Según el informe The state of food security and nutrition in the world (SOFI) de 2025, 673 millones de personas sufren el hambre en el mundo. De ellas, casi 300 millones podrían ser menores de edad.
El hambre es una preocupación mundial: no solo para los gobiernos y las instituciones, sino para cualquier persona. Es increíble que con la cantidad de avances que tenemos en el siglo XXI, aún siga habiendo gente que muere de hambre. Entonces, ¿por qué sigue existiendo? Te damos algunas pistas en este post.
El hambre en el mundo hoy: una realidad que podemos cambiar
Hoy en día sabemos a ciencia cierta que se puede erradicar el hambre en el mundo. No es una suposición, ni un deseo, sino una realidad. De hecho, existen medios y materias primas capaces de alimentar a la población mundial. Sin embargo, todavía estamos lejos de cumplir este reto planetario, agrupado en el ODS 2. Falta justicia y sistemas equitativos para hacerlo realidad.
Según nuestro informe GHI 2025, si no se ponen en marcha los mecanismos adecuados, tardaremos más de 130 años en dar carpetazo al asunto del hambre en el mundo. Es una cuestión de decisión y voluntad política, que implica también a otros actores: las empresas y los consumidores, entre ellos (y ahí, por supuesto estás tú).
Causas del hambre en el mundo
Las causas del hambre en el mundo son múltiples. Además, entre ellas están conectadas y, es más, se retroalimentan. Algunas te las contamos a continuación.
La pobreza y la exclusión
Para más de 800 millones de personas que viven con menos de tres dólares al día, no sufrir hambre es casi imposible. No tienen acceso a alimentos porque no pueden adquirirlos en unos mercados agrícolas cada vez más orientados hacia la exportación y a la especulación que al consumo local. Los precios están fuera de su alcance y la alimentación se convierte en una carga que les impide acceder a otros derechos.
Con una mala alimentación, la salud se deteriora: se rinde menos en la escuela, se trabaja menos y las mujeres embarazadas y en periodo de lactancia enfrentan mayores riesgos (para ellas y para sus bebés). La infancia y las personas mayores son quienes sufren las peores consecuencias del hambre en el mundo.
El cambio climático
Millones de personas en el mundo son cada día desplazadas de sus hogares como consecuencia del cambio climático. Las tierras se vuelven estériles, falta el agua y la desertificación no hace más que avanzar.
Las tierras que continúan siendo fértiles están siendo acaparadas por grandes gigantes alimentarios para producir alimentos destinados a los mercados internacionales, haciéndolos inaccesibles para los mercados locales y frágiles.
Por si todo esto fuera poco, grandes cantidades de tierra se destinan a monocultivos de biocombustibles o madera.
El uso inadecuado de la tierra, la sobreexplotación, la deforestación, el pastoreo intensivo y el desperdicio del agua son prácticas muy perjudiciales que afectan directamente al clima y agravan el problema del hambre en el mundo.
Los conflictos y los desplazamientos
Lo confirma el GHI 2025: los conflictos armados no hacen más que incrementar el hambre. Además, producen enormes desplazamientos de población. A diario vemos y oímos en las noticias cómo miles de personas huyen de estas situaciones. Las ONG y las agencias internacionales de desarrollo trabajamos para luchar contra el hambre en el mundo. En las guerras se produce el abandono de la producción agrícola, la confiscación de tierras, la destrucción de los almacenes, la contaminación de los pozos, se bloquean las redes de comunicación y se utiliza el hambre como arma de guerra.
Ocho soluciones para acabar con el hambre en el mundo
La ciencia, la tecnología y los avances sociales de muchas de nuestras sociedades en las últimas décadas nos han permitido empezar a mirar hacia un mundo mejor. En lo que se refiere al hambre, hoy, contamos con conocimientos y estrategias que no hubiésemos imaginado hace unos pocos años. Algunas de ellas son:
Superalimentos para cambiar el mundo
Es necesario aprovechar el potencial nutritivo y económico de las legumbres (que incluyen micronutrientes, vitamina A, yodo, hierro), pero también fomentar el cultivo local y el consumo de alimentos tradicionales entre los consumidores. Todo ello hasta sacar partido al consumo de bayas, semillas, algas y superalimentos como el jengibre, la granada, la moringa, el aguaymanto o la acerola. Parte del trabajo de salud alimentaria de las ONG y las instituciones es integrar aquellos productos que mejor crecen y más aceptación tienen en las poblaciones, así como priorizar su consumo para algunos segmentos de esta: embarazadas, mujeres que amamantan, niños hasta los tres años…
Enseñar el camino hacia el éxito
A menudo, la tecnología no tiene sentido si no se da una necesaria curva de aprendizaje. Para erradicar el hambre en el mundo hay que crear una cultura de autoabastecimiento y mejorar la eficiencia del sector primario en los países en vías de desarrollo.
Reducir los residuos alimentarios
Más allá de una buena cosecha, las técnicas de almacenamiento y conserva son prioritarias en zonas como el sur de África. La implantación de fruta deshidratada en estos países mediante secadores puede ser la diferencia entre comida para varios años o comida para un mes.
Mejorar la fertilidad del suelo agrícola
Incluso en espacios tan fértiles como en buena parte de África es necesario generalizar el uso de abonos y cultivos de cobertura para poder seguir produciendo alimentos. En la actualidad, se empieza a temer por un descenso notable en la producción.
Empoderamiento de la mujer
Feminismo y lucha contra el hambre van de la mano cuando el problema sucede en sociedades patriarcales. Nuestro apoyo por empoderar a las mujeres en sus comunidades permite que haya más manos para trabajar en agricultura o aumentar la capacidad productiva del país. Un mundo que, en estas comunidades, ha sido vetado tradicionalmente para todas ellas.
Comprar productos de comercio justo
Aportar a estas comunidades es tan sencillo, a veces, como cambiar de marca de café o comprar textiles en espacios que no contribuyen a la explotación laboral. Luchar contra la erradicación de medidas arancelarias para productos de países en desarrollo también es una vía para la solidaridad mientras la pobreza no permita la igualdad de oportunidades entre los distintos países.
Donar a una ONG o hacer un voluntariado
La posibilidad de unir el trabajo propio al de miles de manos para combatir un problema global es, probablemente, una de las mejores formas de invertir nuestro tiempo o la contribución económica que deseemos hacer. En este caso, desde Ayuda en Acción te recomendamos siempre que analices en qué proyecto y cómo se destina tu aportación.
Concentrar nuestros mayores esfuerzos en zonas rurales
Aunque las ciudades son una vía de entrada de ayudas, la realidad es que las personas pobres y en riesgo de hambre viven, en un 80 % de los casos, en entornos rurales. Por eso es tan importante que seguir luchando por los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados por la comunidad internacional para impulsar el desarrollo rural, mitigar la migración y reforzar las inversiones en seguridad alimentaria.
El papel de Ayuda en Acción en la lucha contra el hambre
El hambre no es cuestión de casualidades, sino que viene provocada por la desigualdad. Por eso, en Ayuda en Acción trabajamos desde hace más de 40 años para acabar con el origen del problema, dando oportunidades desde la infancia hasta la edad adulta.
En Mali existe un gran problema de seguridad alimentaria derivado de múltiples factores. Allí acompañamos a comunidades rurales y a personas desplazadas en el fortalecimiento de sus capacidades. Con este proyecto aseguramos con harinas fortificadas la alimentación de niños, niñas y mujeres embarazadas.
También en el Sahel, en Níger, combatimos la malnutrición aguda mejorando, además, el acceso a alimentos así como a la producción sostenibles, dando oportunidades especialmente a mujeres.
En Latinoamérica, concretamente en Honduras, hacemos frente al desafío del hambre apostando por la autonomía y la sostenibilidad de las mujeres campesinas, que recuperan parcelas abandonadas cultivando vegetales nutritivos y aprendiendo técnicas agroecológicas.
Hemos empezado hablando de grandes cifras, pero realmente en lo que nos centramos, desde Ayuda en Acción, es en las personas. Sabemos que la lucha contra el hambre es exitosa si se ponen los medios y herramientas necesarios para ganarle el pulso.
Qué puedes hacer tú para contribuir en la lucha contra el hambre
Todas estas cifras pueden parecer desorbitadas y nos puede dar la sensación de que poco podemos hacer para combatirlas. En efecto, si lo hacemos solos, nada podremos hacer para frenar el hambre en el mundo. Sin embargo, si cada vez más personas cambiamos algunas de nuestras prácticas podremos caminar hacia un futuro en el que nadie pase hambre en el mundo. ¿Conocemos algunas medidas?
Frente a la pobreza y la exclusión, podemos informarnos y adquirir conciencia. ¿Cómo? Difundiendo en nuestras redes sociales las campañas de las muchas ONG que trabajamos contra la pobreza y la exclusión. Podemos colaborar con ellas y, además, exigir a nuestros representantes políticos que aporten el 0,7% de nuestro PIB a la lucha contra la pobreza en el mundo.
Frente al olvido de la agricultura local y la especulación de los alimentos, podemos actuar como consumidores responsables. ¡Te damos ideas! Puedes apoyar a los productores locales o el comercio justo que beneficia a los agricultores locales que producen con unos estándares de justicia en toda la cadena alimenticia.
Frente a los conflictos y los desplazamientos, podemos exigir que nuestros gobiernos acojan y regulen el flujo de personas desplazadas. Europa acoge a una pequeña parte de las personas refugiadas y desplazas del mundo y las personas migrantes no hacen más que trabajar y contribuir al crecimiento de nuestras sociedades.
A través del apadrinamiento, haciéndote socio/a de Ayuda en Acción o simplemente haciendo una donación puntual, tu ayuda puede transformarse en huertos comunitarios y asegurar la alimentación de miles de familias. También puede transformarse en una mejor distribución de alimentos, en apoyo a mujeres productoras o mejorando las cadenas de valor de los productos cultivados.
Intentar hacer cosas pequeñas ante problemas enormes es la única forma de cambiar las cosas y caminar hacia un futuro sostenible y lleno de oportunidades para todas las personas.
