En el distrito de Adjumani, Uganda, las comunidades de refugiados y de acogida enfrentan múltiples desafíos relacionados con la pobreza, el acceso limitado a servicios básicos y la presión sobre los recursos naturales. Las mujeres, principales responsables de la cocina, dedican entre 4 y 9 horas diarias a recoger leña y preparar alimentos, lo que limita sus oportunidades económicas y educativas. Esta situación también agrava la deforestación, especialmente en zonas como el bosque de Zoka, debido al uso intensivo de biomasa como fuente de energía. Además, la escasa integración de pequeños productores en cadenas de valor sostenibles y los altos niveles de deserción escolar, especialmente entre niñas adolescentes, profundizan la desigualdad y la exclusión social. Estas condiciones generan una urgente necesidad de soluciones innovadoras que mejoren la calidad de vida, impulsen la sostenibilidad ambiental y fortalezcan el empoderamiento de las comunidades locales.