Soy Elena Madinabeitia, doctora en Neurociencias, con una firme vocación tanto en investigación como en docencia. Combiné mis estudios con la especialización del master en profesorado, lo que me ha permitido adquirir una formación integral entre la educación y el deporte. Y esto es lo que me hizo llegar a este voluntariado.

Llevaba años planteándome un voluntariado internacional, pero a veces encontrar el momento y el lugar oportuno no es fácil. De repente, la oportunidad se presentó delante y no me lo pensé: iba a hacer mi voluntariado internacional en El Salvador con Ayuda en Acción.

Aterricé en San Salvador a mediados de julio, con una maleta llena de ropa, antimosquitos y mucha ilusión. Desde que mis pies tocaron la tierra del surf, de los volcanes y del café, encontré brazos abiertos que me acogieron y cuidaron cuando lo necesité. He recorrido el país de occidente a oriente conociendo los proyectos que lleva a cabo Ayuda en Acción, el impacto real de las acciones y la labor de las personas que forman los equipos de trabajo.

Todo ello ha fortalecido mi vocación y reafirma mi idea de que las acciones individuales, cuando se suman a las de otras personas en una misma dirección, transforman la realidad y generan grandes cambios. Podría resumir mi voluntariado como un viaje a otro mundo. Sin duda alguna me llevo una experiencia única de crecimiento profesional y personal.

Voluntariado en El Salvador: “trabajé más de lo que pensaba, pero no cambiaría nada de mi experiencia”


En el aspecto profesional, sabía que iba a trabajar bastante, pero trabajé más de lo que pensaba. Fue debido a mi implicación en cada proyecto y a mis ganas de colaborar y ayudar en todo lo posible, tanto con los equipos como con las comunidades. Sin embargo, no cambiaría nada de mi experiencia.

En la parte occidental presté apoyo al equipo de fronteras que brinda ayuda humanitaria y apoyo psicológico a niños, niñas, adolescentes y familias en situación de tránsito migratorio. Tuve la oportunidad de impartir una charla al equipo sobre la importancia del autocuidado y una formación en juegos cooperativos y técnicas participativas como herramienta de cohesión grupal y participación.

En Tacuba, zona considerada de extrema pobreza, trabajamos los derechos de los niños/as y adolescentes, a través del juego en una jornada lúdica con niños, niñas y sus familiares. En el marco del programa RECLIMA se hicieron un par de acciones de reforestación y limpieza de plásticos y otros residuos, con el fin de restaurar el ecosistema, conservar la biodiversidad de la zona y concienciar sobre la importancia de los bosques como reguladores del clima. En el centro escolar rural El Gavilán realizamos actividades deportivas, un espectáculo de magia y trabajé con el profesorado encargado de impartir educación física compartiendo una guía orientativa.

En la parte oriental desarrollé un curso al equipo técnico de las escuelas socio-deportivas de La Unión para mejorar las habilidades y estrategias de los mismos, participé en una de las sesiones deportivas de fútbol semanales de la escuela socio-deportiva e impartí clases de Educación Física en varios centros escolares.

En mi voluntariado esperaba mucho menos de lo que recibí


Me esperaba amabilidad y cercanía, pero recibí mucho más que eso. Conocer otras realidades de la mano de personas locales ha sido todo un privilegio, he compartido camino con profesionales que, día a día, se esfuerzan en ofrecer un mejor servicio en las comunidades, trabajando en red para llegar más lejos y cubrir todos los ámbitos de intervención necesarios.

He encontrado una comunidad que lleva la resiliencia por bandera, trabajadora y humilde, que comparte lo que tiene porque sabe que, compartido, todo es mejor. He conocido comunidades que, aun perdiéndolo todo, han sabido unirse, levantarse y resurgir más fuertes. Conocí culturas nuevas, con otras formas de vida y costumbres, pero con similitudes profundas: la importancia de la comunidad y la unión trascienden cualquier diferencia.

Y también he encontrado personas que, como yo, estaban de paso, con quienes compartí momentos y vivencias maravillosas. Pero sobre todo, más que compañeros y compañeras de trabajo, encontré amigos y amigas, con quienes he creado lazos muy fuertes que estoy segura se mantendrán en el tiempo y al otro lado del Atlántico.

La verdadera riqueza está en las personas, en su capacidad de crear, de reinventarse, y de compartir


Me traigo una maleta llena de abrazos, de sonrisas, de gestos generosos, de recetas nuevas y de paisajes que permanecerán grabados en mi memoria. Me llevo compañeros y amigos, y una familia salvadoreña que me abrió sus puertas y me hizo sentir en casa.

Dejo un pedacito de mi corazón en ese pequeño país sobre el mapa, pero enorme en la grandeza de su gente.

También me he encontrado dificultades, pero eso forma parte del aprendizaje de la vida, sin esos momentos no se crece ni se avanza. La experiencia positiva supera con creces ese lodo en el camino. Además, me llevo el grato regalo de volver con cosas tachadas de mi lista de deseos, pero esa información la atesoro para mí.