Níger es uno de los países con menor desarrollo humano y mayor desigualdad de género del mundo, enfrentando una profunda crisis alimentaria y nutricional, especialmente en regiones como Tahoua. La población depende de medios de vida frágiles como la agricultura, la ganadería y la pesca, todos altamente vulnerables al cambio climático, la degradación ambiental y los conflictos armados en zonas fronterizas. La región sufre crisis recurrentes, incluidas sequías, inundaciones y epidemias, que agravan la malnutrición, afectando principalmente a menores de cinco años y mujeres en edad reproductiva. Las tasas de desnutrición aguda y anemia superan ampliamente los umbrales críticos establecidos por la OMS. Esta situación se ve intensificada por la baja diversificación económica, el rápido crecimiento demográfico, la falta de servicios básicos y la inseguridad.