Mujeres sanitarias en América Latina: convivir con el miedo

Mujeres sanitarias en América Latina
12-2-2021

Autor : Noemí García Cabezas

Las mujeres sanitarias en América Latina son la mayoría de la profesión. Las cifras son similares a las globales: mayoría de mujeres sanitaria pero minoría en puestos de dirección; y por supuesto, menor salario. Las sanitarias (médicas, enfermeras, auxiliares…) están en primera línea durante esta pandemia que las sitúa también en un espacio de doble riesgo. Analizamos cómo viven las sanitarias a través del testimonio de mujeres que trabajan en los proyectos de Ayuda en Acción desde que comenzó la COVID-19 (y en muchos casos, desde antes).

Contexto que viven las mujeres sanitarias en América Latina

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos da las cifras: el 70% de quienes trabajan en profesiones sanitarias en América Latina son mujeres (80% en el caso de la enfermería, la cifra más alta del mundo). Aunque en las últimas décadas la representación femenina en las ramas mejor pagadas de la sanidad van aumentando, la brecha salarial sigue existiendo: un 28%. La representación en puestos de liderazgo (decisión y representación) de mujeres sanitarias en América Latina también está por debajo: solo uno de cada cuatro de estos puestos está ocupado por mujeres.

La pandemia y todo lo que ello implica está afectando doblemente a las mujeres, sobre todo en países donde las mujeres aún siguen quedando en un segundo plano en la mayoría de los escenarios.

Las mujeres sanitarias en América Latina, como en el resto del mundo, están expuestas a un doble riesgo:

La mayoría de las mujeres sanitarias en América Latina conviven con el miedo a contagiarse pero también a contagiar a las personas con quienes conviven (y de quienes cuidan).

El 70% de quienes trabajan en profesiones sanitarias en América Latina son mujeres. Ellas sufren la pandemia con más miedo y más obstáculos. Clic para tuitear

Katherine Zapata: “sentimos el dolor ajeno”

La doctora Zapata es médica de familia. Fue contratada en Honduras en el marco del Proyecto PIAH financiado por la Unión Europea. Dicho proyecto, aunque tenía como base principal dinamizar las economías locales, se adaptó a la situación actual cuando la pandemia fue haciendo acto de presencia en La Muskitia hondureña. Esta región del país, bastante aislada, tiene que lidiar la falta de confianza en la medicina tradicional y el miedo a lo desconocido: “al principio, las enfermeras auxiliares, la mayoría sin titulación oficial, tenían miedo incluso de tocar a los pacientes que llegaban con síntomas”.Doctora Katherine Zapata

Las mujeres sanitarias en esta región del país centroamericano llegan al mismo número que sus compañeros hombres. Sin embargo, no ocurre lo mismo con las enfermeras: la inmensa mayoría son mujeres.

Los hombres tradicionalmente se han dedicado a la agricultura, pesca, servicios militares… pero no a ser enfermeros.

Otra característica que radiografía bien el perfil de las mujeres sanitarias de más alto nivel en Honduras es el hecho de que la mayoría vienen de la capital. Es difícil encontrar doctoras indígenas, aunque poco a poco van encontrándose cada vez más. “Hay ginecólogas y dermatólgas miskitas, algo que en el pasado ni se hubiera imaginado aquí», cuenta la doctora. Pide apoyo, además, para que las jóvenes indígenas tengan la posibilidad de salir a otras ciudades “para estudiar y perseguir sus sueños”.

La pobreza no deja de estar presente en toda esta situación. La doctora Zapata cuenta cómo a veces llegan personas a los centros de triaje sin zapatos: “el hecho de tener mascarilla ya es todo un lujo”. Estas carencias también se manifiestan en los centros sanitarios: el material para tratar los casos de coronavirus son del todo insuficientes, pese a los esfuerzos. “Todo esto me supone bastante estrés emocional, siento un dolor ajeno y no tener los insumos necesarios es frustrante”, algo que reconoce no ver exclusivamente en las mujeres sanitarias, sino también en sus compañeros hombres.

Enfermera Felicia: «tenía miedo a contagiarme y que mis hijos no me tuvieran cerca»

Felicia Moreno tiene 36 años y es una de las mujeres que se encuentra al frente de la atención sanitaria de los habitantes de la comunidad de San Antonio, en Villamontes (Tarija, Bolivia). En uno de los países de América Latina que más fuertemente está sufriendo esta pandemia, los recursos para protegerse no llegan: «las donaciones más valiosas han venido por parte de organizaciones. No hemos recibido la ayuda que esperábamos del municipio».Felicia, enfermera en Bolivia

Esta enfermera boliviana combina su vida como mujer sanitaria con la de madre. Reconoce que no ha sido fácil puesto que debía pasar muchas más horas fuera de casa. Pero lo que más le marca en su discurso es el miedo:

Tenía miedo a contagiar a mi familia pero también a contagiarme yo misma. Al principio pensaba: ¿qué será de mis hijos si a mí me pasa algo? Finalmente hemos sabido sobrellevar la situación y salir adelante.

Cuando le preguntamos por qué sería necesario para mejorar su trabajo lo tiene claro: «podríamos mejorar nuestra profesión siempre que las instituciones valoren nuestro trabajo». Es uno de los factores clave en las demandas del colectivo.

Andrea Erroa: «ha aumentado la violencia familiar»

Andrea Erroa trabaja como doctora en la unidad de salud La Palma, en Chalatenango (El Salvador). Cuando le preguntamos sobre cómo han vivido las mujeres el confinamiento lo tiene claro: «con mucha incertidumbre», dice. La doctora Erroa, que trabaja en un entorno donde el 70% de las sanitarias son mujeres, cree cuando se han ido produciendo situaciones estresantes y desconocidas en los entornos familiares, han podido ir surgiendo problemas de violencia que muchas mujeres no han sabido o podido resolver.

Las escuelas eran un respiro para las familias donde había problemas. Con el confinamiento en muchas casas la convivencia ha llegado a su límite.

Mujeres sanitarias en América Latina: recomendaciones

Muchos de los problemas que están ocurriendo y que afectan especialmente a las mujeres sanitarias derivan de una falta de perspectiva de género en las agendas de salud pública. Pero desde instituciones internacionales se hacen también otra serie de recomendaciones a los países de Latinoamérica para que las mujeres sanitarias tengan igualdad de acceso, oportunidades y participación:

  • Priorización de protección social de población dedicada a roles de cuidado remunerados.

  • Necesidad de garantizar el empleo decente (salarios dignos, conciliación laboral, etc.).

  • Posibilidad de acceso a servicios de salud mental y apoyo psicológico derivado de los trabajos de cuidados.

  • Impulso hacia la corresponsabilidad familiar.

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