La falta de agua es sin duda una violación de los derechos humanos. No lo decimos nosotros, lo reconoció la Asamblea General de la ONU en el año 2010. Y es que contar con agua potable y saneamiento es indispensable para llevar a cabo una vida digna, pero también para cuidar la salud y poder cumplir otros derechos. Hoy analizamos por qué la crisis de agua es, por tanto, también una crisis de derechos humanos. ¡Quédate a leer y entérate de todo para poder tener una causa más por la que luchar!
Qué es la crisis del agua y por qué es un problema global
Para hablar con propiedad, es necesario conocer los datos. Así que en este apartado te vamos a explicar, primero, qué es la crisis de agua, y después te daremos los datos que demuestran que vivimos un momento complicado.
Qué entendemos por crisis del agua
Las crisis se suelen dar por múltiples factores, pero básicamente consiste en que la demanda es mayor a la oferta. En el caso de la crisis de agua ocurre exactamente esto: la necesidad de agua es mayor a lo que el mundo puede ofrecer. Hablamos de agua, por supuesto, con las mejores condiciones de calidad y dulce (ya que el agua salada, aunque es abundante, no es apta para uso humano a no ser que pase por un proceso químico).
La crisis del agua se da, entonces, cuando existe escasez de agua por causas como la sobreexplotación o las sequías, pero también por causas económicas. No olvidemos que contar con infraestructuras es necesario para llevar el agua a los hogares.
La falta de agua y saneamiento afecta, entonces, a las necesidades básicas de las personas, pero también a los ecosistemas. Su escasez provoca lo que se llama estrés hídrico, contaminación de las fuentes y conflictos, entre otros.
Cuántas personas viven hoy sin acceso a agua potable
Según las últimas cifras que conocemos, a partir de informes de organismos internacionales de Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 2200 millones de personas no tienen acceso a agua potable o saneamiento básico seguro. Si hacemos las cuentas según la población mundial, eso equivaldría a una de cada cuatro personas.
Entre la población más perjudicada por su gran vulnerabilidad estaría la infancia, principalmente aquella que vive en entornos rurales. El ritmo de desarrollo al que avanzamos no es suficiente para lograr un acceso universal a agua limpia y saneamiento para tantas personas que viven en una permanente crisis del agua.
De estos 2200 millones, 115 beben agua directamente de ríos, lagos y otras fuentes de agua no tratadas, lo que les expone a numerosas enfermedades. Y no olvidemos que según dónde, una diarrea puede ser una enfermedad mortal, sobre todo en menores de cinco años.
Si nos referimos a servicios básicos y saneamiento, las cifras tampoco demuestran que estemos cerca de acabar con la crisis del agua… Más de 700 millones de personas no tienen acceso a servicios básicos de agua y 3500 no tienen acceso a servicios de saneamiento seguros. Imagina cómo de grave es el problema (sobre todo después de haber conocido una pandemia) si aún son 2000 millones las personas que carecen de instalación básica en sus hogares que les permitan un simple lavado de manos.
Por qué no es un problema del futuro, sino del presente
La crisis del agua es, efectivamente, un problema actual con el que convivimos, aunque no nos afecte directamente (o eso creamos… porque claro que afecta).
La crisis del agua impacta en la salud de las personas a nivel global, con todo lo que puede afectar a expansión de problemas sanitarios. Además, afecta a la seguridad alimentaria (bajada en la producción de alimentos y el encarecimiento de los que continúan produciéndose, consecuentemente).
Pero fundamentalmente, debe preocuparnos las consecuencias de la crisis del agua porque afecta al desarrollo de la humanidad. Y eso que al paso que vamos, será imposible cumplir con el objetivo de desarrollo número 6: “Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos”.
El acceso al agua potable es un derecho humano (¡por supuesto!)
Ya lo decíamos antes: vivimos en una crisis del agua que afecta al cumplimiento de los derechos humanos. Pero veamos qué dicen el mayor organismo internacional, la ONU, sobre ello.
Qué dice Naciones Unidas sobre el derecho al agua
Como dijimos antes, la Resolución 64/292 de la Asamblea General en el año 2010 reconoció el derecho al agua y saneamiento como un derecho humano. Establece entre 50 y 100 litros de agua por persona y día como una cantidad suficiente para satisfacer el derecho individual de cada persona.
Además, refiere también en dicha resolución que el coste de su uso no debería superar el 3% de los ingresos del hogar. En caso contrario deja de ser un bien asequible y comienza a ser un bien de lujo.
Por último, al establecer que es un derecho humano, se refiere también a que la fuente de agua limpia y segura no debe estar a más de un kilómetro del hogar y para llegar a ella no debe tardarse más de 30 minutos.
Plenamente consciente de que vivimos desde hace años una crisis del agua, en 2015 se lanzaron desde Naciones Unidas los ODS, aunque su cumplimiento en cuanto a agua está aún lejos de conseguirse.
Hasta 2028 está activo el Decenio internacional para la acción “Agua para el desarrollo sostenible” y en 2023 se adoptó la Agenda de Acción sobre el Agua. Otros acuerdos clave para atajar la crisis del agua es el Marco de Sendái para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 o el Acuerdo de París.
Qué implica este derecho en la vida de las personas
Vayamos al grano: no tener derecho al agua implica problemas de todo tipo:
- Problemas de salud: el agua limpia es fundamental no solo para beber, sino para preparar comida y para asearse. Con el derecho a agua limpia y segura se previenen también problemas de salud que afectan principalmente al aparato digestivo, pero también a la piel. Los problemas pueden ser especialmente graves, incluso provocar la muerte, en menores.
- Dignidad: el agua permite desarrollar actividades diarias. Poder asearse o tener un lugar íntimo, limpio y seguro donde realizar necesidades fisiológicas es fundamental para preservar la dignidad de las personas.
- Desarrollo: el simple hecho de tener acceso a una fuente de agua o en casa o relativamente cerca mejora las posibilidades de desarrollo personal. Ocurre por ejemplo en el caso de niños y niñas que, en muchos lugares del mundo, son los encargados de ir a buscar agua. El tiempo dedicado a esta tarea puede invertirse, de tener acceso a agua, en educación, y esto repercute directamente en el desarrollo futuro de sus comunidades.
Qué ocurre cuando se vulnera el derecho al agua
Cuando no se cumple este derecho, hay consecuencias que podríamos dividir en:
- Sanitarias: desde una diarrea hasta un brote de cólera o disentería, pasando por fiebres tifoideas, hepatitis A o poliomelitis. Todas estas enfermedades, letales en muchos casos, dependen del estado del agua que bebemos. ¿Me crees si te digo que el uso de aguas contaminadas y saneamientos deficientes o inexistentes es la principal causa de muerte de menores de cinco años?
- Económicas: la brecha económica se hace más profunda entre quienes tienen acceso a agua limpia y segura y quienes aún se ven privados de ese derecho. ¿Por qué? Porque está afectando a las posibilidades de optar a un trabajo, entre otras cuestiones. Además, una crisis del agua puede aumentar considerablemente los precios de este bien natural, lo que puede impedir su acceso para millones de personas que no tienen recursos económicos suficientes.
- Sociales: cuando hay escasez de agua pueden producirse conflictos por su explotación, lo que puede generar importantes conflictos, que popularmente se han llamado “guerras del agua”. Otra consecuencia puede ser un aumento de la migración forzada. Además, el no derecho a agua implica la vulneración de otros derechos como el derecho a educación (sobre todo para las niñas), a alimentación, al medio ambiente (además del derecho a la salud).
Las causas de la crisis del agua: más allá del cambio climático
Sí, la mano humana y sus consecuencias sobre el planeta influye en la crisis del agua. Pero no siempre viene directamente asociada al cambio climático: hay otras muchas causas. Veámoslas todas:
- Contaminación: las industrias contaminantes, pero también las mineras y las agrícolas, vierten residuos al agua que, de no existir un tratamiento adecuado, ponen en peligro la salud de las personas expuestas a esas fuentes de agua.
- Crecimiento poblacional y urbanización: a medida que pasan los años, las ciudades crecen y el medio rural se vacía. Esto hace que la demanda sea más alta en esos núcleos, no siempre preparados para proporcionar fuentes de agua limpia y segura a todos sus habitantes, creando brechas sociales y perjudicando la salud de los barrios más empobrecidos.
- Sobreexplotación: la agricultura consume el 70% del agua dulce. Además, el resto de sectores y las propias personas también hacemos un uso excesivo de este bien. El ritmo de renovación de las fuentes de agua no es tan rápido como el de consumo.
- Mala gestión: pueden existir fuentes de agua mal gestionadas, provocando desigualdades y enfrentamientos entre la población. Cuando en Ayuda en Acción ejecutamos proyectos de acceso a agua, siempre incluimos una parte para la gestión del agua, que en muchos de nuestros proyectos se lleva a cabo de forma comunitaria.
- Deforestación: que haya cada vez menos bosques también afecta al derecho al agua, ya que repercute directamente en las cuencas hídricas, afectando tanto a la cantidad como a la calidad del agua debido a la erosión de las tierras, ahora sin árboles.
Soluciones para garantizar el derecho al agua
No tenemos fórmulas mágicas para hacer frente a la crisis del agua. Pero lo que sí tenemos son ideas para garantizar o al menos facilitar el acceso a un derecho humano como es el derecho al agua.
Inversión en infraestructuras y gestión sostenible
No se trata solo de dar acceso a fuentes de agua limpia y seguras, sino de asegurar una inversión sostenible tanto en las infraestructuras creadas como en su gestión.
Educación, participación comunitaria y gobernanza
Tan importante como el acceso al agua es la posibilidad (y la capacidad para gestionarla). Por eso creemos que es fundamental apostar por formación en cuanto a gestión del agua siempre que realizamos proyectos de este tipo.
Cooperación al desarrollo
El acceso a agua no debe estar ligado a intereses empresariales. Por eso, para asegurar el acceso a un bien tan básico en lugares donde nadie quiere invertir, está la cooperación al desarrollo. Organizaciones como Ayuda en Acción llevamos décadas invirtiendo en el desarrollo de las personas a través de bienes como en este caso, el agua.
Qué puedes hacer tú frente a la crisis del agua
“Lo que hacemos es tan solo una gota en el vasto océano de la vida, pero ese océano sería menos si le faltara esa pequeña gota” (Teresa de Calcuta). Y nunca mejor dicho… Cualquier acción, por pequeña que sea, puede impactar para paliar la crisis del agua.
Cambios individuales que sí importan
Existen multitud de acciones que puedes hacer para mejorar el acceso a agua en el mundo. Desde cerrar el grifo cuando no sea necesario que el agua esté corriendo, hasta poner una lavadora o un lavavajillas solo cuando esté lleno. En el medio, hay muchas otras opciones (y te damos algunas en este post sobre cómo ahorrar agua).
Pero no lo olvides: el primer paso es ser consciente del problema.
Apoyar proyectos que garantizan el acceso al agua potable
Puede que estas pequeñas opciones se te queden cortas para tus aspiraciones. Por eso, hay formas de ayudar que sí que generan un cambio real. Apoyar a una organización como en este caso Ayuda en Acción beneficia a personas de carne y hueso, a las que pondrás nombre y cara.
Miles de personas no tienen acceso a agua potable. Hazte socio y cambia vidas.