Quizás has oído alguna vez que la educación es mucho más de lo que se aprende en la escuela. ¡Y no podemos estar más de acuerdo! Hoy te contamos qué es la educación emocional y te damos razones para tenerla en cuenta. ¡Quédate para saber más!

Qué es la educación emocional y por qué es importante


Cuando hablamos de educación emocional nos referimos a un proceso educativo que se centra en lo afectivo. Unido a otras habilidades cognitivas, la educación emocional forma parte de la educación integral de una persona, lo que ayuda a formar la personalidad. Podríamos decir que se trata de educar la personalidad para dar respuesta a los retos del día a día mejorando el bienestar personal, pero también social.

En los últimos años la educación emocional no ha hecho más que cobrar importancia. Incluso la UNESCO ha respaldado su relevancia en el proceso educativo desde la primera infancia. Y en efecto, es importante porque potencia el desarrollo integral de la personalidad, al conectar la inteligencia emocional con los conocimientos formales y el desarrollo cognitivo. Además, la educación emocional es un proceso largo, ¡tanto como la propia vida! Nunca se deja de aprender, tampoco en cuanto a emociones se refiere.

El hecho de que la educación emocional sea tan importante para las personas y para la sociedad hace que sea indispensable que forme parte del proceso educativo formal.

Beneficios del desarrollo de habilidades emocionales


Las habilidades emocionales adquiridas a través de la educación emocional nos permiten comprender y gestionar tanto nuestras propias emociones como las de otras personas. Esto, irremediablemente repercutirá en mejores relaciones interpersonales, más capacidad para afrontar situaciones adversas o de toma de decisiones.

Pero veamos, uno por uno, los principales beneficios de desarrollar habilidades emocionales, adquiridas a través de la educación emocional.

Mejora del bienestar y la salud emocional


Aprender a reconocer nuestras propias emociones y saber cómo gestionarlas nos ayuda también a mejorar nuestro propio bienestar, así como del entorno en el que nos manejamos habitualmente. A través de la educación emocional prevenimos, además, problemas de salud mental como pueden ser la ansiedad o el estrés y además. Esto ocurre porque fomentamos nuestra autoestima a través de un proceso de autoconocimiento que nos permite también ser útiles para resolver ciertas situaciones.

Fortalecimiento de las relaciones interpersonales


Otro de los beneficios de la educación emocional es la posibilidad de fortalecer las relaciones que establecemos con otras personas. Gracias a ella podemos mejorar nuestras capacidades a la hora de comprender, expresar o gestionar emociones, no solo las nuestras sino también de las personas con las que nos relacionamos. Esto nos permite crear mejores relaciones interpersonales, más sólidas, sinceras y satisfactorias.

Haber trabajado la educación emocional permite colaborar o comunicarnos mejor con otros/as, lo cual facilita o impulsa tanto la vida personal como la profesional. Es necesario trabajar en la resolución de conflictos, la comunicación efectiva o la empatía.

Prevención de problemas de conducta y estrés


Ya lo decíamos antes: haber trabajado desde la infancia la educación emocional ayudará a prevenir posibles enfermedades mentales, o situaciones que compliquen la relación con otras personas. La educación emocional desarrolla habilidades como la empatía, la regulación y la conciencia emocional, la autonomía emocional o las propias habilidades sociales.

Aumento del rendimiento académico y laboral


La educación emocional no determina el éxito en lo académico o laboral, pero sí ayuda en la gestión de procesos. Al trabajar habilidades como la autoregulación, la empatía, la comunicación efectiva o la escucha, quienes han sido educados emocionalmente tienen mejores habilidades para manejar situaciones que repercutan tanto en los estudios (capacidad de gestión del estrés ante exámenes, capacidad de atención y retención, seguridad…) o en lo laboral (capacidad de liderazgo, de trabajar bajo estrés y en equipo, de negociación o de resolución de conflictos, entre otros).

Cómo gestionar las emociones en el día a día


Reconocer nuestras emociones y saber cómo gestionarlas mejor es uno de los éxitos de la educación emocional. Para saber mejor cómo hacerlo, te damos algunas claves. ¡Sigue leyendo!

Técnicas para identificar y nombrar emociones


Hay mucha literatura infantil que nos ayudan a trabajar la educación emocional a través de técnicas para identificar y nombrar emociones. También existen canciones que nos ayudan a hacerlo. Pero hay muchas otras cosas que podemos hacer. Te damos algunas ideas:

  • 1. Crea un rincón de las emociones: dar un espacio físico específico, con recursos, donde se pueda acudir cuando tengamos alguna situación que resolver o sobre la que pensar.

  • 2. Dibuja un semáforo de las emociones: asociar las emociones con colores (a través de pegatinas, por ejemplo) es un recurso muy útil para trabajar desde la primera infancia.

  • 3. Utiliza muñecos o personajes que representen sentimientos: hay muñecos que pueden representar diferentes emociones de las que hablar con los más pequeños.

  • 4. Elabora un diccionario visual de las emociones: en él, a través de imágenes y palabras, intentaremos explicar de la mejor forma posible las diferentes emociones que experimentamos.

  • 5. Utiliza la expresión artística como forma de expresión de emociones: teatro, música, dibujo… ¡son herramientas fantásticas!

  • 6. Habla: las conversaciones de temas emocionales son muy importantes desde la infancia. No hay que restar importancia a las emociones de los niños y niñas en ningún momento: ¡se está formando su personalidad y necesitan expresarse!

  • 7. Haz ejercicio: a veces simplemente un ejercicio de respiración es útil para poder calmarnos.

  • 8. Diario emocional: una técnica muy interesante para poder trabajar nuestras emociones y dar la mejor solución a momentos más complicados.


Estrategias para regular emociones intensas


Existen técnicas y estrategias de educación emocional que nos permiten regular nuestras emociones, sobre todo cuando se dan en momentos de presión o de alta intensidad.

Como principal estrategia, diríamos que está saber reconocer las emociones (y saber nombrarlas). Esto te ayudará a regular tus respuestas. También ayudará conocer técnicas de relajación para no “explotar”. En el caso de la infancia, es muy importante empezar desde pequeños a marcar los límites (por ejemplo, saber decir “no”), es sin duda una gran estrategia para regular emociones intensas.

En caso de que no podamos hacerlo de manera individual, otra estrategia es buscar apoyo con personas de nuestra máxima confianza (en el caso de menores, suelen ser las mamás y los papás).

Hay muchas más estrategias como la creación de espacios de calma. ¡Anímate a crear uno!

Prácticas de autocontrol y empatía


Todas estas técnicas que hemos ido viendo nos ayudarán a tener herramientas para autocontrolarnos y tener más empatía con nuestros semejantes. Poner en marcha técnicas de mindfulness o de relajación (el yoga es una de ellas) pueden ayudarnos a dar una respuesta con más control y más respeto hacia otras personas.

Educación emocional en la infancia y adolescencia


Ya lo hemos dicho: educar en lo emocional es tan importante como hacerlo en lo académico. Más aún, si cabe, porque la educación emocional abarca todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, ya desde la primera infancia. Haber recibido una educación emocional es clave para superar momentos difíciles en la vida, como puede ser la adolescencia, una época con muchos cambios y donde será crucial trabajar este tipo de educación.

El papel de padres, madres y educadores


El papel de los progenitores y de personal educativo es determinante en la educación emocional durante la infancia y la adolescencia. No olvidemos que son ejemplos a seguir y sobre todo, personal de apoyo, escucha y acompañamiento. Al ser la educación emocional un proceso continuo y que se desarrolla en cualquier aspecto de la vida, es importante que haya cierta colaboración entre padres, madres y personal educativo. ¡Habla de ello si te preocupa!

Actividades para desarrollar la inteligencia emocional


Seguro que, aunque no te des cuenta, has puesto ya en marcha actividades que desarrollan la inteligencia emocional. De todas formas, te damos algunas ideas que pueden ayudarte a hacerlo conscientemente:

  • 1. La pelota de las emociones: sentados en círculo, se va pasando una pelota (o lanzando aleatoriamente) y el niño o niña que la coja debe decir la emoción que está pasando en ese momento.

  • 2. Juego de agradecimiento: es una actividad muy bonita porque cada niña o niño debe agradecer a alguien o algo. Sin duda, hace florecer sentimientos positivos y la empatía entre el resto.

  • 3. Juegos de rol: podemos plantear ciertos conflictos y repartir papeles de cómo actuaría ante ellos cada tipo de personas, para después hablar abiertamente de qué siente cada personaje, y cómo resuelve el problema en cuestión.

  • 4. Termómetro de las emociones: dibuja un gran termómetro y da tarjetas de colores que se puedan ir pegando en él. Las emociones intensas se colocarán con colores rojos, por ejemplo, en las temperaturas más altas. Se trata de que cada niño o niña luego pueda expresar por qué se siente de una u otra forma.


Integración en el entorno escolar


Contar con un ambiente sano, positivo y sin tensiones o conflictos es bueno para la convivencia. También para la escolar. Dar herramientas de inteligencia emocional hace posible que se creen relaciones igualitarias y saludables. Pero además, puede prevenir o minimizar situaciones como el acoso escolar.

Además de todo ello, crecer en un buen ambiente escolar genera también mejores resultados académicos, puesto que el alumnado puede centrarse en las materias dejando de lado situaciones de agobio que pueda provocar la tensión de la vida escolar, especialmente cuando van creciendo.




En Ayuda en Acción, a través de nuestros proyectos, llevamos a cabo una educación integral de niños y niñas, especialmente de aquellos que son apadrinados y se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.