Entre enero y abril del año 2000 tuvo lugar en Bolivia la conocida como guerra del agua. Aquel conflicto marcó un antes y un después en la forma de entender el acceso al agua como un recurso estratégico. Desde entonces, la escasez de agua ha ganado peso en distintas regiones del mundo, provocando conflictos, tensiones sociales y desplazamientos forzados.


Ya no se trata de una amenaza futura, sino de un problema del presente. De hecho, la ONU ha advertido en un informe publicado en 2026 de que nos encontramos ante una situación de “bancarrota hídrica global”. Esto sin duda agrava los conflictos y pone en riesgo derechos humanos básicos.



¿Qué es una guerra del agua y por qué ocurre?


Cuando nos referimos a una guerra del agua no necesariamente hablamos de un conflicto armado. Pero no por ello deja de ser conflicto. Ocurre cuando el acceso, la gestión o el control del agua se convierte en un factor desencadenante de tensión. Y el malestar puede devenir en una guerra "tradicional" pero también en protestas, enfrentamientos, desplazamientos forzados y disputas territoriales y políticas.

El hecho de que el agua sea un recurso esencial para la vida (y un derecho humano), hace que en el momento que hay un problema con este, los conflictos surjan.

En el mundo hay numerosos conflictos declarados debido a la falta de acceso, control o gestión del agua. Pero, ¿cuáles son los factores que desencadenan lo que llamamos una guerra del agua?

  • ✅Escasez hídrica: en gran parte viene dada por las consecuencias del cambio climático, las sequías prolongadas o la degradación de los ecosistemas debido en gran parte a la deforestación.

  • ✅Aumento de la demanda: la población es cada vez mayor, y tiene más necesidad de agua. A ello se suma la cada vez más demandante agricultura extensiva y una industria que no deja de consumir agua para crear sus productos.

  • ✅Privatizaciones, que limitan el acceso a un bien que debería ser público. Afecta sobre todo a aquellos grupos de población más vulnerables.

  • ✅Debilidad institucional: en aquellos contextos donde hay otros conflictos, el acceso a agua (sobre todo cuando este es deficiente) se convierte en otro problema más.

  • ✅Falta de cooperación: cuando existen diferentes territorios que comparten las mismas fuentes de agua, una mala relación puede provocar tensiones que deriven en lo que se llaman guerras del agua.


Diferentes estudios hablan de que en el próximo siglo los conflictos por el agua aumentarán entre un 75 y un 95%. Por tanto, es urgente poner soluciones a ello, algo que intentan los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a través de su objetivo número 6.

Países con mayor riesgo de conflictos por el agua


Según el World Resources Institute (WRI), Oriente Medio y el Norte de África son las zonas más afectadas del mundo por la escasez de agua. Pero no son las únicas. El riesgo de conflictos que tienen como base el agua se multiplica, sobre todo en lugares donde la falta de acceso, control o gestión se combina con aumento demográfico, desigualdad y los peores efectos del cambio climático.

Asía y Pacífico, una región azotada por el cambio climático


Más de la mitad de los países de esta región son inseguros desde el punto de vista de la escasez de agua, situación que se agrava, también, con los efectos del cambio climático. Los desastres naturales son cada vez más frecuentes en esta zona del planeta. Este hecho genera mayor inseguridad para la población, sin tiempo apenas para recuperarse entre una y otra catástrofe.

A ello se suma una alta contaminación de las fuentes de agua en este lado del mundo. Esto repercute en

la salud de las personas y el empobrecimiento de las tierras, con las consecuencias que esto tiene para el ganado.

En este contexto, la resiliencia de las comunidades se convierte en un elemento clave, y explica por qué la gestión del agua es una prioridad en muchos proyectos de cooperación que se desarrollan en esta zona del mundo.

Oriente Medio y Norte de África, el epicentro del estrés hídrico mundial


De los 33 países con más probabilidad de enfrentarse a los problemas derivados de la escasez de agua, 14 de ellos se encuentran en esta región del mundo. Mientras que en el mundo el promedio de recursos hídricos renovables asciende a 7453 metros cúbicos por persona y año, a esta región del mundo le corresponden 736. Un total de 51 millones de personas no tenían servicio básico de agua potable, la mayoría en zonas rurales.

¿Significa esto que pueda darse una guerra del agua? No necesariamente, pero tengamos en cuenta otros factores. A la escasez de agua se le une el aumento poblacional esperado en los próximos años. Y las consecuencias del cambio climático no juegan a favor de la situación. La existencia de conflictos en la zona desde hace décadas ha generado una fuerte presencia de asentamientos humanitarios que pueden derivar también en conflictos añadidos sobre la gestión de las fuentes hídricas. Por estas razones, la atención a personas refugiadas y desplazadas es crucial para asegurar la asistencia humanitaria, pero también la paz.

África Subsahariana, un obstáculo estructural para el desarrollo


Dentro del grupo de palabras que nos salen cuando hablamos de África, seguro que entre ellas está la sequía. La escasez de agua es un continuum en la historia del África Subsahariana, donde los niveles de pobreza extrema son alarmantes y donde, a pesar de todo, la población sigue aumentando.

Sin embargo, el problema no es solo la falta de agua, sino también la ausencia de infraestructuras y sistemas de control adecuados.

En una región en la que agricultura y ganadería de subsistencia son esenciales para la supervivencia, la escasez de agua se presenta como un verdadero drama. El encarecimiento de los alimentos, la pérdida de medios de vida y el aumento del hambre están provocando ya importantes desplazamientos de población, alimentando nuevas tensiones sociales y territoriales.

América Latina y Caribe, del ámbito rural al urbano


Ni fuentes de agua potable ni saneamiento básico y seguro. El crecimiento de suburbios alrededor las grandes urbes latinoamericanas, donde la pobreza es protagonista, ha impedido hasta ahora dar una respuesta a los problemas derivados del agua para millones de personas.

En zonas rurales la falta de infraestructuras sigue siendo un obstáculo clave. y la desigualdad social y territorial acaba determinando quién puede acceder al agua y quién queda excluido.

Como ocurrió en Bolivia con la guerra del agua, los procesos de privatización y descentralización de sectores que hasta entonces habían sido públicos (como el caso del agua), no han hecho más que empeorar la situación. El aumento del coste del agua hace que este bien sea inaccesible para gran parte de la población, lo que constituye una vulneración de los derechos humanos.

Europa y América del Norte, donde crece la desigualdad


Aunque son dos de las regiones más ricas del planeta, no están exentas de riesgos relacionados con el agua. La escasez afecta especialmente a los territorios con mayores niveles de desigualdad social y a las zonas rurales, donde el acceso a infraestructuras básicas es más limitado.

En particular, el sur de Europa y la cuenca mediterránea se encuentran entre las regiones más afectadas por la falta de agua debido a sequías recurrentes, aumento de la demanda urbana y agrícola, y el estrés hídrico derivado del cambio climático.

Aunque te cueste creerlo, en estas regiones hay 57 millones de personas sin acceso canalizado al agua en sus hogares. 21 millones ni siquiera tienen acceso a servicios básicos de agua potable.

¿Qué relación hay entre la escasez de agua y los derechos humanos?


La falta de agua no es solo un problema que afecte al medio ambiente o a la economía. Tiene también una profunda dimensión de derechos humanos, tal como reconoce Naciones Unidas desde 2010, cuando dice que el agua es un derecho humano fundamental y necesario para una vida digna, saludable y libre de toda discriminación.

Pero la escasez hídrica pone de manifiesto que este derecho básico no se está cumpliendo. Y cuando un derecho se vulnera, afecta a otros. En el caso del agua, cuando esta falta, se vulnera el derecho a la salud, a la alimentación, a la educación o a la propia dignidad.

Cuando se da lo que llamamos una "guerra del agua", se exacerban tensiones y enfrentamientos que generan procesos de movilidad humana forzada, lo que supone igualmente una vulneración de derechos.

Escasez de agua y derechos humanos: cifras clave




  • 🚱2200 millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable gestionada de forma segura.




  • 🚾3400 millones no tienen servicios de saneamiento seguros, según UNICEF.




  • 💧Más de 700 millones de personas podrían verse desplazadas por la falta de agua para 2030 si no se toman medidas urgentes.




  • 👩‍👧‍👧En zonas rurales y periurbanas de África, Asia y América Latina, mujeres y niñas son responsables del 80% de la recolección de agua. Este hecho limita su acceso a educación y a oportunidades económicas en el presente y en el futuro.




¿Habrá más guerras por el agua en el futuro?


Todos los expertos coinciden: entre 2030 y 2050 el agua será uno de los desafíos globales más críticos. Durante estos años, el estrés hídrico aumentará de forma exponencial, lo que vendrá agravado por más sequías, mayor población y urbanización acelerada. Todo ello potenciará los conflictos por el acceso al agua.

Las migraciones forzadas, tanto a nivel interno como internacional, serán un factor crítico en cuanto a tensión social y política se refiere. Y mientras tanto, el cambio climático multiplicará los riesgos que genera la escasez de agua (sequías más prolongadas, inundaciones o desertificación, entre otras).

Todos estos desafíos abren la puerta a soluciones innovadoras que, por supuesto, vendrán en gran parte de la mano de la cooperación internacional. Planificación, justicia e inversión en infraestructuras resilientes decidirán si la escasez del agua se transforma (o no) en conflictos. Debemos pensar, como sociedad, sobre la conveniencia de convertir la escasez del agua en una oportunidad para la cooperación o si, por el contrario, queremos seguir generando tensiones y desigualdad. En Ayuda en Acción lo tenemos claro.

Ayuda en Acción y el agua


Desde Ayuda en Acción trabajamos el tema de la gestión del agua a través de la creación y gestión de pozos comunitarios en las zonas del mundo más vulnerables y donde el agua es más escasa.

En Etiopía, donde la falta de agua amenaza la vida de más de 10 millones de personas, trabajamos con familias dedicadas al pastoreo para asegurar su alimentación y su acceso a agua potable. El Corredor Seco Centroamericano es otra de las regiones más vulnerables al cambio climático y allí trabajamos en Guatemala con asociaciones campesinas para asegurar el acceso a agua segura; por su parte, en Ecuador una de nuestras líneas principales de trabajo es el agua.

Allá donde trabajamos, somos ayuda dando herramientas para hacer un mejor uso de la tierra y del agua, lo que sin duda asegurará la alimentación y el futuro de las comunidades en las que desarrollamos nuestros proyectos.

Qué puede hacer la ciudadanía para prevenir conflictos por el agua


Aunque hay grandes riesgos y desafíos en cuanto al acceso y la gestión del agua, aún estamos a tiempo de marcar la diferencia para prevenir conflictos y garantizar este derecho humano tan básico.

Pero puede que te preguntes cómo tú, desde tu pequeña parcela, puedes contribuir a prevenir las guerras del agua. Créeme si te digo que mucho más de lo que imaginas: y es que las pequeñas acciones colectivas y el cambio de hábitos en la ciudadanía pueden hacer cambiar las cosas. Toma nota de estas sugerencias y ponlas en práctica desde ya:

  • 1. Ahorra y usa agua de manera eficiente: reduce tu consumo y repara fugas, priorizando siempre un uso responsable.

  • 2. Sé parte de proyectos comunitarios: colabora con asociaciones locales u ONG que trabajen en la gestión sostenible del agua y el saneamiento.

  • 3. Difunde información y sensibiliza: habla con tu entorno más cercano sobre este problema y sobre qué podemos hacer cada uno de nosotros y nosotras para intentar que las cosas cambien.


Recuerda: ¡cada gesto cuenta!