Todos tenemos clara la gran importancia del agua para poder llevar una vida digna. Y es que el agua es indispensable para la vida: lo es para producir los alimentos que comemos, para garantizarnos una higiene básica y -cómo no- para el consumo humano directo. De hecho, se estima que más de 2000 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a agua potable o a saneamiento básico seguro. Por eso, evidentemente, el acceso a agua se considera un derecho humano básico, y no solo una cuestión ambiental.
En África, donde el cumplimiento de los derechos humanos se ve amenazado por varios frentes, al menos el 65% del territorio sufre escasez de recursos hídricos. Esto no solo implica que tengan apenas agua para regar sus cultivos, sino que ello supone un menor acceso a alimentos, a aseo personal, a progreso en sus comunidades… Todo esto conlleva una pérdida de dignidad y desarrollo personal que afecta al cumplimiento de sus derechos humanos.
Por si fuera poco, la falta de agua también acelera los efectos del cambio climático. Esto desemboca en un incumplimiento del derecho al medio ambiente, reconocido incluso en algunas constituciones (entre ellas la española).
Los derechos humanos están en juego, y en parte, dependen también del derecho al agua.
Las principales consecuencias de la escasez de agua potable en los países en vías de desarrollo
Los problemas generados por la escasez de agua potable en los países en vías de desarrollo son extremadamente graves, además de resultar muy numerosos y variados: enfermedades, hambrunas, guerras... Pero, en el fondo, todos estos problemas están estrechamente relacionados entre sí.
Agua como freno al desarrollo social y económico
La ausencia de agua de calidad dificulta (o impide, directamente) el desarrollo de la industria local de los países más pobres. Sus gobiernos se verán forzados a importar la mayor parte de los productos de consumo, lo que aumenta su deuda externa. Por otra parte, el sector primario (la ganadería y, muy especialmente, la agricultura) precisa de grandes cantidades de agua. Los largos periodos de sequía, además de suponer un importante lastre para los ingresos de los agricultores, se traducen en escasez de alimentos para la población local.
Graves consecuencias sobre la salud
La pobreza está directamente relacionada con el surgimiento de problemas graves de salud. Esto se debe, principalmente, a la falta de acceso a fuentes de agua potable. El consumo de aguas estancadas y contaminadas a causa de la sobreexplotación del hombre provoca diarreas, disentería y cólera. Es uno de los motivos fundamentales que explica las elevadas tasas de mortalidad infantil en las regiones más desfavorecidas. Además, el consumo de estas aguas contribuye sensiblemente a la expansión del VIH, al debilitar la salud de las personas afectadas por la enfermedad. Por otra parte, la escasez de fuentes hídricas es la mayor responsable del surgimiento de enfermedades relacionadas con la falta de higiene, así como de las muertes por deshidratación. No en vano, hemos de recordar que, si escasea el agua, escaseará también la comida, por lo que los periodos de hambruna son unas tristes constantes en estas regiones.
Las peores consecuencias del cambio climático mundial
Muchas de las zonas afectadas por la escasez y demás problemas del agua suelen padecer, habitualmente, importantes episodios de sequía (un hecho que empeora la situación de desventaja de la que parten estos países). Por si esto fuera poco, la falta de lluvias en estos lugares se verá, presumiblemente, incrementada a causa del cambio climático, lo que se traducirá en un mayor número de incendios y la pérdida de grandes recursos naturales a causa de la evaporación de grandes masas de agua en los lagos y ríos.
Inestabilidad y violencia: movilidad forzada y guerras del agua
La desigual distribución de los recursos hídricos en las regiones más deprimidas hace que grandes zonas queden desabastecidas mientras pequeños núcleos (urbanos, principalmente) gozan de la mayor parte de las infraestructuras (y esto incluye el acceso a las fuentes de agua dulce). Como consecuencia, son bastante frecuentes las migraciones forzosas, un fenómeno que genera multitud de tensiones y conflictos entre pueblos. De hecho, la preocupación por lo que se han venido a denominar “las guerras del agua” en África está siendo actualmente tratada en la ONU, que considera que gran parte de los conflictos bélicos del futuro será motivada por la lucha por el agua. Por otra parte, las mujeres deben soportar constantemente episodios de violencia relacionados con la escasez de los recursos hídricos. En los países pobres son ellas las encargadas de abastecer de agua a los hogares, un hecho que les obliga a recorrer diariamente varios kilómetros hasta los pozos de agua más cercanos, cargando con pesos de hasta 20 kilos; y, en el caso de que falte, suelen sufrir palizas de sus maridos.
¿Cómo afecta la falta de agua a los derechos humanos?
Cuando el agua falta, los derechos humanos se resienten. Vamos a analizar cómo afectarían a algunos derechos básicos:
Agua y derecho a educación
Cuando no hay agua, se acude a fuentes cercanas para conseguirla. En muchas culturas, son los niños y niñas los encargados de esta tarea doméstica. Esto les impide invertir el tiempo en ir a la escuela, generando altos índices de absentismo escolar y repercutiendo en un menor rendimiento académico (que también puede verse afectado por la deshidratación o la ingesta de agua en malas condiciones, que provocan enfermedades asociadas). Pero, ¿y cuando el agua falta en las propias escuelas? Se convierten entonces en foco de enfermedades debido a la falta de higiene, que además afecta más a las niñas en edad de menstruar, quienes deciden no ir a la escuela durante los días de regla.
Agua y derecho a la salud
La mala calidad del agua genera enfermedades evitables como las diarreas, el cólera, enfermedades en la piel, etc. Además, dichas enfermedades pueden provocar un aumento de asistencia a sistemas de salud ya muy deteriorados de por sí. Especialmente sensible es la situación cuando es necesario realizar operaciones o intervenciones como por ejemplo un parto (el riesgo de infecciones se dispara).
El agua en mal estado provoca además una deficiente absorción de nutrientes, lo que genera una mayor desnutrición, sobre todo entre la infancia.
Cómo combatir los problemas generados por la falta de agua
No existe un único camino para solucionar los problemas de escasez de agua en los países en vías de desarrollo. Sin embargo, lo primero de todo es ser consciente del problema, ¡y ese paso ya lo has dado!
No es en absoluto fácil dar una solución a este problema, porque será necesario abordar varias estrategias al mismo tiempo. Esto puede incluir poner en marcha sistemas de reutilización y reciclaje de agua (desalinizadoras), así como mejoras en la gestión de los sistemas de almacenaje ya existentes.
Si te preguntas qué puedes hacer tú, puedes empezar exigiendo a los gobiernos un compromiso humanitario firme. Lo puedes hacer a través de tu activismo o bien uniéndote a organizaciones como Ayuda en Acción, que trabaja sin parar para dar acceso a diferentes derechos humanos. ¿Contamos contigo?
Miles de personas no tienen acceso a agua potable. Hazte socio y cambia vidas.
