompañar un proyecto que está dando sus primeros pasos ha significado trabajar en cuestiones muy concretas: mejorar la gestión de costes y ventas, fortalecer sus capacidades comerciales, buscar nuevos clientes, preparar los productos para su comercialización o aprender a comunicar mejor lo que hacen.

Hemos impartido talleres, acompañado a las productoras en ferias y participado en una rueda de negocios en Quito, ayudando en la presentación de sus productos y conectando con posibles clientes.
También hemos trabajado en el etiquetado y los envases, adquirido equipamiento para una destilación segura y puesto en marcha herramientas digitales como las redes sociales de la marca para empezar a dar visibilidad a sus productos. Pero lo más importante no siempre se puede contar en una lista de actividades. Porque detrás de cada producto hay personas, historias y comunidades.

Poner a las personas en el centro


El proyecto trabaja desde una mirada basada en los derechos humanos, la igualdad de género y la sostenibilidad. Esto significa que fortalecer una actividad productiva no es suficiente si las desigualdades que afectan a las personas que la desarrollan permanecen intactas.

Por eso, junto al trabajo sobre emprendimiento y comercialización, hemos participado en actividades de sensibilización sobre consumo responsable y masculinidades críticas y transformadoras. Las mujeres con las que hemos trabajado se enfrentan en ocasiones a barreras que limitan su participación, su acceso a recursos o su capacidad de decisión. Generar espacios de reflexión compartida, involucrando también a los hombres de las comunidades, es parte esencial de cualquier proceso que quiera avanzar hacia relaciones más igualitarias.

Lo que queda cuando nos vamos


Nos llevamos muchos resultados concretos: nuevos conocimientos, herramientas digitales, mejoras en los productos y mayores capacidades para afrontar la comercialización, la atención al cliente, los costes y la definición de precios.

Son resultados importantes. Pero por encima de todo está aquello que no se ve: las capacidades que quedan en las personas y las comunidades. Ese ha sido uno de los aprendizajes más importantes de nuestro voluntariado: nuestro papel no es llegar con todas las respuestas, sino acompañar procesos que ya existen, compartir herramientas, aprender juntas y contribuir a que puedan seguir avanzando de forma autónoma cuando nosotras ya no estemos allí.

Tres meses en Ecuador que no nos han dejado indiferente


Trabajar junto a las comunidades en este voluntariado en Ecuador en 2026 nos ha permitido conocer sus territorios, compartir su día a día y entender que acompañar significa, sobre todo, escuchar, adaptarse y aprender.

Nos vamos con la certeza de que los procesos de desarrollo necesitan tiempo. Que no todos los avances son inmediatos. Que detrás de cada resultado hay meses de trabajo, dudas, esfuerzo y confianza construida poco a poco. Y también con una idea que resume bien nuestro paso por Ecuador: nosotras hemos acompañado una pequeña parte del camino, pero el proyecto pertenece a las comunidades que lo hacen posible y que seguirán construyéndolo cuando nuestro voluntariado termine.

Quizá ahí esté el verdadero sentido de acompañar: llegar para sumar, aprender juntas y dejar capacidades que puedan seguir creciendo cuando ya no estemos.